Economía colaborativa: los proyectos que instalan el fenómeno en Chile

El concepto deja atrás la idea de comprar por comprar y fomenta las relaciones sociales en base a la confianza y el intercambio.




Compartir el auto. Dar $ 3.000 junto a otros miles de interesados para que se realice un documental. Pedir un préstamo a tasas más bajas y financiado por más de 500 inversionistas. Son ejemplos de la economía colaborativa, que busca desterrar la idea de "comprar por comprar" y transformar el modo de producir servicios y conocimiento. Sus fundamentos son el ahorro, la sustentabilidad, la colaboración y las relaciones sociales. Su base, la confianza.

En el mundo, el francés Antonin Léonard (26), a través de OuiShare, es su principal impulsor. Se inspiró en la experta Rachel Botsman, autora del libro "What's mine is yours: The rise of collaborative consumption", que plantea que "estamos cableados para compartir". A partir de eso, desarrolló su primer blog captando a miles de seguidores. Luego creó un grupo en Facebook y, a fines de 2011, OuiShare, sitio que realizó un tour en Latinoamérica hace una semana y que incluyó a Chile.

En Europa es un fenómeno, especialmente tras la crisis. "Hoy se busca consumir menos y mejor", dice Dalma Berkovics, conectora OuiShare en el país.

En Chile, aún no es masivo, pero se ha abierto un espacio y va en aumento, dice Carlos Varela, director de Desarrollo de la UDD, donde se llevó a cabo el evento nacional de OuiShare."Lo que pasó fue que un grupo de personas integraron la economía colaborativa y el fenómeno se masificó. En estos últimos dos o tres años se comenzó a visibilizar, lo que ha ayudado a verlo como un fenómeno social", dice Varela.

COLABORACIÓN EN CHILE
Una de las primera iniciativas de economía colaborativa que llegó a Chile fue el carpooling, sistema donde se comparte el auto para ir a estudiar o trabajar. Partió en 2008 entre universitarios. Dos años después, el modelo sumó páginas web especializadas, como carpooling.cl, nosfuimos.cl y a-dedo.cl, y en 2012, el fenómeno se instaló en las empresas.

A las iniciativas en transporte se sumaron pronto las de finanzas entre particulares, servicios, educación y arriendo de casas de veraneo. Es el caso de Sinbad, una red social de arriendos turísticos (como Airbn), el cual permite que las personas que quieren ofrecer sus casas las inscriban. A diferencia de otros sitios web donde el contrato es directo y "a ojos cerrados", Sinbad actúa como intermediario a cambio de una pequeña comisión. "Validamos que lo que la casa ofrece sea real y los viajeros lo agradecen, porque se evitan estafas. Los dueños también se sienten más seguros, ya que nosotros también validamos los datos del viajero en caso de cualquier destrozo", explica Carlos Cuevas, creador de la iniciativa que partió en 2012 con 100 propiedades en La Serena y Viña del Mar y que hoy suma más 2.500 alojamientos en 150 lugares del país y busca expandirse al resto de Latinoamérica.

Políglota es un ejemplo en educación. Carlos Aravena, su director general, cuenta que se centran en el aprendizaje colaborativo de personas que se reúnen en lugares públicos para practicar y aprender un idioma. "No hay profesores, todos son alumnos de quien sabe más y profesores de quién sabe menos", sostiene Aravena.

EMPRENDIMIENTOS
Datos de Start-Up Chile, el programa de emprendedores de Corfo, muestran que el 5% de sus proyectos se inscriben dentro de la categoría de economía colaborativa, que equivale a 40 iniciativas. Entre ellos Joldit, que mapea estacionamientos particulares para arrendar y ofrecer, o 123 Listo, que permite encontrar rápido servicios como gasfitería o jardinería, entre otros.

"Estas iniciativas no sólo motivan al ahorro, sino además una economía más eficiente que cuida los recursos naturales. Así se crea una sociedad más horizontal, más conectada y que pueda influir en decisiones sociales", dice Dalma Berkovics, de OuiShare en Chile.

Es la filosofía de Cumplo. Jean Boudeguer, cofundador y gerente general, cuenta que se trata de una red de personas que permiten dar créditos a menores tasas. El usuario sube su petición de financiamiento on line, donde es vista por más de 500 inversionistas que deciden si financian parte del monto. Se piden requisitos, pero menos que en un banco.

El periodista Amaro Gómez-Pablos solicitó 21 millones de pesos a este sitio para comprarse una camioneta con la que pretende hacer documentales: 14 inversionistas lo apoyaron. Deberá pagar en 24 meses, con una tasa de 16%. "Es un sistema mucho más amigable y rentable. Y es persona a persona. La gente se vincula a través de esta red para conocer cuáles son los sueños de quiénes están solicitando el crédito", dice el periodista en un video donde explica su preferencia.

Otro sistema de lograr financiamiento para un proyecto personal es el crowfounding. El más popular en nuestro país es Idea.me, sitio con 30 proyectos financiados. Aquí se postula una iniciativa para que otros la apoyen con dinero, pero en vez de prestarlo, lo aportan. A cambio, reciben una recompensa, por ejemplo, una copia del disco autografiado que financiaron. "Genera oportunidades a personas que de otro modo no tendrían. Hay un empoderamiento ciudadano, que genera un entorno colaborativo", dice Cristián Martínez, su gerente. Uno ejemplo: Pewen Collector, un videojuego para iOS, inspirado en el pueblo mapuche que reunió US$ 5 mil dólares para existir.

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