Así es ver 50 sombras de Grey con 400 mujeres

Jamás leí los best-seller de E.L. James. Pero fui a una función especial femenina de la película en su día de estreno. Esto pasó.




La invitación incluía acompañante, pero especificaba que sólo podía ser una mujer. Luego, el llamado a los medios a cubrir la función especial en Cinemark de 50 sombras de Grey, destacaba que junto con las 400 mujeres invitadas, habría 10 modelos vestidos "como abogados", imitando al galán protagonista de la saga de E.L. James que tiene al mundo occidental derretido y a las mujeres googleando "sadomasoquismo".

Era como un martes femenino cinematográfico: los Christian Grey recibían en la entrada, y había champaña, unos tragos infinitamente dulces de amaretto –nada bueno para alguien que prefiere el vodka-tónica-, casetas de fotos donde se posaba con esposas y antifaces, y luego un lugar para fotografiarse con los modelos-abogados, en su mayoría de acento transandino. Después de un cóctel que muy poco femeninamente era de pizza en plato plástico, se pasó a la función.

Advertencia: A continuación se describirán partes de la trama de la película, leer bajo su responsabilidad. Y serán descritas por alguien cuya única noción de Grey era que él amarraba a su amada a la cama.

50 sombras de Grey es una película absolutamente ridícula, con diálogos tontos, y un conflicto central insólito: él, millonario y terriblemente guapo, le enseña a ella, dulce y perna, las bondades del sadomasoquismo y el sexo.

Y va a ser un éxito rotundo mucho más allá de lo esperado.

Las 400 mujeres en la sala gritaron, se rieron y suspiraron; la primera hora de la película, antes de que la cinta pierda todo norte y mientras sigue siendo como una comedia romántica semi hot de lo más aceptable, las espectadoras estaban en llamas. Pero no sólo porque Cristian Grey es impactante (la primera vez que Cristian Grey mira a Anastasia en el ascensor de manera penetrante, se escuchó hasta un grito ahogado en la audiencia. Ni hablar cuando se saca por primera vez la polera).

50 sombras de Grey funciona porque las mujeres primero se enamoran de Anastasia Steele. La actriz Dakota Johnson está perfecta, bonita, encantadora, inteligente, y traduce muy bien la sensación del público ante la fantasía de que el más galán  de todos vaya y te elija: la tendencia femenina a decir esto no me está pasando. Se ríen fuerte de cada uno de sus chistes e intervenciones, aliviando mucho la espera de que la película entre en lo que, finalmente, nos convoca. El sexo.

(Nota de la autora y spoiler: ¿Anastasia Steele era virgen antes de conocer a Grey? Wow, esta novata de las 50 sombras no lo vio venir. Grey tampoco).

Muchas críticas dicen que 50 sombras de Grey, la película, es la versión perna y conservadora del libro. Que no se atrevió con el sexo. Y si bien no es todo sexo, las dos escenas en la famosa habitación del placer y los juguetes de Grey son lo suficientemente hipnotizantes para cortar las risas de 400 adultas comportándose como colegialas, y que la sala quedara en el más completo silencio. No, no hay nada hardcore, pero tampoco es Todo Espectador.

Ver no es lo mismo que leer y las mujeres presentes en esa sala de cine, y las que alrededor del mundo hicieron de libro un éxito, pueden querer aventurarse en el mundo del sexo explícito y la aventura carnal en la privacidad de su lectura, pero en la experiencia colectiva de la película, se puede disfrutar y suspirar por algo de romance.

La película lo da por montones, de hecho, quizás demasiado; la segunda mitad va perdiendo ritmo y novedad, se enfrasca en escenas que deberían hacer suspirar –volar en planeador, volar en avión, ¿por qué simplemente no la saca a comer-, y lo que debería ser un affaire hot de inmediato parece tener las cargas de las relaciones formales. Él se enoja porque ella se va de la ciudad a visitar a su madre. Y llega de sorpresa, lo cual es simplemente invasivo. Él le dice que se va a juntar a comer con alguien, ella le pregunta si con su ex polola y llora. Y hay mucha discusión de por qué él no es más sensible. Aburrido.

También es semi ofensivo que la fantasía de este hombre seductor no sólo sea apariencia e inteligencia y cosas fascinantes como que toca piano; lo del dinero es totalmente excesivo y llega a dar risa cuando aparecen sus helicópteros y sus autos y los choferes que todo lo solucionan.  De hecho, quizás lo más violento en la cinta –junto con la escena que hace entrar a Anastasia en razón de que la violencia no es aceptable en las relaciones- es que una mujer inteligente, esforzada, independiente  y divertida como la protagonista, acepte a que un hombre le cambie el auto hippie por uno deportivo, sin su consentimiento. Que el gasto desmedido como señal de cariño sea visto como la mayor prueba de interés romántico.

La película termina dejando al público listo para las partes dos y tres, ya que de manera irritante no tiene final. De todas las máquinas de hacer dinero de Hollywood, esta es francamente brillante. Quién necesita superhéroes si se tiene a Grey en la taquilla. A la salida, cada invitada recibía una bolsa con el logo de la película, y adentro, una polera que dice la frase del bronce del protagonista: "No creo en el romance".

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