De Punitaqui a Cochabamba

El chileno Andrés Campos realizó una travesía de casi 3 mil kilómetros para ser voluntario en Bolivia.


En 2014, cuando Santiago fue sede de los Odesur, un examen de grado dejó a Andrés Campos (26) fuera de competencia. No iba a participar en ninguna disciplina deportiva, sino a trabajar, sencillamente, como voluntario en la realización del evento. Un empleo muchas veces invisible que, tras su fracaso iniciático, terminó por convertirse en uno de los motores de su vida. Por eso hoy, cuatro años después y a varios miles de kilómetros de casa, le cuesta tanto disimular su alegría mientras camina entre las delegaciones de la Villa Suramericana.

“Vine para ser parte de la fiesta del deporte. Yo no practico ninguno, pero uno termina sintiéndose parte porque una parte importante del éxito de los Juegos depende de los voluntarios”, asegura. Pero el periplo recorrido por el programador para arribar a Cochabamba, fue largo. De su Punitaqui natal a Ovalle, en colectivo; de Ovalle a Santiago, en bus; de Santiago a Iquique vía aérea; y de Iquique a la capital de la provincia de Cercado, nuevamente en bus. 2.851 kilómetros en busca de un sueño. Y “unos 400.000 pesos chilenos” de su bolsillo para concretarlo.

“Ahora quiero postular a los JJ.OO de la Juventud en Buenos Aires y a los Panamericanos de Lima, pero la gran meta, el gran objetivo, es poder estar en los JJ.OO de Tokio”, culmina Andrés, el punitaquino más feliz de Bolivia.

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