El hijo de Lucho Pato

Autor: Daniel Bustos

Bryan Núñez, de 19 años, despunta en Tercera. Habla sobre sus sueños y lo que significa cargar con un apellido futbolero de luces y sombras.


En el aguerrido fútbol de la tercera división destaca por ser un chiquitito veloz y de gambeta fácil, que además define muy bien cuando tiene el arco en frente. Se trata de Bryan Núñez (19). Su nombre por sí solo no dice mucho, pero gana enteros cuando se asocia al de su padre, el exfutbolista de Universidad Católica Luis Núñez. Es el único hijo de su primer matrimonio.

Bryan actualmente milita en el Real San Joaquín de la Tercera A. Hizo cadetes en clubes como la UC y Santiago Morning, pero no ha debutado aún en el profesionalismo, meta que quiere cumplir en el corto plazo para comenzar a trazar su propio camino en el fútbol.

Las cosas no han sido fáciles para el joven de La Legua, puesto que jugar siendo el heredero del fútbol de Lucho Pato no es tarea fácil: “Por una parte es bonito, porque yo juego y sé que soy reconocido por mi papá. Se me pueden abrir las puertas en algunos lugares, pero igual hay presión porque yo quiero ser mejor que él”. Por lo mismo, el muchacho se tiene confianza a la hora de decidir cuál de los dos es más bueno: “Para mí entre él y yo, soy mejor yo. Me considero mejor que mi papá, pero él piensa que es mejor que yo. Aunque quiero compararme con mi papá cuando ya esté en el fútbol profesional. Cuando sea futbolista voy a comprobar si soy mejor que él”.

Su papá siempre fue su referente, una especie de modelo a seguir. Por lo mismo, Bryan se pone serio al hablar de la condena que tuvo que enfrentar durante cuatro años en la cárcel por narcotráfico y porte ilegal de armas. “Para mí fue fuerte, no lo creía. Lo iba a ver igual, pero no me gustaba, me sentía mal. Yo lo prefería ver en una cancha. Pero son cosas de la vida. Él mismo dice que no está arrepentido de lo que pasó, que le sirvió esa experiencia para poder recuperar a sus hijos y a su familia”.

Desde pequeño su vida ha estado ligada al balón y los estadios. Con emoción recuerda las tardes de domingo en que pisaba el césped con su padre: “Yo era guagua y ya salía con mi papá a la cancha. En San Felipe, en la Cato, en Magallanes. Una experiencia bonita fue cuando jugó Católica contra Universidad de Chile, en el Nacional. Me acuerdo que estaba Figueroa y yo lloraba porque me daban miedo los fuegos artificiales. Yo era chico, veía mucha gente y me asustaba, entonces el Fantasma me decía ‘sal a la cancha, cabro amariconao’. Y salía con mi papá en brazos. Y ver 50 mil personas… pensando que algún día yo podía llegar a jugar con toda esa gente… era bonito”.

Como buen adolescente futbolero, es adicto al Play Station. Y su jugador favorito en la actualidad es Cristiano Ronaldo, porque encarna lo que significa el fútbol moderno. Y en esto Bryan dice ser diferente a su padre: “Mi papá es un 10 clásico, por ahí no corría tanto, pero su presencia se notaba. Yo soy más del fútbol moderno. Salí más rápido, me gusta correr por la orilla, tirar el centro. Soy más puntero, aunque a veces igual me gusta jugar de nueve”.

Pero una carrera de un futbolista no sería nada sin metas por cumplir: “Yo, primero, lo que tengo en mente y quiero conseguir es debutar en el fútbol profesional. Después andar bien y tener un buen contrato, ojalá ir a la selección chilena. Mis sueños para mi carrera, ya a largo plazo, son jugar en Europa y poder sacar a mi familia adelante. Quiero ser un jugador internacional”.

Su fútbol y carácter lo ha forjado en la calle, específicamente en La Legua, situación que, según piensa Bryan, se ha prestado para muchos prejuicios: “Es difícil ser de La Legua, porque en el fútbol hay clubes que cierran las puertas por ser de acá. Piensan que uno va a andar peleando o robando y eso no es así”.

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