El Royal Scotsman ofrece el romanticismo de los viajes de antaño

Este tren de lujo circula lentamente por diversas localidades de las Tierras Altas de Escocia.




De la serie de trenes que circulan en el mundo, el Royal Scotsman es uno de los pocos que aún se conservan en la vieja Europa.

Según la revista Hola, puede que este medio de transporte no tenga ni el nombre ni el toque de leyenda que envuelven al Orient Express, pero se asemeja en la calidad de su servicio e incluso lo supera en comodidad y precio, ya que por algo más de 1,9 millones de pesos por persona se puede disfrutar de un itinerario corto de dos noches viajando por las Highlands (Tierras Altas Escocesas).

Aunque una vez a bordo, hay diversas actividades que son gratuitas, como las visitas a destilerías, castillos o grandes mansiones, los artistas y narradores de historias que suben todas las noches para amenizar las veladas y los vinos que acompañan las comidas y cenas en sus vagones-restaurante.

El Royal Scotsman acoge un máximo de 36 pasajeros en cada viaje, los cuales son atendidos por unos doce tripulantes. En tanto, quienes se embarquen en este viaje del lujo se instalarán en camarotes de madera muy amplios y verán pasar desde sus ventanas algunos de los tramos más idílicos de las Tierras Altas de Escocia.

Por lo que los turistas podrán disfrutar de ese romanticismo de los viajes de antaño a bordo de un extravagante tren que se mueve lentamente y que deja apreciar las maravillas del entorno.

Este verdadero hogar por algunos días parte siempre desde la estación de Edimburgo (Reino Unido) despedido por una banda de gaiteros, y ofrece entre abril y octubre, itinerarios de dos a siete noches por distintas localidades de las Highlands, sin que importe mucho hacia dónde se está yendo realmente.

Y es que lo esencial es encontrarse dentro del Royal Scotsman, disfrutando de una ternera de Angus en una cena de gala en la que los hombres deben usar esmoquin, o de una conversación con un viajero de lo más cosmopolita. Pero lo más importante, viajar y no tener ganas de llegar a destino.

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