Andrés Benítez

Andrés Benítez

Ingeniero Comercial

Opinión

¿Quién detiene a Musk?

MCX01. Vandenberg (United States), 13/01/2017.- A handout photo made available on 14 January 2017 by SpaceX showing a Falcon 9 rocket with 10 Iridium NEXT communication satelittes on board sitting on the launch pad at the Space Launch Complex 4E at Vandenberg Air Force Base, California, USA, 13 January 2017. The first launch opporunity will open at shortly before 10 am Pacific Standard Time (5:54 pm UTC) and if successful, the 10 satellites on board will be delivered about an hour after launch. (Estados Unidos) EFE/EPA/SPACEX / HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES USA SPACEX LAUNCH

No fueron los rusos, los americanos, ni los chinos los que acaban de lanzar al espacio el cohete más poderoso de la historia. Fue SpaceX, de propiedad de Elon Musk, un empresario de 46 años, que si ya era una celebridad por ser el fundador de empresas como PayPal y Tesla Motors, ahora ya adquirió el carácter de leyenda por la hazaña que conmovió al mundo esta semana.

Seguida por millones de personas en vivo, tuvo un punto cúlmine cuando el cohete dejó en el espacio un auto Tesla Roadster, tripulado por el muñeco Starman y que comenzó a orbitar al ritmo de la música de David Bowie.
Una puesta en escena impactante, llena de detalles e incluso algo de humor: en el tablero del Tesla se podía leer “Don’t panic”, y en su patente la frase “Made in the Earth by Humans”, un guiño a la posibilidad de que la nave fuera encontrada por extraterrestres. “Para mí el humor es muy importante. Estamos acá para avanzar en la ciencia, pero también para divertirnos”, dijo Musk luego del lanzamiento.

Si bien algunos han calificado todo esto como la campaña de marketing más increíble de toda la historia, los científicos no dudaron en aplaudir la iniciativa que busca finalmente transportar gente a Marte. De esta manera, compañías como SpaceX y Blue Origen -de Jeff Bezos, fundador de Amazon- han retomado el trabajo que históricamente lo hicieron las grandes potencias y lo están haciendo bien y más barato. Es más, la tecnología que usa cohetes reutilizables, puede revolucionar la aviación comercial, ya que permitiría ir a casi cualquier destino en menos de 30 minutos.

Es interesante lo que hacen personas como Musk y Bezzos. No solo son responsables de compañías que están cambiando nuestra forma de vivir, sino que también están asumiendo un rol gravitante en abordar grandes desafíos de la humanidad, como es la conquista del espacio o el desarrollo de la inteligencia artificial. Para ello, no han dudado en usar una parte de su fortuna personal, embarcándose en aventuras de alto riesgo y de retorno muy lejano. Es una suerte de filantropía moderna, toda vez que han llenado un vacío que los gobiernos ya abandonaron, por falta de recursos, visión o talento.

Y la gente los quiere por ello. Porque son tipos jugados, que van más allá de la última línea. Lo suyo es soñar en grande y si ello trae beneficios, mejor aún. Nadie los va a criticar por ello. Se lo merecen.

Las reacciones de alegría, admiración y orgullo que provocó en todo el mundo el lanzamiento del Falcon Heavy, fueron indescriptibles. Tanto que muchos no dudaron en compararla con la llegada del hombre a la Luna en 1969. Bueno, tuvieron que pasar casi 50 años para vivir una emoción igual. Y la gran diferencia es que esta vez no fue gracias a un gobierno poderoso, sino a la osadía de un hombre, que no es el más rico del mundo, pero sí el más osado. Y ahora, el más admirado.

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