Carlos Ominami

Carlos Ominami

Economista

Opinión

La fuerza de las mujeres

10.04.2018 TOMA FEMINISTA DE LA UTEM SEDE MACUL. SECCION NACIONAL. FOTO: RICHARD ULLOA / LA TERCERA

Este año 2018 se anunciaba tranquilo y conservador. La puesta en práctica de la gratuidad en materia de educación superior y la redefinición del CAE habían apagado el principal foco de conflictividad social. Por su parte, el triunfo holgado de Sebastián Piñera, los mejores vientos de la economía internacional y la fragmentación de la oposición aseguraban un amplio predominio de las fuerzas de derecha. El gobierno tenía así el espacio libre para desplegar su agenda. Sus prioridades fueron: infancia, seguridad ciudadana, salud, La Araucanía y crecimiento económico. Los temas de género, los abusos contra las mujeres y su tratamiento igualitario no figuraban en ninguna parte.
Pero la realidad es más porfiada y la sociedad más imaginativa. Vino primero la atribución del Oscar a “Una mujer fantástica”. Su intérprete, Daniela Vega, adquirió una visibilidad impresionante. La problemática de las personas “trans” salió de la marginalidad, se rompió el tabú y se puso en el centro de la agenda obligando a priorizar la legislación sobre identidad de género.
Contrariamente a lo que se pensaba, la visita del Papa Francisco no aquietó las aguas al interior de la Iglesia. Su paso en falso en la defensa del obispo Barros generó, por el contrario, una crisis que ha terminado por alcanzar ribetes mundiales. La citación al Vaticano y la obligada renuncia de todo el Episcopado chileno ha estado en las primeras planas de todos los grandes periódicos del mundo.
Las consecuencias en Chile están en pleno desarrollo. La confianza en la jerarquía católica está por los suelos. Ha caído el tupido manto que escondía una larga historia de abusos. Se rompieron las compuertas, las víctimas de abusos están saliendo de su silencio y comenzando a hablar.
En fin, denuncias de abusos en contra de estudiantes al interior de la Universidad de Chile han generado una movilización completamente imprevista. En prácticamente todas las principales universidades del país se han generado diversos tipos de manifestaciones. Muchas facultades permanecen todavía tomadas. Miles de mujeres que no se habían manifestado nunca hoy día lo hacen, algunas incluso a torso desnudo.
Una vez más la movilización social ha logrado irrumpir y modificar la agenda. Aceleradamente el gobierno debió elaborar una propuesta que busca responder a algunas de las demandas planteadas. La respuesta no es perfecta pero tiene el mérito de reconocer el problema.
Cuestiones tan importantes como el respeto a la identidad de género, una relación sana entre la Iglesia Católica y su pueblo o la igualdad entre hombres y mujeres han conocido en estos meses avances insospechados. En todos estos ámbitos habrá un antes y un después. Ninguno de estos cambios corresponde a lo que tradicionalmente conocemos como reformas estructurales. Se trata en realidad de transformaciones más profundas que superan prácticas culturales fuertemente arraigadas. Y no fueron obra de un partido político sino que del despertar de una conciencia que permite alentar esperanzas de cambio provenientes de la propia sociedad. Le corresponde ahora a la política recuperar su enorme atraso transformando rápidamente esas demandas en normas e instituciones que las sustenten.

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