Manuel José Balbontín, fundador de Compass Group: “El gran desafío de este gobierno es conducir a Chile al sueño de ser un país desarrollado”

El economista chileno que participará este jueves 22 en el seminario anual de Compass Group, cree que se pueden sentar las bases para lograr esa meta “en menos de una década”, pero ello requiere crecer en forma sostenida al menos a 3,5%-4%. Advierte que “hay que alimentar la actual mayor confianza” y que “no basta con las promesas de campaña”.


Esta semana que se inicia, como ya es tradicional, Compass Group realizará su XXII Seminario Internacional de Inversiones, que este año tiene como título “Rotación de activos o cambio de tendencia”. Será una oportunidad para escuchar al nuevo ministro de Hacienda, Felipe Larraín, y para ver discutir juntos en su primer panel a otros dos ex titulares de Teatinos 120, Rodrigo Valdés y Andrés Velasco, y al ex presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara.

Pero también es una de las ocasiones en que el socio fundador de Compass, Manuel José Balbontín, visita Chile. Radicado en Nueva York, desde ahí monitorea tanto la marcha del país como de los mercados globales. Y su visión de estos últimos años y de lo que viene por delante es clara y desafiante: Chile se retrasó en su camino al desarrollo en el período del gobierno de Michelle Bachelet, pero puede retomar la marcha hacia esa meta. Para ello, eso sí, se debe trabajar duro tanto en mejorar las reformas de la administración anterior, como en temas que siguen pendientes: pensiones, infraestructura, innovación. Considera que buscar alcanzar estándares del primer mundo no es a costa de no avanzar en mayor igualdad. Todo lo contrario, sentencia: “La única forma de convertirnos en un país más justo es vía un mayor crecimiento”.

Usted que mira a Chile con más distancia, ¿cómo evalúa lo que pasó en los últimos cuatro años?

El país en los últimos cuatro años sufrió por razones externas, donde hubo momentos difíciles, pero también sufrió porque en las condiciones domésticas se amplió la incertidumbre y la sensación de que íbamos por mal camino. Claramente lo que vemos con el nuevo gobierno es un cambio de percepción por parte de los inversionistas y empresarios tanto locales como internacionales, dado que hay una autoridad con una agenda mucho más pro crecimiento, pro inversión, pro desarrollo, de reglas claras. Es la discusión de siempre, donde la única forma de convertirnos en un país desarrollado, más justo, más igualitario, es vía un mayor crecimiento: más y mejores trabajos, mejor educación, mejor seguridad social.

¿En ese sentido el gobierno de Bachelet equivocó el camino?

En los últimos cuatro años se ilustra la discusión permanente: ¿cómo se logra esto? Soy de la idea que esto no es un tema de redistribuir lo que tenemos, que sabemos que es poco. Esto pasa por crecer más. Claramente eso demora mucho tiempo, demora buenas políticas y no pasa por una retroexcavadora como se trató de hacer. Debemos construir y hacer mejor lo que ya tenemos, porque estamos en buen camino. Chile es el país más desarrollado en Latinoamérica, entonces algo estábamos haciendo bien. Pero perdimos ese norte. El error de la retroexcavadora partió por ahí, de pensar que había que destruir y después reformar. Desgraciadamente lo que pasa después del anterior gobierno es que nos encontramos con un país más endeudado, que tiene un déficit fiscal mayor y con un déficit de crecimiento enorme en los últimos años, lo que nos hace menos inmune a los vaivenes externos.

Pero más allá del crecimiento, la administración anterior enfatiza que tuvo logros sociales.

Soy un convencido que muchas veces con estas banderas del populismo, de la justicia social, se termina haciendo enorme daño a los más necesitados. Ahí vemos los casos de Cuba, Venezuela, Corea del Norte. Desgraciadamente los que más sufren terminan siendo los más pobres. Los que menos sufren son los más ricos. Le terminan haciendo un flaco favor a la gente que se supone iban a favorecer. Entonces, el gran desafío del nuevo gobierno es conducir a Chile al sueño de ser un país desarrollado con estándares económicos, políticos, de trabajo, educación, salud y seguridad social de primer mundo. Eso no se va a lograr en cuatro años, pero sí se puede avanzar en forma importante y dejar las bases sentadas para conseguirlo en menos de una década. Ahora, va a lograrlo, si sólo si, el país se expande al menos dos veces el ritmo al que creció en los últimos cuatro años. O sea, Chile tiene que crecer al menos al 3,5%-4%, si no, no lo va a lograr.

¿Se puede salir medianamente rápido de la desaceleración reciente, o hay algún daño permanente?

El país viene de una base de crecimiento tan baja, que claramente en el corto plazo puede mostrar una tasa de expansión mayor. La mayor confianza, las promesas de campaña que se hicieron, van a conseguir en sí un mayor crecimiento del PIB en el corto plazo. Pero en el mediano plazo hay que arreglar muchas cosas. Algunas venían de antes y otras son las que en parte desincentivaron la inversión, la confianza y el consumo. Esas cosas demoran más tiempo, no se arreglan de la noche a la mañana, y requieren de ciertos consensos. El gobierno va a tener que trabajar en construir esos consensos, lo que requiere ideas claras de lo que se quiere hacer, que las tienen, pero del dicho al hecho hay un gran trecho.

¿No se “jodió” Chile entonces?

Se pueden hacer bien las cosas y Chile tiene toda la capacidad de convertirse en el primer país desarrollado de Latinoamérica. Ese potencial no se ha perdido. Se atrasó, pero sigue siendo una meta alcanzable. Lo que sí, implica trabajar duro. Hay que alimentar la actual mayor confianza con reformas tributaria, de pensiones, trabajo, salud, educación y seguridad, y con instituciones sólidas. No basta con las promesas de campaña.

¿Es conciliable ese camino al desarrollo con una mayor justicia social?

La única forma de construir un Chile más justo, es haciendo de él un país más desarrollado. Y esas dos cosas no van una en contra de la otra. Está la percepción de que la conciencia social y ayuda a los más necesitados es patrimonio de la izquierda, lo cual no es verdad, le corresponde a todos los gobiernos. Para ello, el crecimiento es completamente necesario. La justicia social también, pero tiene que hacerse con crecimiento, no puede pretenderse que uno es capaz de redistribuir lo que ya existe y que con eso solucionaste el problema.

¿Qué errores no pueden volver a cometer Piñera y la centroderecha en este segundo gobierno? ¿Qué riesgos ve?

Yo creo que este gobierno tiene absoluta conciencia de lo que debe hacer. La pregunta es si va a ser capaz de hacerlo o no. Por ejemplo, tendrá que generar consenso para perfeccionar el código tributario. Que sea una ley tributaria que haga que las empresas sean competitivas, que sea pro inversión. Hay que seguir mejorando el acceso y la calidad de la educación en forma sustancial, incentivar la innovación, mejorar la salud, el sistema de pensiones. Pero todo esto el gobierno no lo puede hacer solo, necesita socios. Cuenta con el beneficio de la duda: los inversionistas y empresarios locales y externos creen en él y, por lo tanto, en la medida que vaya avanzando en todos estos temas va a tener el apoyo. Si no, puedes tener la mejor idea de educación gratis para todos, pero quién lo financia. Lo importante además es nuestra contribución para asegurarnos que, pase lo que pase en el resto del mundo, estemos más protegidos si las cosas van peor y estemos en mejor condicion de crecer si las cosas suben.

Por lo mismo, el gobierno no puede apostar solo a un mejoramiento ayudado por el ciclo externo, sino que debe apuntar a elevar el crecimiento potencial.

Absolutamente. Chile tiene la capacidad de crecer al 4% y algo más, pero hay que generar las condiciones para que eso se dé. Por supuesto que el ambiente mundial tiene un impacto, pero es mayor si estás haciendo malas políticas internas. El mundo en general no se empezó a solucionar en los últimos tres meses, ya llevamos del orden de un año y medio de recuperación. Por lo tanto Chile tiene que poner ahora sus políticas para aprovechar ese crecimiento mundial. Este gobierno tiene la confianza de parte de inversionistas, empresarios, consumidores, por lo que creo que es posible lograrlo, aunque no de la noche a la mañana.

El último ministro de Hacienda de Bachelet, Nicolás Eyzaguirre, se despidió señalando que si hubiesen tenido más tiempo la economía habría repuntado más y se habría probado que sus medidas no fueron el principal factor de la desaceleración previa.

La gran diferencia entre lo que Chile está creciendo hoy versus hace seis meses, tiene que ver en parte con un mundo que sigue mejorando, pero en un grado importante con que existe confianza, hay inversión, hay consumo, hay una mucho mejor expectativa. Por lo tanto, en el statu quo decir que ese cambio de expectativas hubiese sucedido igual, yo tengo mis dudas.

¿Se podrá revertir en este período de gobierno la baja que sufrimos en la clasificación de riesgo?

¿Podemos recuperar ese escalón que bajamos? De todas maneras, pero no sé si lo podemos hacer en cuatro años. Ojalá que sí, pero va a depender de varias cosas. En primer lugar de las expectativas del futuro. Si se establece disciplina fiscal, disciplina monetaria y el endeudamiento en vez de seguir creciendo empieza a disminuir, claramente no es necesario que se vuelva a los números de hace tres años para que cambie la perspectiva de la clasificación y, por ende, nos den un upgrade. Pero eso tiene que estar pasando y para ello hay trabajo que hacer, no es automático. Ahora, el crecimiento en sí ayuda en eso. Si hay mayor confianza, buenas reglas del juego, se ve mayor inversión extranjera y doméstica, es posible lograrlo. Pero siempre es más fácil destruir que construir, y por lo tanto si se demora dos o tres años bajar en una categoría de riesgo, no significa que en dos años lo vuelves a recuperar. De todas formas, la situación externa y el alza del cobre ayudan, porque mejora la percepción económica del país. Entonces de nuevo, no sé cuánto pueda tomar recuperar la nota crediticia que teníamos antes, pero sí creo que por lo menos de tener una visión negativa se puede pasar a tener una visión positiva.

¿Constituye un riesgo el hecho de que el gobierno se dedique sólo a arreglar las reformas de Bachelet y no logre avanzar en otros temas de fondo como productividad, modernización del Estado, etc.?

Tiene que transitar en ambos frentes absolutamente. Chile debe mejorar la reforma tributaria, podría mejorar la reforma laboral, la reforma educacional -sobre todo en el tema de la calidad-, pero tiene que avanzar. La reforma de pensiones se tiene que hacer. Está claro por dónde ir: hay que ahorrar más, hay lagunas de cotizaciones que hay que solucionar. Por otro lado hay que mejorar la inversión en infraestructura, hay que poner las condiciones para que se haga más infraestructura. Uno no se convierte en un país más competitivo y productivo si no se tiene una buena infraestructura. Hay mucha gente dispuesta a invertir en infraestructura, pero el tema de fondo es que los proyectos se puedan hacer y para eso hay que generar las condiciones.

Chile ha demostrado que tiene la capacidad de competir, no sólo en cobre, pero hoy día esto también pasa por la innovación. Chile tiene que, dentro de la mejora a la calidad de la educación, apuntar a una educación más técnica y a mayor innovación. Actualmente el mundo desarrollado está en niveles tecnológicos y de innovación tan altos, que Latinoamérica y Chile nos vemos muy atrasados. Entonces es fundamental cómo logramos traer y capturar esos conceptos en Chile. Hay formas mucho más económicas de lograr lo mismo de antes, pero eso requiere inversión en tecnología, en preparación, en educación, y eso es tan o más importante que arreglar una ley.

¿Le gustó que se repitiera el ministro de Hacienda o le hubiera gustado una cara nueva en ese puesto?

Lo que pasa es que cuando tienes una persona que lo hizo tan bien la primera vez y es tan capaz, creo que es un lujo de ministro. Entonces, que le dan a uno caras nuevas… Eso es cuando tuviste un mal ministro, una persona que no lo hizo bien. Yo no cambio a alguien si me dio un gran resultado. Yo creo que el ministro Felipe Larraín es un gran acierto y una persona que le puede hacer muy bien a Chile, porque además tiene credibilidad, no sólo doméstica, sino global.

“El mundo está en un buen pie”

La Ocde señaló que el crecimiento global de 2018 será el mejor en siete años. ¿Este buen escenario se puede extender?

Este año las expectativas son de buen crecimiento, entre 3,5% y 4%. Los mercados emergentes crecen más que los desarrollados, aunque Latinoamérica crece menos que el mundo. El mundo está en un buen pie, puede haber una corrección, pero no creo que en 2018 o la primera mitad de 2019. Por lo tanto, Chile, como condiciones externas, va a tener una buena situación

¿Ese panorama cuánto soporte le da al cobre?

Puede seguir subiendo, pero no sé si a los niveles récord que se dieron en 2011.

¿Pero se quedará de US$ 3 hacia arriba?

Sí, no lo veo por debajo de eso. Si tuviera que apostar no creo que llegue a los US$ 4 la libra, pero va a seguir demandado. Ningún extremo es bueno, porque las asignaciones de capital no necesariamente son las correctas cuando se dan esos valores muy altos.

¿Cuáles son las amenazas de este buen contexto externo?

Es importante seguir de cerca a Europa, lo que pasó en Italia, la estabilidad del euro. También el tema del proteccionismo, que no solo viene de EE.UU. Hay una especie de clamor popular hacia los gobiernos, hay una sensación de que están financiando mucho a los países emergentes con grandes déficits comerciales, y de ahí vienen los populismos, como los del señor Trump. Hay que mirarlo de cerca, pero es un tema que se va a hacer más visible cuando haya elecciones y la temperatura aumente. Tenemos un mundo más proteccionista, que tiene que ver también con inmigración, con competencia por el trabajo, etc.

Y Trump en sí mismo, ¿sigue siendo un factor de alto riesgo para el mundo como se estimó cuando asumió?

Ha bajado porque no ha habido medidas extremas. El Nafta, por ejemplo, no desapareció. Medidas como las tarifas al aluminio o al acero se venían anticipando y no hay apoyo del Congreso. Todo el tema de Rusia, el impeachment se ve improbable. Qué preocupa: la rotación de gente que trabaja con él, porque son personas respetadas. Pero además la economía ha seguido por un carril propio: hay pleno empleo, están empezando a subir los sueldos, la inversión. Pareciera que es a pesar de Trump o por Trump. Por qué, porque bajar los impuestos hace que las empresas vuelvan a EE.UU., aunque está la otra derivada de cómo se financia eso. Pero independiente de si al mercado le gusta o no Trump, no le da tanta importancia como que el país tiene una perspectiva mejor de crecimiento y empleo.

¿La posibilidad de un alza más rápida de tasas por parte de la Fed tampoco le preocupa?

Las tasas van a seguir subiendo, no porque haya un grave riesgo de inflación -no veo un problema de inflación en el mundo per se-, sino por un tema de recuperar la herramienta monetaria. En caso de que haya un debilitamiento económico hacia el futuro, se quiere tener disponible la política monetaria para inyectar liquidez. Hoy esa herramienta está limitada. Pero tienen la forma de hacerlo correctamente. No existe la necesidad de apurarse porque la inflación se esté disparando. Me da mucha confianza, porque la Fed y el BCE están sobre la ola, en control, dudo que haya grandes errores.

¿Y China cómo se aspecta?

Existe la percepción de que China está por buen camino. Hoy día crece un poco menos que antes, pero es un mejor crecimiento. Ya no es un crecimiento basado solo en exportaciones al mundo, ni tampoco por una sobreinversión en infraestructura y endeudamiento, sino que es un crecimiento sobre una base muy grande y mucho más sano, más relacionado con el consumo interno, con una mejora en la calidad de vida de la gente. Hoy día el riesgo de que haya un problema importante con China ha disminuido.

América Latina también pareciera estar mejorando, con Argentina y Brasil a la cabeza.

Latinoamérica claramente viene de menos a más. Está creciendo poco, pero tienen la capacidad y están tomando medidas para crecer mejor. En México la situación es más complicada por el candidato con grandes posibilidades, López Obrador. Pero sea él u otro el próximo presidente, México tiene las instituciones correctas que le van a poner un equilibrio al gobierno de turno.

Bolsa chilena en 2018: “Vamos a ver un aumento de 10% a 20%”

Tras crecer 34% en 2017, ¿cómo ve el desempeño de la Bolsa este año?

Al igual que las bolsas en Latinoamérica y en el mundo en general, los precios están altos, los múltiplos precio-utilidad están altos. Por lo tanto, lo que se tiene que dar para que haya un buen resultado es que las empresas logren mejores utilidades. Hoy en EE.UU. hay múltiplos muy altos, pero también utilidades a niveles récord, con lo cual los activos se ven muy caros. En América Latina y en Chile, en cambio, las utilidades todavía están en la mitad de su peak de 2011-2012. Hay mucho potencial. Ya se dio la corrección fácil, porque las buenas noticias están ahí. Ahora se deben empezar a hacer las reformas y las empresas tienen que mostrar mejores resultados. Eso va a hacer que la Bolsa chilena ande bien.

¿Qué significa que la plaza chilena ande bien, crecer a dos dígitos?

Sí, puede crecer fácilmente a dos dígitos, porque las utilidades de las empresas chilenas podrían crecer a dos dígitos. Si eso se da, como ocurrió en el último par de años, vamos a ver un aumento del precio de las acciones de 10% a 20%. En 2017 hubo un aumento de las utilidades, pero, además, un aumento de múltiplos y eso no creo que se repita.

¿Y el dólar? Roberto Zahler dijo que en torno a $ 600 la divisa estaba en el límite de lo razonable.

No apostaría ni por un dólar mucho alto, ni por uno mucho más bajo. Claramente la mayor confianza, la mayor inversión extranjera en activos líquidos y en proyectos de mediano y largo plazo ponen una presión a la apreciación del peso. Pero, por otro lado, ya se ha apreciado mucho y también depende de las condiciones globales. Por lo tanto, no apostaría a grandes cambios.

Seguir leyendo