Escolares que estudian con profesionales de otras áreas han elevado su rendimiento al doble

Alumnos del proyecto Enseña Chile, que busca suplir el déficit de profesores de ciencias y matemáticas de colegios pobres, ya superan el 70% de logro.




BÁRBARA SOTO, PROFESORA DE LENGUAJE EN PEÑALOLÉN
Cuando Bárbara Soto, periodista de la Universidad Católica, llegó a hacer clases de lenguaje al colegio Valle Hermoso de Peñalolén, le aclararon que los alumnos no leían, así es que decidió hacerles leer un texto cercano a su realidad. El título: "El pecado del rucio: las claves del crimen de Hans Pozo".

"Lo elegí porque es una realidad para ellos, tratando de que tomaran conciencia y no terminaran así", cuenta. La lectura fue un éxito: los alumnos se lo devoraron y, para la mayoría de ellos, era el primer texto que caía en sus manos. "Cuando corregí la prueba, me encontré con respuestas de casi cinco hojas. Incluso, han llegado a sugerirme libros", recuerda.

El primer semestre de Bárbara Soto en Enseña Chile ha sido gratificante, por el resultado de sus alumnos. El curso del que es profesora jefa, el segundo año medio B, ha tenido un cambio radical. "Eran muy desordenados y el año pasado 20 de ellos repitieron. Hoy, han subido más de un punto su promedio, a 5,1 (el año pasado era de 4,4) y tienen un excelente comportamiento, la sala brilla y se quieren y respetan entre sí", cuenta orgullosa. ¿Cómo lo logró? Explica: "Hay dos etapas de un profesor. La primera consiste en poner reglas claras y decir las consecuencias de hacer desorden en clases. Luego, hay que infundir cariño y respeto".

Claro que, entremedio, el esfuerzo ha sido mucho. Se queda horas extras para hacer reforzamiento a sus alumnos -ocupando, por ejemplo, la hora de orientación-, los invita a salir al cine o a la ópera el fin de semana e, incluso, los acompaña al médico y llama  por teléfono a cada apoderado para que asista a la reunión.

También instauró un preuniversitario gratuito en el colegio los sábados. Partió con cinco alumnos y hoy está copado. Hasta el joven que atiende el quiosco del colegio se inscribió. Uno de los alumnos que no se lo pierde es Y.P., de cuarto año medio. "El día que lo conocí me dijo: 'Voy a estudiar vagología'. Hoy, quiere ser profesor y lograr puntaje nacional en la PSU. Hace unos días me escribió por internet y me dijo: 'Fue su cariño el que hizo que ese joven ya no exista y ahora quiera ser profesor'".

HÉCTOR REYES: APRENDIENDO MATEMÁTICAS CON ROBOTS
Alumnos que apenas se sabían las tablas y que se desmotivaban al primer fracaso. Eso es lo que encontró, a principios de año, Héctor Reyes, ingeniero civil industrial y candidato a doctor en Robótica, en el cuarto medio B del colegio Industrial Las Nieves, de Puente Alto, del que tuvo que hacerse cargo como profesor jefe.

"La pega es dura: hay que llevar a 45 personas a la meta", confiesa, pero es eso lo que le gusta de enseñar. "Si un alumno no quiere aprender, me motiva aún más", confiesa.

El desafío no ha sido fácil. Todo marzo lo dedicó a motivar a sus alumnos, mostrándoles pequeños ejemplos de cómo se puede avanzar paso a paso y de cómo de cada error se saca una enseñanza. Lo hizo con lo que más le gusta: la robótica. Les mostraba a los alumnos cómo hacer funcionar los robots que él mismo construye y, de paso, les enseñaba las operaciones abstractas de matemáticas,  como las funciones.

Con el método, los alumnos están entusiasmados y han mejorado su rendimiento. En la última prueba externa de evaluación tuvieron un 76% de logro, mientras que antes sólo aprendían un tercio. La meta, de Enseña Chile y que los maestros han asimilado, es lograr el 80% de dominio de las materias al término del segundo año.

DE LA CIUDAD AL CAMPO
La vida en Cunco no ha sido fácil para Alicia Foxley, socióloga de la UC y hoy profesora de lenguaje y comprensión de la sociedad de la escuela San Francisco.

Viaja desde Temuco a Cunco en un furgón que lleva el pan. Y en la escuela, que llega hasta octavo, los alumnos tienen bajas expectativas: el futuro se debate entre trabajar como temporeros o ayudar a sus familias en el campo.

"Motivarlos y que se sientan capaces, es mi lucha", dice. Si bien hasta ahora no hay grandes logros, ella se conforma con pequeños pasos. "Había una niña que no participaba, aunque yo sabía que ella sabía las respuestas. Cuando levantó la mano por primera vez, yo no pude más de orgullo".

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