Chilenas lideran creencia en América de que mayor vivencia de una mujer es ser madre

Una mujer jugando con su hija en un paque en Santiago.

El 71% así lo cree, según un estudio en 11 naciones del continente, superando a naciones como Panamá o Perú.


“Radiografía de la mujer americana” es una encuesta realizada por Worldwide Independent Network of Market Research, junto a Activa Research, en 11 países de América, para crear contenido sobre la maternidad y la compatibilidad entre esta y otras actividades.

Sofía Arbulú, directora de la investigación, cuenta que la principal conclusión a la que llegaron es que la maternidad se vive de forma muy diferente en todos los países, dependiendo si la mujer trabaja o no, de las estructuras familiares y de las leyes asociadas a lo laboral y la maternidad.

Uno de los resultados en los que Chile está en primer lugar es ante la afirmación “ser madre es la mejor vivencia que la mujer puede tener en la vida”. El 71,1% de las encuestadas se mostró totalmente convencida con esta frase. En segundo lugar está Panamá, con un 69,7%, y en tercer lugar, Perú, con un 63,2%.

La historiadora Hillary Hiner, académica de la U. Diego Portales, dice que la cifra no es para nada sorprendente. “Chile es extremadamente maternalista e históricamente ha sido así. Tanto de parte de la derecha como de la izquierda, se ve que el lugar natural de la mujer está en la casa, siendo madre y esposa”.

Herminia Gonzalvez, doctora en Antropología de la U. Central, también cree que este indicador se debe a que la crianza y los cuidados siguen asociados a las mujeres. “Si bien deconstruir estas asignaciones dicotómicas ha sido parte de las reivindicaciones del movimiento feminista, es importante reconocer que existe un conjunto de saberes asociados al cuidado y a la crianza, clave para la subsistencia humana, que ocupa un lugar importante en muchas mujeres que son madres”.

Carolina Franch, antropóloga y máster en estudios de género y cultura de la U. de Chile, dice que aún existe un mandato muy arraigado a ser madre, y que todas las mujeres saben que tienen que llegar a serlo. “Desde el aspecto más negativo, se da porque no se han abierto más opciones para el rol femenino. En la sociedad chilena se sigue pensando que el horizonte de la mujer es la maternidad”, dice. Desde la vereda más positiva, añade, puede ser que “aun cuando hay más perspectivas sobre lo que una mujer quiere ser, quizás la maternidad sea lo favorito”.

Respecto de la afirmación “al ser madre, he tenido que dejar de lado algunos sueños y objetivos”, EE.UU. tiene el mayor porcentaje de total aprobación a la frase, con un 16,9%, mientras Chile está en el sexto lugar, con 10,7%.

Esto tiene que ver, según Hiner, con que en EE.UU. no existe ningún tipo de posnatal, ni acceso a salas cuna o jardines infantiles gratuitos. “Ser madre allá es muy difícil, no tienes protección ni derechos en términos laborales, solo si tienes un muy buen contrato, pero si trabajas en un restaurante, por ejemplo, tienes que volver a trabajar al día siguiente de haber parido”.

Para Franch, el porcentaje que tiene Chile tiene que ver por la baja inserción de trabajo femenino. “En Chile y América Latina las cifras siguen siendo muy bajas respecto del empleo formal de mujeres. La maternidad sigue siendo el lugar ícono donde la mujer se reconoce, nos ha costado identificarnos con el rol de la mujer trabajadora”.

De acuerdo a la frase “hubiera preferido aun no ser madre y alcanzar antes algunos de mis objetivos”, Chile está en el quinto lugar de las que están totalmente de acuerdo con esta afirmación.

“Si bien en Chile sigue siendo muy difícil ser madre y trabajadora, hay mayores accesos, como el posnatal. El problema es que ha habido muchas políticas maternalistas. Hay que tratar de ampliar los beneficios para mejorar sueldos y condiciones laborales. Pero lo fundamental es que la mujer pueda optar a ser madre. Hasta que no tengamos eso, no podemos hablar tanto de decisiones, porque nuestra única o primordial decisión es si yo quiero o no ser madre”, dice Hiner.

Gonzalvez explica que “estas posiciones de género en países donde el cuidado está feminizado y en los cuales se piensa que el mejor cuidado es el que entrega ‘una mujer’, conlleva a que muchas mujeres dejen de trabajar, o no culminen su desarrollo profesional, porque finalmente serán ellas las encargadas de cuidar de la familia. Revertir esto es un desafío que debemos trabajar día a día”.

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