Carlos Correa

Carlos Correa

Consultor en opinión pública. Ex Secom (s)

Opinión

La oposición irrelevante

Presidentes de los partidos de la ex Nueva Mayoría . Foto: Richard Ulloa

En algunos pasillos de la política circula un chiste respecto del estado en que está la oposición. Dicen que el gobierno de Piñera decidió hacerse autogoles como las declaraciones de los ministros Valente y Hernán Larraín para que la cancha esté más pareja, pues la oposición simplemente no hace nada. Más en serio, el estado de la ex Nueva Mayoría no guarda relación alguna con su condición numérica. Tiene mayoría en el Senado y representa la segunda fuerza en la Cámara de Diputados. Su falta de relato y la poca energía ante los actos del gobierno es lo que la ha marcado en estos días. El deseo de muchos de establecer una oposición unida con el Frente Amplio quedó en nada, porque a estos últimos no les interesa. Varios diputados que fervorosamente filtraron sus cercanías coyunturales con el FA y que, pese a acercarse a la media década, han llegado hasta a vestirse como los ex dirigentes universitarios, han quedado en el ridículo.

Otro ejemplo de la irrelevancia de la oposición es el paquete de medidas migratorias de Piñera. Probablemente en la respuesta poco fundamentada influyó mucho la inacción del gobierno anterior que llevó a la salida de uno de los pocos expertos en temas migratorios de la centroizquierda. Nadie quiere dañar el llamado legado de la expresidenta. Pero ello no puede ser pretexto para aceptar la señal de que una política con efectos en la economía y las relaciones internacionales sea dictada por decreto al estilo Trump o Maduro.

Una buena parte de los problemas es que los propios partidos de la Nueva Mayoría no han logrado tener un relato efectivo. El PS, que decidió no cobrar las cuentas a la directiva por la votación secreta que sacó de la carrera presidencial a tres socialistas, está cayendo en la irrelevancia. No tiene propuesta alguna, mientras La Moneda logra con éxito fotos de opositores con el Presidente. Sus reclamos se reducen al argumento insostenible de que la discusión sobre políticas públicas debiera radicar exclusivamente en el Parlamento. Algo difícil de tragar, pues ha habido con anterioridad comisiones para los temas más disímiles y muchas de ellas de gran valía por el nivel de sus convocados y los aportes hechos, como la Comisión Bravo.

Otro hecho que muestra la debilidad de la oposición es que las únicas dos comisiones investigadoras que se han constituidos son para juzgar actos de gobiernos socialistas. Ahí están la comisión Huracán, cuyo primer acto fue citar a la expresidenta y, sin duda, la comisión CAE, para destrozar al expresidente Lagos y el exministro Bitar, ambos referentes en el PPD. Ante el acto de restringir los derechos ganados por la ley de aborto no hubo comisión y solo una interpelación, que se convertirá en una oportunidad para el ministro Santelices y no un reproche a sus actos.

Tampoco la oposición ha investigado los nombramientos en los gobiernos regionales. Si se escarba un poco encontrará que los parlamentarios oficialistas designaron a dedo a sus operadores o a familiares de sus amigos sin revisar siquiera sus antecedentes académicos. Si el gobierno hubiese sido de centroizquierda, los parlamentarios UDI o RN no habrían dejado pasar esa oportunidad.

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