Estudio indica que padres apoyan más a los hijos que consideran exitosos

El retraso en la independencia ha favorecido que la ayuda paterna sea más extensa que hace décadas. Pero no es igual para todos.




Isidora (27) aún vive en la casa de su madre (58). Terminó sus estudios técnicos, trabaja, pero un embarazo no planeado la obligó a buscar apoyo en su mamá. Ella sabe que siempre que necesite dinero, consejo y techo para ella y su hija, su madre estará allí, pero también tiene claro que ese apoyo es distinto cuando quien lo solicita es su hermano Ricardo (38), ingeniero exitoso y el orgullo familiar. Aunque su vida no ha estado exenta de problemas, su madre "corre" cada vez que él le pide un favor. "No creo que lo quiera más que a mí, pero siento que ella ve que representa el fruto de su trabajo. Yo, en cambio, soy parte de su fracaso, la hija que no puede valerse por sí misma. A mí me ayuda porque no le queda otra, a él por gusto", admite Isidora.

Su caso no es aislado y ahora un estudio confirma lo que varios especialistas familiares han visto en sus consultas: los padres siempre están dispuestos a dar una mano a sus hijos en dificultades, pero prefieren apoyar a los más exitosos. La investigación   de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, analizó a 600 padres de entre 40 y 60 años, sobre cómo ayudaban a sus hijos adultos, comprobando que al menos una vez cada dos semanas los asistían desde entregarles consejos hasta ayuda económica.

A los más problemáticos su ayuda consistía, principalmente, en apoyo financiero, como una manera de mitigar sus dificultades. Mientras que a los hijos que les iba mejor, su apoyo era  permanente, ya sea en consejos y dinero, sin necesidad de que lo pidieran. Un apoyo incondicional.

FUTURO ECONÓMICO
En el estudio, publicado en el Journal of Marriage and Family, su autora, Karen Fingerman, dice que hoy la trayectoria hacia el éxito depende de muchas habilidades y de gran preparación, lo que supone un gran costo en términos de dinero, tiempo e inversión emocional, del cual los padres se están encargando.

Ello ha retrasado la transición de la adolescencia a la edad adulta, lo que ha favorecido a que esa ayuda se extienda. Especialistas incluso hablan de una nueva etapa entre los 25 y 35 años, denominada "la edad de la odisea". Lo que en Chile se refleja, por ejemplo, en que entre 1992 y 2002 el número de estudiantes entre 25 y 35 años, pasara de 11% a 18% y que los hombres y mujeres mayores de 30 años que continúa viviendo con sus padres aumentase, en ese mismo período, en un 41% y 25%, respectivamente.

Esa inversión es vista por los padres como un modo de asegurar su soporte económico a futuro, dice el estudio. "Ciertamente, los hijos exitosos suponen una buena inversión para los padres, aunque también lo es rescatar a los hijos que están teniendo problemas. Por eso, aunque la mayoría de los padres desea emplear más tiempo en ayudar a sus hijos exitosos, también apoyan económicamente a aquéllos problemáticos", indica la autora.

Para Jaime Yáñez, sicólogo de la U. Central, esa relación con los hijos más exitosos es más comprometida e incondicional, porque "las familias los ven como una vía de promoción social, y ayudarlos es una inversión para que ésta salga adelante". También, están más sensibilizados con entregar ese apoyo, dice el sicólogo, porque han visto cómo ese hijo se ha sacrificado y esforzado más. Concepto que además se refuerza con la gratificación social que les otorga en su entorno, que resalta sus logros, lo que contribuye a que los padres vean en él el fruto de su propio trabajo, dice Yáñez.

El hijo favorito

Para Jaime Yáñez, sicólogo de la U. Central, el que los padres apoyen más a sus hijos exitosos no es más que una prolongación de una de las dinámicas familiares que más conflictos genera: las comparaciones entre hermanos. "Pese a que los padres insisten en que tienen trato igualitario con todos, hacen muchas veces comparaciones implícitas que produce que los hijos a los que les va peor se sientan dejados de lado, lo que hace emerger los celos y envidias". Si esas diferencias no se aclaran, dice el sicólogo, se crea un problema no sólo para el hermano que se siente dejado de lado, sino también para el "favorito", ya que ello dificulta la comunicación con el resto de sus hermanos.

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