Entre la reflexión y la censura: el arte de la provocación

El director del MACBA de España renunció por una obr a que se burla del Rey Juan Carlos I. El caso abre la discusión sobre los límites del arte político, que han cruzado desde León Ferrari a Nicanor Parra.




La escultura de la artista austríaca Ines Doujak había sido expuesta el año pasado en la Bienal de Sao Paulo y en el Royal College of Art de Londres, pero hasta ahora había pasado completamente desapercibida. No es difícil entender por qué: la obra que muestra al Rey Juan Carlos I, la activista obrera y feminista boliviana Domitila Barrios y un pastor alemán sodomizándose, no había hecho ruido alguno en otra parte, hasta que tomó una connotación más agresiva cuando la semana pasada fue presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), dentro de la exposición La bestia y el soberano, coproducida por el Württembergischer Kunstverein (WKV) de Stuttgart. El día de la apertura, el director del MACBA, Bartomeu Marí, suspendió la muestra debido a lo inapropiado de la pieza, lo que provocó una serie de críticas desde el mundo del arte y desde el interior de la misma institución, donde se opusieron a la censura. Ante la presión, Marí cedió a inaugurar la exposición el viernes pasado; sin embargo ayer decidió dejar su cargo a disposición, tras siete años frente al museo, pero antes despidió a los curadores a cargo de la muestra: Paul B. Preciado y Valentí Roma.

La controversia reabre la discusión sobre los límites de este tipo de arte, que en su mayoría busca provocar al mundo político y religioso, pero también cuestiona la potestad de los agentes culturales para coartar la libertad de expresión. El caso del MACBA tiene sus artistas particulares: primero, la presidenta de honor del patronato del museo es la esposa del aludido en la obra, la Reina Sofía, hecho que sin duda puso en aprietos al ex director Bartomeu Marí. Otros advierten su propia negligencia, ya que Marí declaró desconocer la existencia de la pieza, cuando él visó la exposición. "Lo de Marí se veía venir. En apenas cuatro años ha tenido cuatro conservadores jefes, lo que indica un problema a la hora de trabajar en equipo. Durante la época de Marí la programación del MACBA ha sido poco transgresora y por eso la institución lleva años con un bajo perfil en el circuito internacional", comenta el curador español Paco Barragán, quien acaba de llegar a Chile para hacerse cargo de la programación del Centro Cultural Matucana 100.

"El caso específico de la obra de Ines Doujak, que tuve oportunidad de ver en la Bienal de Sao Paulo, me parece totalmente inocuo y de hecho ni siquiera reconocí al Rey de España en ella. No creo que aporte nada significativo al arte contemporáneo, y por eso Marí se equivocó: debió dejar que se expusiera y que la censura llegara desde otro lado, pero no de él", agrega Barragán.

No es la primera vez que desde el surgen obras que se enfrentan o desafían a los grandes poderes. Por ejemplo, el artista italiano Maurizio Cattelan es mundialmente reconocido por sus esculturas polémicas. Para hablar sobre la desmitificación de la Iglesia, en 1999 exhibió en la Royal Academy de Londres La nona ora, una instalación donde se ve al Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito. Más tarde, en 2012, exhibió en un antiguo gueto de Varsovia una estatua de Hitler arrodillado orando, realizando un gesto reivindicatorio moral sobre el Holocausto. "Hay obras que son menos obvias y tienen un efecto mucho más potente. Creo que la capacidad el arte también está en la sutileza, en la complejidad del discurso y en una cierta ambigüedad que le permite al espectador encontrar su opinión", dice Paco Barragán.

Arte polémico

La escena del arte local también ha sabido de polémicas. Francisco Brugnoli, director del Museo de Arte Contemporáneo, recuerda la instalación del artista danés de origen chileno Marco Evaristti, quien en 1997 exhibió 10 jugueras enchufadas y llenas de peces en su interior, que invitaban al público a encederlas. La acción despertó la indignación de grupos animalistas y nadie se atrevió a encender las jugueras. "Yo era consciente de que sería una obra muy provocadora, sobre todo por el contexto del país, que venía saliendo de la dictadura, y nadie quería ver ningún tipo de vida puesta en juego. Aparecimos en la tele, muchas gente reclamó y la obra se cortó. Evaristti pidió volver a conectar las jugueras, pero yo me negué, porque finalmente se había cumplido el objetivo, que era hacer que la gente reflexionara sobre el problema moral de la muerte", dice Brugnoli.

El año pasado el museo volvió a acoger una obra política: el artista Papas Fritas instaló una escultura donde se veía a Pinochet y otros ex presidentes acribillados por un escolar encapuchado. Hoy Brugnoli cuestiona la instalación: "Creo que la obra era demasiado ilustrativa, no llamaba al espectador a involucrarse y se convirtió también en un problema para los curadores, porque opacó la muestra en la que estaba inserta", dice.

Otra instalación controversial fue la que el poeta Nicanor Parra hizo en 2006 dentro de su retrospectiva Obras públicas, en el Centro Cultural La Moneda. Su nuevo artefacto El pago de Chile reproducía fotos a escala de todos los ex presidentes, ahorcados. Hubo polémica, quejas de la ex ministra de Cultura Paulina Urrutia, y la directora Morgana Rodríguez salió del cargo, pero la obra igual se exhibió. Hoy es un clásico.

Así pasa con algunas obras controversiales, que terminan convirtiéndose en símbolos, como La civilización occidental y cristiana, de 1965, del argentino León Ferrari, la que muestra a Cristo crucificado en un bombardero norteamericano, obra que alude directamente a la Guerra de Vietnam. La obra consolidó la carrera de Ferrari y lo situó como un artista de opinión. Hasta hoy las lecturas entre la Iglesia, la guerra y el mercado de las armas es posible. "Si lo piensas, en el arte hay poca censura, porque a diferencia de la publicidad, el cine o la música, el arte conecta con muchas menos audiencias. Usamos un lenguaje más críptico, lejano, pero no por eso el arte es menos peligroso", apunta Paco Barragán. "Lo cierto es que el arte es el campo de batalla donde se van probando nuevas ideas, que luego son tomadas por la publicidad, el cine, la música. El arte se filtra en la sociedad de maneras más silenciosas".

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.