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Actualizado el 18/06/2017
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El efecto imitación

Autor: Ricardo Hepp

DE TANTO emplear palabras con un significado que no les corresponde, el uso erróneo se va imponiendo en el lenguaje escrito y hablado. El lector Eduardo Jara Miranda señala que en los últimos días ha vuelto a leer, tanto en La Tercera como en otros medios, que “se han levantado cargos en contra de (…)” un fiscal. Agrega que “el verbo ‘levantar’ es del todo inapropiado para expresar la idea que se pretende comunicar. En derecho procesal y en derecho administrativo se usa, en estos casos, el verbo ‘formular’: se han formulado cargos (…)”

El diccionario de la Real Academia Española, DRAE, incluye 34 acepciones para el verbo “levantar”, pero ninguna se puede asociar específicamente a “levantar un cargo”. Solo una de ellas, la vigesimosexta, se acerca algo, pero poco. Dice: “atribuir o imputar”, pero con el agregado de “maliciosamente, algo falso, como levantar una calumnia o un falso testimonio”. Otra de las acepciones es derechamente contradictoria, ya que dice: “hacer que cesen ciertas penas, prohibiciones o vejámenes impuestos por autoridad competente”. El lector indica que lo grave es que se produce un efecto de imitación, que luego recogen otros medios hasta que el mal uso se vuelve general.

El término “formular”, que significa “enunciar en términos claros y precisos una proposición, una queja o una denuncia (…)” parece ser el más exacto.

Género y sexo

Marlén Santis dice que lee y escucha con frecuencia “todas y todos” y señala que, como indica la gramática española, “en los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para referirse a la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos, como: ‘Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto’”.

La Academia de la Lengua considera que estos desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto, como “el desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad”. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina se funda en razones extralingüísticas. Por lo anterior, la Academia sugiere evitar estas repeticiones “que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”.

El sitio universitario Castellano Actual indica que “por cuestiones políticas e ideológicas salta como noticia el tema de que el lenguaje discrimina a las mujeres, y por ese motivo se está extendiendo la costumbre de hacer explícita la alusión a ambos sexos, como: peruanos y peruanas, niños y niñas, amigos y amigas, todas y todos”. Agrega que “esto sucede, al parecer, porque no se tiene claro que género y sexo son dos cosas distintas: el género responde a una cuestión gramatical; y el sexo, en cambio, responde a un aspecto biológico”.

Además, en nuestra lengua, el género totalizador es el masculino. Tiene un significado más extenso que el femenino, de modo que, si hay dos o más términos en una enumeración, estos concordarán en masculino, como “el deseo y la aventura caminaban juntos”.

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