Tercera PM

Presenta:

José Miguélez

José Miguélez

Editor de Deportes.

La Tercera PM

El histórico suicidio de España

Como el fútbol es tan imprevisible y la calidad la tienen probada esos futbolistas, España igual rompe a jugar y competir con altura. Pero lo normal es que se caiga.


España despidió a su seleccionador, Julen Lopetegui, a 24 horas del comienzo del Mundial. No había ocurrido jamás. Pero fue de esta manera intempestiva como el nuevo presidente de su federación, Luis Rubiales, decidió resolver el pecado de alta traición (así lo interpretó) con el que había sido golpeado por su empleado un día antes: el inoportuno anuncio, tan sólo cinco minutos después de ser informado en persona y a las puertas de la gran cita planetaria, del fichaje de su entrenador por el Real Madrid para las próximas tres temporadas.

¿Era para tanto la afrenta? Igual el remedio no es efectivo, pero despedido o no, Lopetegui se había liquidado personalmente como seleccionador con su comportamiento. No sólo por lo contradictorio de su discurso (después de insistir durante días ante sus jugadores y la prensa que nadie desviara la cabeza de la selección, lo desenfocó y desestabilizó todo priorizando sus intereses sobre los del grupo), sino por lo incendiario de su decisión en un país con más cultura de clubes que de selección. Y fracturado irremediablemente en dos alrededor del Real Madrid y el Barcelona. De hecho, la mitad de los españoles aprueban el cese; lo reclamaban.

El caso es que el Real Madrid de Florentino Pérez, acostumbrado a avasallar, a hacer y deshacer exhibiendo su poderío sin atender a las consecuencias, ha desatado una sacudida legendaria. No se recuerda una crisis semejante a los pies de una gran competencia. Julen Lopetegui sale por la puerta de servicio de una selección que mantenía invicta, con 13 victorias y cinco empates después de 18 partidos. Pero los resultados no lo son todo. Pesan más las formas, la lealtad y el sentido de la responsabilidad. Y ahora España, que estaba entre las indiscutibles favoritas al título, ha mutado en enigma. Gobernada por un nuevo jefe con gran currículum de jugador pero breve como técnico (Fernando Hierro sólo ha dirigido un  año al Oviedo, y en Segunda) y más bien abocada al autogobierno de los jugadores. Obligada a improvisar, a dirigirse sola, a enfocarse en el fútbol en un vuelo abrasado por las turbulencias. Como el fútbol es tan imprevisible y la calidad la tienen probada esos futbolistas, España igual rompe a jugar y competir con altura. Pero lo normal es que se caiga. Ahora está grogui. Después de un insólito, incomprensible e histórico suicidio.

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