Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

César Valdivia, el Checho


Se dio a conocer en el Nacional Juvenil que se efectuó en Rancagua 1960, defendiendo a la ciudad histórica junto con Eduardo Herrera, su compañero en el Liceo de Hombres, y Manuel Abarca, de la Escuela Industrial. El torneo lo ganó Cadetes, de Santiago, que tenía en sus filas a Chamaco Valdés, Chocolito Ramírez y Guillermo Yávar.

César Agustín Valdivia Contreras nació el 14 de abril de 1943 en Rancagua (cumplió 75 años). Medía 1,76 metros y pesaba 71 kilos. El entrenador José Pérez, el Gallego, lo seleccionó para O’Higgins (1962-1971), donde debutó en primera división en 1962 y fue campeón del Ascenso en 1964.

“Al principio jugué de defensor central en la derecha. Federico Vairo, gran futbolista argentino mundialista en Suecia 1958, me mandaba a la pelea. A él no le gustaba enfrentar a los delanteros veloces de Colo Colo ni a Honorino Landa, de Unión Española. Cuando ocupé el puesto de Federico, en el mío ingresó el Hermano Abarca, quien es Testigo de Jehová”, cuenta el Checho Valdivia.

“Mi fuerte era la anticipación, el cabezazo y, a diferencia de los zagueros centrales que eran duros, me defendía con la pelota en los pies. Tanto que muchas veces actué de volante de contención, en O’Higgins, en los entrenamientos de la selección de Salvador Nocetti (1969) y en Deportes La Serena (1972-1975)”.

¿Quién fue su ídolo? “Raúl Sánchez, de Santiago Wanderers. Después apareció Elías Figueroa”.

¿El rival más difícil que enfrentó? “El brasileño Elson Beyruth, de Colo Colo. Para mí, aunque eran de estilos distintos, fue mucho más que Severino Vasconcelos”.

En ese tiempo, casi todos los equipos tenían un atacante tipo tanque. “Marcar a esos delanteros no era complicado. Sí a Julio Gallardo y Armando Tobar, de Universidad Católica, y a Juan Cortés, de Rangers”.

¿Recuerda la batalla campal con Universidad de Chile en Rancagua? “Sí. En una fotografía estoy huyendo del Beto Donoso. Pegué un combo y arranqué, tenía 23 años y nunca había participado en una mocha (junio de 1965)”.

¿Y la persecución de Julio Novarini a Pedro Araya? “También. Él venía de Boca Juniors, era buen jugador, pero mal genio”.

¿Cuál es su partido inolvidable? “El empate 2-2 con Colo Colo en el estadio Santa Laura. Fui elegido el mejor jugador y me invitaron a la televisión. El árbitro (Jaime Amor) hizo jugar cinco minutos de descuento y al final inventó un penal que convirtió Chamaco Valdés. El presidente de O’Higgins, Poncho Orueta, entró a la cancha e intentó agredir al juez. Por ese partido le dieron un año de suspensión a Joel Retamal, quien había debutado esa tarde (septiembre de 1968)”.

Cuando Unión Española lo pretendió en 1969, O’Higgins lo tasó en 180 millones de pesos. “Era más que lo que había pagado Deportes Concepción por el Pata Bendita Castro (Unión La Calera), la transferencia del año. Unión contrató entonces a Juan Rodríguez (Universidad de Chile) que de ahí se fue a México. O’Higgins nunca quiso venderme: Vairo me recomendó en Huracán y Mario Desiderio en Colombia y no me dejaron ir”.

¿Su carrera podría haber sido más? “En O’Higgins sufrí una operación de meniscos en la rodilla derecha; me intervino el médico Luis Barbieri en Argentina. Y en Deportes La Serena, otra de meniscos en la rodilla izquierda”.

Jaime Bravo dice que usted le salvó la vida en Machalí, al ponerse en medio de alguien que lo apuntaba con un arma. “Fuimos compañeros solo un año (1968), una gran persona. No sé si fue tanto como salvarle la vida, lo que ocurrió es que yo ubicaba al que lo amenazaba”.

Seguir leyendo