De Suecia a Chile: los desafíos de la lectura en el mundo

[Panoramica] Mientras la industria editorial enfrenta revoluciones, los hábitos de lectura en el planeta se mueven lento. Los suecos, los mayores lectores, arman un millonario programa para que sus niños no dejen los libros. En Chile, segundo país más lector de Latinoamérica, el 80% no comprende bien lo que lee. Y la Unesco llama a sumar un aliado en la materia: los celulares. 




Los suecos están en problemas. Según sus estudios, sus niños cada día leen menos. Y sostienen ellos que, a la larga, en el acceso a la lectura está en juego el destino de la democracia. Así lo dice el programa Lectura para la Vida, que Suecia empezó a implementar este año: una batería de acciones destinadas a fomentar la lectura, que incluyen ligarla al deporte, estimular el acceso al e-book en bibliotecas y, sobre todo, capacitar a profesores para que despierten el gusto por los libros en sus alumnos. Todo costará el equivalente a 29 mil millones de pesos, más de un tercio del presupuesto del Consejo Nacional de la Cultura para el 2014. Es, también, una cuestión de liderazgo: Suecia es el país más lector del mundo.

Un informe del año pasado de la Comisión Europea sobre hábitos culturales en el Viejo Continente dice que en el último año un 90% de los suecos leyeron un libro. Justo atrás de ellos viene Holanda, donde el índice llega a 86%. En Dinamarca a 82% y en Inglaterra a 80%. Son los líderes en la materia y, en algunos casos, también los grandes proveedores del gusto literario del planeta: ni qué decirlo en el caso inglés, pero el de Suecia es una explosión reciente y sin tregua. Tras el impacto internacional de la saga Millennium, de Stieg Larsson, en los últimos años dos suecos se han tomado las listas de los más vendidos en Europa: Camilla Läckberg y Jonas Jonasson.

Cuando la industria del libro atraviesa huracanes -fusiones editoriales, invitados de piedra del tamaño de Google, etc.-, los hábitos de lectura también enfrentan cambios. Mientras en Europa se registra una "pequeña disminución general", la lectura en dispositivos digitales -tabletas, computadores, teléfonos celulares, etc.- hace su entrada: el 28% de los libros que se leyeron en 2012 en EE.UU. fueron en e-book, según un informe del año pasado del Pew Research Center, que también dice que 78% de los estadounidenses leyeron un libro el último año.

En Chile también las cosas se mueven. Para bien y para mal. A veces no se mueven nada. Por dos años seguidos, 2012 y 2013, la serie erótica de E. L. James, Cincuenta sombras de Gray, fue lo más vendido en nuestro país. Le siguieron un par de sospechosos de siempre: novelas de Dan Brown e Isabel Allende. Tampoco se movió en 15 años la compresión lectora de los chilenos: el segundo Estudio de Competencias Básicas, realizado por el Centro de Microdatos, de la U. de Chile, y la Cámara Chilena de la Construcción, dice que la capacidad de entendimiento de la población adulta no cambió entre 1998 y 2013.

En medio de ambos estudios hubo campañas de fomento lector, maletines literarios, decenas de nuevas bibliotecas, cambios en los currículos escolares, pero nada. Tampoco, enfatiza el estudio, "el indudable avance en materia económica y social" incidió. El resultado es un analfabetismo funcional extendido, casi idéntico al de 1998. Dice Microdatos: "La gran mayoría de la población adulta (un 80%) no es capaz de comparar e integrar información, tampoco de realizar inferencias o cálculos matemáticos a partir de la información".

También hay buenas noticias. Según la tercera Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural, entregada por el Consejo de Cultura en 2013, la lectura en Chile está en alza: si en el 2009 un 41,4% decía haber leído un libro en el último año, el año pasado la cifra subió a 47,6%. La cifra tiene sus bemoles: el 29,8% es del segmento socioeconómico más bajo, el E, mientras el 70,3 es del más alto, ABC1. Y el 77,8 tiene educación universitaria. Es verdad que la cifra total es casi la mitad del índice de Suecia, pero sitúa a los chilenos como el segundo país más lector de Latinoamérica, tras Argentina, con un índice de 55%.

La comparación proviene de lo recogido por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), que ubica así a los países de la región: en Brasil, el 46% leyó un libro en los últimos 12 meses, en Colombia un 45%, en Perú un 35% y, pese a su poderosa industria editorial, en México sólo llega a un 20%. Para el organismo, buenos lectores no somos.

"El índice de lectura de libros es relativamente bajo y está asociado, entre varios factores, al poco interés de leer, situación que puede revelar carencias del sistema educativo en la formación de hábitos lectores", dice en el informe CERLALC, que desde el año pasado parece interpelar al decisivo proceso de reforma a la educación que se vive en Chile. Y que, hasta donde se sabe, no considera nuevos intentos para fomentar la lectura.

"El nivel educativo parece ser el más fuerte predictor de la lectura", insiste el informe de hábitos culturales de la Comisión Europea. El estudio, además de mostrar el liderazgo de Suecia, hace un mapa general de los hábitos lectores de Europa: países con histórica importancia literaria e intelectual, como Alemania y Francia, registran 79% y 73%, respectivamente, de población que leyó un libro en el último año. La tierra de James Joyce, Irlanda, llega a 74%, mientras que la del Renacimiento, Italia, es de 56%, y la de la cuna de la filosofía, Grecia, a 50%. El país que registra menos lectores es Portugal: sólo 40%.

En España, faro de la industria del libro en Hispanoamérica, se registra un 60% de población lectora. Por estos días, allá los libros más leídos aún no han llegado a Chile: lidera la sueca Läckberg, con su policial La mirada de los ángeles; también está la reciente Pulitzer Donna Tartt, con El jilguero, y lo último de Jonas Jonasson, La analfabeta que era un genio de los números. El único en el ranking español y el chileno es Bajo la misma estrella, de John Green.

Aquellos libros que aún no llegan acá, en realidad sí lo han hecho: el e-book de la novela de Läckberg se puede bajar ahora mismo a, por ejemplo, un celular mínimamente sofisticado. Pagando o no. Para la Unicef, ese dato es potencialmente revolucionario para la alfabetización y la lectura en el mundo. Un estudio recientemente publicado por el organismo dice que en países africanos como Etiopía, Kenia, Zimbabwe y Nigeria, donde escasean los libros y los índices de lectura son estructuralmente bajos, la lectura en celulares se ha disparado. "Mientras más dispositivos de lectura existan, mejor, y los teléfonos móviles parecen ser el dispositivo más prometedor de todos, debido a su proliferación sin precedentes", dice la Unesco.

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