Fútbol generoso

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En USA, cuando un niño trae en su ADN habilidades para un deporte, sus padres se soban las manos. Signo de que tendrá una educación de calidad asegurada. A través del deporte se lo disputarán las universidades para engrosar sus selecciones deportivas. Es como sacar puntaje nacional en la PSU. Entrará a la educación superior y gozará de la gratuidad.

El fútbol, en muchos países, también es generoso con aquellos que son talentosos para el balompié. Es una lotería que toca con la varita mágica a los desamparados y desmantelados de toda educación.

Un caso palpable es del de Carlos Tevez, el símbolo del pueblo argentino, sobretodo el que visita asiduamente a La Bombonera. El de las villas miseria y la marginación social. El callejero que rogaba todos los días que la pelota no se desinfle o si no el delito se cruzaba en su camino. Al primer puntapié precoz sus padres adoptivos se sobaron las manos. No para que fuera a Harvard. Se las sobaban pensando en el salvavidas para ellos y otras generaciones.

Vaya paradoja; literalmente nació quemado. Siendo niño una olla hirviendo se volcó sobre parte de su cuerpo. Sus pies se salvaron del infierno para golpear una pelota de fútbol y nada más. A punta de goles recala en el Viejo Continente, pues Italia e Inglaterra saben de sus habilidades. Visitó villas, pero de la aristocracia más rancia.

Hoy decepciona en China. Los millones de euros no llegan a sus neuronas. Creyó que su estadía en tierras orientales era parte de su tiempo libre. Se cuestiona su físico deplorable. El Apache está empachado. Los chinos se sienten estafados ante esta estrella fugaz.

El fútbol convierte en ricos a los pobres que le han “ganado a la vida” y muchas veces les devuelve la mano de regreso a la desdicha.

De patear piedras en su villa miseria, hoy es un amante del golf. Vaya que fútbol más generoso.

En Chile, abundan ejemplos donde la educación brilla por su ausencia en estos próceres, muchos esquilmados y pocos acaudalados. ¿Qué hacer? Enseñarles el camino y no el atajo. Ayudarles a vivir, que no es nada de fácil.

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