5Pointz: los grafitis de los US$ 6 millones

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El edificio 5Pointz fue demolido en 2015.

En Nueva York, una inmobiliaria tendrá que pagar por pintar y demoler un edificio histórico en Queens.


Lo llamaban la "capilla sixtina" del grafiti. Ubicado en el distrito de Queens, en Nueva York, EEUU, el 5Pointz fue pintado durante décadas por un grupo de artistas callejeros y se convirtió en una atracción mundial para los amantes del street art. Pero en 2013 el antiguo complejo industrial apareció cubierto por una capa de pintura blanca y dos años después fue demolido para levantar un nuevo edificio residencial. Sin embargo, esta semana un tribunal de Brooklyn ordenó una histórica indemnización para los grafiteros, que alcanza US$ 6,7 millones.

"Esto confirma que el arte de aerosol es igual a cualquier arte de categoría", dijo a la prensa Eric Baum, el abogado que representó a los 21 grafiteros y demandantes. "Y también que los artistas merecen dignidad y respeto", agregó.

La construcción fue adquirida en los 70 por la familia Wolkoff, y su nombre original, Five Points, pronto fue reemplazado como 5Pointz por los mismos artistas, en honor a los cinco barrios de Nueva York: Manhattan, Brooklyn, Staten Island, el Bronx y Queens. En un principio, los Wolkoff rentaron espacios dentro del edificio a distintos colectivos de arte, cuyos integrantes comenzaron a pintar sus paredes, aunque siempre advirtieron que "sus días estaban contados".

"Con el tiempo, 5Pointz se convirtió en el más grande mural de arte callejero legal en el mundo. Y en un punto de atracción de Nueva York", aseguró a la BBC Marie Cecile Flageul, quien trabajó como gestora cultural dentro del complejo encabezado por el artista Meres One, quien quiso sumar a la cruzada, aunque sin éxito, al célebre grafitero Banksy.

El periódico The New York Times, en tanto, lo describió como el "único museo hecho solo de paredes que está abierto las 24 horas y además es gratis".

Se presume que los Wolkoff apelarán a la sentencia, aunque la decisión ha sido celebrada como una muestra más de que los grafitis no son vandalismo, sino una expresión artística digna de ser preservada.

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