Partido oficialista decide poner fin al mandato de Zuma en Sudáfrica

Jacob Zuma, de 75 años, en un discurso ante sus seguidores, en un acto en 2008. Foto. EFE

Tras una maratónica sesión de 13 horas realizada a puertas cerradas, el Congreso Nacional Africano (CNA), el partido de Nelson Mandela, determinó durante la noche la destitución del Jefe de Estado, quien enfrenta casi 800 casos de corrupción.


El futuro de Jacob Zuma, pase lo que pase, es incierto. Esto, después de que su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA), decidiera destituirlo como Jefe de Estado, en una maratónica reunión realizada a puertas cerradas en Pretoria.

El encuentro empezó con la promesa de poner fin a la crisis social y política generada por la figura del cuestionado gobernante y mantenía en vilo a los sudafricanos. Zuma, de 75 años, debe abandonar la Presidencia en 2019, pero tras los numerosos casos de corrupción en los que se ha visto involucrado y la fuerte presión popular y de la oposición, el CNA definió retirarle el apoyo. “Fueron necesarias 13 duras horas, pero el Comité Ejecutivo Nacional del CNA decidió revocar al Presidente Jacob Zuma como Jefe de Estado”, informó el diario The Times de Johannesburgo.

Las normas del CNA establecen que todos los miembros del partido, incluidos los cargos electos, deben someterse a ellas. Es decir, si la cúpula de la formación llega a un acuerdo de destitución pero Zuma se niega a dejar su cargo, la única vía posible sería presentar una moción de censura parlamentaria.

Sin embargo, no sería la primera vez. Desde que llegó al poder en 2009, Zuma ha afrontado siete mociones de confianza, la última en agosto del año pasado. Y este no es el único problema que tiene con la justicia, ya que posee 783 causas pendientes por corrupción y abuso de poder. Entre ellas, malversación de fondos públicos y casos de corrupción relacionados con el comercio de armas durante la década del 90.

De todos modos, el Mandatario demostró en el pasado sobrevivir a las diferentes acusaciones que dañarían la trayectoria de cualquier líder político. Por otra parte, filtraciones de conversaciones privadas de la cúpula del partido, numerosas reuniones, cambios de planes inesperados y un tono cada vez más duro contra Zuma han hecho aún más evidente que el Presidente no cuenta con el respaldo de su partido.

Mientras la popularidad de Zuma sigue en caída libre, Cyril Ramaphosa, quien se convirtió en el líder del CNA en diciembre, gana terreno. Hace dos semanas viajó a Davos para asistir al Foro Económico Mundial en representación del país y ya hay voces dentro de la formación que consideran que debería reemplazar de inmediato a Zuma y recuperar la imagen del partido de Nelson Mandela.

Según medios locales, el centro de las negociaciones sería la protección de la familia de Zuma y los costos de su defensa en futuros procesos legales. “Aquellos que son corruptos, que roban a los pobres, serán llevados ante la Justicia”, reiteró Ramaphosa el domingo, lo que se leyó como una referencia directa a las negociaciones que mantiene en privado con el Jefe de Estado.

Al respecto, la oposición calificó esas negociaciones de lentas y opacas y, por ello, aprovechó la tensión de este lunes para pedir que la votación de moción de censura -que se iba a celebrar el 22 de febrero- se adelante para esta semana. “No podemos ser espectadores de las fracciones internas del CNA”, dijo Mmusi Maimane, el líder de la Alianza Democrática.

Pese a las demandas de la oposición de emitir una orden directa y disolver la Cámara, los dirigentes del CNA apuestan por lograr una dimisión negociada y voluntaria para evitar fragmentar la formación.

La maniobra del Congreso Nacional Africano tiene un precedente. En 2008 se pidió la dimisión forzada del entonces Presidente Thabo Mbeki, el sucesor de Nelson Mandela y, paradójicamente, en aquel momento fue Jacob Zuma quien lideraba la cúpula del CNA. Un año después ascendió a la jefatura de Estado.

Desde la muerte de Mandela, en diciembre de 2013, ni Mbeki ni Zuma han sido capaces de continuar con su legado. Sudáfrica, una de las economías más importantes del continente, presenta indicadores devastadores. Es el primer país del mundo en tasa de mortalidad, más de seis millones de personas son portadoras del VIH y, según datos oficiales, la esperanza de vida para un sudafricano negro es de solo 49,5 años, mientras que un blanco llega a los 70. Así, el Congreso Nacional Africano (ANC), que en su momento fue un símbolo de esperanza y cambio en el país, ahora es sinónimo de corrupción y despotismo.

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