Andrés Aylwin, uno de los que firmó la carta de los 13

Andrés-Aylwin
Foto: Archivo | La Tercera

Esta carta tomó importancia al establecer distancia con la postura de los mayores dirigentes de la falange durante esa época, su propio hermano Patricio y con Eduardo Frei Montalva.


"Hoy, 13 de septiembre de 1973, los abajo firmantes, dejando constancia de que esta es la primera ocasión en que podemos reunirnos para concordar nuestros criterios y explicitar nuestra posición política, después de consumado el golpe militar de anteayer, venimos en declarar lo siguiente".

Así empezaba la conocida declaración " de los 13", la carta con la que militantes de la Democracia Cristiana condenaron el golpe militar. Uno de los firmantes fue Andrés Aylwin, quien falleció durante esta jornada.

La misiva sigue así: "1) Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional.

2) Señalamos que nuestra oposición a su gobierno fue siempre planteada para preservar la continuidad del proceso de cambios que tuvo el honor de iniciar en nuestro país el gobierno de la Democracia Cristiana y al mismo tiempo para impedir su desviación antidemocrática. Mantenemos en todas sus partes las críticas que en dicho contexto formulamos al gobierno de la Unidad Popular y al Presidente Allende. Reiteramos, por eso mismo, que, en conformidad a nuestras convicciones personales y a las repetidas determinaciones de la Democracia Cristiana, jamás tuvimos otra actitud parlamentaria o particular que no fuera la oposición dentro del cauce democrático destinada a obtener la rectificación de los errores cometidos por el gobierno del Presidente Allende e impugnados por nosotros.

3) La falta de rectificación, que en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, Gobierno y Oposición, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie. Pero a nuestro juicio hubo quienes tuvieron mayor responsabilidad.

En primer lugar, el dogmatismo sectario de la Unidad Popular, que no fue capaz de construir un camino auténticamente democrático para el socialismo adecuado a nuestra idiosincracia. Especial condenación merece la irresponsabilidad de la ultraizquierda.

En segundo lugar, la derecha económica que, con fría determinación, aprovechó los errores de la UP para crear un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.

4) Estos sectores extremos alienaron psicológicamente a la opinión pública e incluso a numerosos dirigentes políticos y jefes militares, creando la sensación falsa de que no había otra salida para la crisis chilena que el enfrentamiento armado o el golpe militar. Reiteramos hoy, igual que siempre, nuestra convicción profunda de que, dentro de los cauces democráticos, habríamos podido evitar en Chile la implantación de un régimen totalitario, sin necesidad de pagar el costo de vidas y los excesos inevitables en las soluciones de fuerza.

5) La Junta Militar ha manifestado su intención de restituir el poder a la voluntad del pueblo y respetar las libertades públicas. Esa intención la recogemos como positiva para la restauración democrática y la paz social y esperamos que se cumpla sin demora al tenor de las declaraciones formuladas.

6) En cuanto a nosotros, consideramos que nuestra suprema responsabilidad en esta hora, la que asumimos por encima de toda otra consideración, reside en proseguir la lucha por los principios de la Democracia Cristiana y por la restauración de la democracia chilena, fuera de la cual aquellos carecen de vigencia. Los hechos que hoy lamentamos señalan que sólo en libertad, sustentada por la mayoría del pueblo y no por minorías excluyentes, se puede aspirar a la transformación humanista y democrática de Chile que constituye nuestra meta y fortalece nuestra voluntad".

Firman: Bernardo Leighton Guzmán, Diputado, Ex-ministro, Ex-vicepresidente de la República; Ignacio Palma Vicuña, Ex-diputado, ex-ministro, ex-presidente del senado; Renán Fuentealba Moena, Senador, ex-diputado, ex-delegado de Chile a las Naciones Unidas; Radomiro Tomic Romero, profesor universitario, ex-diputado, ex-senador, ex-embajador; Fernando Sanhueza H., Diputado, ex-presidente de la Cámara; Sergio Saavedra, diputado, ex-intendente de Santiago; Claudio Huepe G., diputado, ex-Intendente de Arauco; Andrés Aylwin Azócar, diputado; Mariano Ruiz-Esquide, diputado; Jorge Cash M., profesor, periodista; Jorge Donoso, abogado, publicista; Belisario Velasco, economista, ex-gerente de la Empresa de Comercio Agrícola; Ignacio Balbontín, sociólogo, profesor universitario; Florencio Ceballos, abogado, asesor sindical; Waldemar Carrasco, diputado; Marino Penna, diputado".

Esta carta tomó importancia al establecer distancia con la postura oficial de los mayores dirigentes de la falange, encabezados por el exPresidente Eduardo Frei Montalva y por Patricio Aylwin, quienes dieron inicialmente su apoyo explícito a la Junta Militar.

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