José Miguel Serrano

José Miguel Serrano

Opinión

Libertad


Los humanos fuimos empoderándonos a través de los siglos, hasta llegar al estado actual donde somos individuos creadores de realidad, capaces de oponernos y modificar aquello que no parezca legítimo, a través de los medios políticos que se han establecido para resolver estas situaciones. Es en este punto donde la noción de la libertad moderna se muestra claramente. La idea de individuos independientes hizo que la libertad migrara desde el espacio público – la antigua polis griega y su institucionalidad basada en una democracia directa, la cual sería actualmente incapaz de satisfacer la libertad -, hacia el espacio privado; ofreciendo hoy una noción vinculada con la autodeterminación de los intereses y acciones individuales, dentro de un marco colectivo constituido por un sistema representativo, democrático.

Ahora bien, el concepto de libertad individual no siempre fue así. En la Grecia clásica,  una persona era libre sólo en tanto era capaz de influir en los temas públicos. Esto como consecuencia de la concepción antropológica que se tenía. En aquella época, el individuo era habitualmente soberano en los asuntos públicos, pero muy poco libre en todas sus relaciones privadas, ya que no había nada de los aspectos personales que no estuviera sujeto a la regulación de la comunidad. Los antiguos griegos pensaban que eran libres, pero concebían la libertad sólo a través del espacio público controlado por el Estado. Llegar a una libertad tan amplia como la que tenemos hoy en día, supuso grandes sacrificios a través de los siglos y milenios.

No fue hasta la Reforma encabezada por Martín Lutero que la concepción autónoma del individuo empieza a tomar fuerza, a partir de 1517. En una de sus 95 tesis argumenta que “el cristiano que tiene auténtico arrepentimiento ya ha recibió perdón de Dios, sin ninguna intervención de indulgencias”. Si bien esto no tenía otra intención que reformar los métodos de su iglesia, llevaba consigo la semilla de la libertad moderna en la idea de que hay aspectos del individuo, en este caso la relación entre él y Dios, que son independientes de cualquier autoridad exterior.

Así, tanto la difusión de las tesis luteranas como su adecuación al contexto social, dieron a la población de la época las herramientas para efectivamente acceder a la posibilidad de construir una forma de vida no susceptible a la regulación externa. Es decir, se construyó por primera vez una moral, un fundamento para el actuar, basado en las convicciones propias. Dotando de esta manera al hombre de un aspecto esencialmente privado, que se mostraría con el paso del tiempo como el lugar donde se definirían los aspectos más importantes de él mismo.

Pero el advenimiento de las democracias modernas supuso una cierta limitación a la soberanía política de los individuos, pues la representación funcionó más como un mecanismo de regulación sobre los gobiernos y menos como un sistema de transmisión de un mandato directo, a la manera que sucedía en la antigua polis. Por lo que fue necesario apelar al aspecto privado de las personas creado por la Reforma y fortalecido  luego por el Liberalismo para encontrar una nueva forma de ser libres, a través de un Estado más amigable y menos invasivo.

De este modo, la riqueza individual y colectiva se ha ido creando en un entorno donde la persona es libre de elegir un medio propicio y abierto, dentro de un ordenamiento legal republicano, con un Estado que respeta esa libertad y apoya decididamente al individuo cuando las circunstancias sociales lo ameritan. Sin embargo, si se observa lo que acontece en nuestro entorno y más allá de las propias fronteras, es prudente mantener una constante vigilia sobre cómo los gobiernos pueden erosionar los espacios de libertad personal ganados. Se coartan dichos espacios a través de cientos de pequeños cambios, uno a la vez, casi imperceptibles para las grandes mayorías. Una reducción hoy, otra mañana, de manera que la gente no perciba que esos derechos y esa libertad se están perdiendo, hasta que se atraviesa el umbral donde las libertades individuales ya no se pueden recuperar.

 

 

 

 

 

 

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