Gibson, Nolan y Zemeckis reinventan la Segunda Guerra

Soldado Desmond T

Un soldado que pelea sin armas en el frente del Pacífico, un ejército acorralado por los alemanes y dos curiosos aliados en Francia, dan cuenta de la nueva mirada de Hollywood a la inagotable cantera de historias bélicas.




Desmond Doss es un buen chico. Hijo de la piadosa Bertha y del alcohólico Tom Doss, Desmond tiene claro que las armas no son la mejor alternativa para solucionar los problemas en la vida. En el mejor de los casos son una calle sin salida y en el peor, un sendero que lleva directo al infierno. Practicante aplicado de los dogmas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, aún no puede borrar el recuerdo infantil de la mala tarde en que su padre le puso una pistola en la cabeza a su madre. Tampoco puede perdonarse no ir al frente y luchar junto a sus compatriotas que dan la batalla en Europa y en el Pacífico. En ese estado, desgarrado entre un patriotismo platónico y una aversión innata a tirar del gatillo, irá de todas maneras a la pelea.

Este personaje, algo así como una contradicción ambulante, protagoniza Hasta el último hombre (2016), la película que puso nuevamente a Mel Gibson en el mapa tras una década de ostracismo y rechazos disparados por sus comentarios antisemitas y su conducta errática en Hollywood. Estrenada con gran aprobación crítica en el último Festival de Venecia, la película marca además el retorno de Gibson a la silla de director tras Apocalypto (2006), su feroz y sangrienta aproximación a la civilización maya.

Protagonizada por Andrew Garfield (El sorprendente hombre araña), Hasta el último hombre se estrena en Chile en la primera quincena de enero. La apuesta de su distribución internacional tiene que ver con las buenas reseñas, sus evidentes opciones en la carrera por los Oscar y, quizá más que ninguna otra variable, el invencible encanto y devoción que siempre despiertan los filmes ligados a la II Guerra Mundial, el conflicto bélico más idealizado por Hollywood.

Como gran parte de las películas del género, ésta se basa es una historia real y Gibson fue contactado por los productores básicamente porque era el único diestro en mezclar los tópicos de la fe y de la violencia en una historia de proporciones épicas, como lo había hecho en La pasión de Cristo (2004). Sin embargo, para Gibson también había otra motivación: su propio padre, el católico ultraconservador Hutton Gibson, había peleado en el Frente del Pacífico, en la Batalla de Guadalcanal.

Más allá de las curiosidades familiares, Hasta el último hombre ha sido celebrada por la mayor parte de la crítica estadounidense. Su historia es de un heroísmo casi naíf: Desmond Doss, trabajando como médico y sin portar armas, ayudó a salvar 75 vidas en Guadalcanal.

Romance aliado

Ir al norte de Africa para contar una historia de amor, bajo el paraguas emocional de la guerra, tiene lo suyo. Después de todo, ahí transcurría Casablanca (1942), el clásico con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Allá también van el espía canadiense Max Vatan y la integrante de la Resistencia francesa Marianne Beausejour en Aliados (2016), la nueva película de Robert Zemeckis (Náufrago, Forrest Gump). Los actores que los encarnan son Brad Pitt y Marion Cotillard y, claro, la cinta se hizo conocida antes del primer tráiler gracias a la prensa rosa: tras el quiebre entre Pitt y Angelina Jolie, se mencionó a Cotillard como causante de la desavenencia amorosa del año.

El filme llega a Chile el 12 de enero y en EEUU se estrena dentro de dos semanas. Probablemente, también entre a disputar alguna estatuilla. Su historia es del guionista Steven Knight (Promesas del este), quien se inspiró en un caso real. En pleno conflicto bélico, el canadiense Max Vatan es enviado a Casablanca, Marruecos, con el objetivo de liquidar a un alto oficial de la Gestapo. Ahí conoce a Marianne, una atractiva resistente que tiene más o menos el mismo objetivo. Ambos se relacionan, se quieren más de la cuenta, se casan, se van a vivir a Londres, tienen una hija y, en el momento menos pensado, a Max le dicen que lleva demasiado tiempo durmiendo con el enemigo: Marianne, al parecer, es una contraespía.

Aunque Aliados combina los géneros del espionaje y del romance, su historia no habría sido posible sin la fuente original. Es decir, sin el complejo territorio moral de la lucha de la Resistencia francesa bajo la ocupación alemana.

Los derrotados

Es un cliché, pero por lo mismo suele ser cierto: las mejores historias de guerra son las de los perdedores. Si la película de Gibson conjura heroísmo y modelos de vida, la nueva cinta de Christopher Nolan (El origen) es la descripción a escala monumental de una gran retirada. O, si se quiere, la historia de unos soldados tratando de salvar el pellejo. Se trata de Dunkirk, su nuevo largometraje tras Interestelar (2014).

Protagonizado entre otros por Tom Hardy, Cillian Murphy, Kenneth Branagh y Harry Styles, el largometraje es uno de los más esperados de 2017 y tendrá un estreno mundial (incluyendo Chile) a fines de julio. Con guión del propio Nolan (uno de los pocos que escribe sus historias en el Hollywood de los grandes presupuestos), Dunkirk escenifica la llamada Operación Dínamo, la ambiciosa y arriesgada estrategia de los aliados para retirar tropas desde el puerto francés de Dunkerque tras el avance alemán.

Tras el implacable cerco de los germanos en la llamada Batalla de Francia (que a la larga significaría la ocupación nazi de Francia y Bélgica), un gran contingente de soldados británicos, franceses y belgas quedaron abandonados a su suerte. En ese contexto, el alto mando británico decidió armar una operación de rescate que permitió retirar a más de 300 mil soldados desde la costa francesa entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940.

La historia tiene la cara de la derrota (el cerco de los germanos fue llamado por Winston Churchill "un colosal desastre militar") y del alivio (el mismo Churchill llamó "un milagro" a la Operación Dínamo), en la medida que gran parte de los soldados lograron salir con vida desde Dunkerque mientras la Luftwaffe y la artillería alemana bombardeaba y atacaba por todos los flancos.

La película promete ser un espectáculo visual a gran escala y tal como Quentin Tarantino lo hizo en su western Los ocho más odiados, Nolan utilizó el panorámico formato de 65 mm. Además, el realizador inglés es uno de los pocos en Hollywood que tiene carta blanca para trabajar con celuloide y olvidarse del digital.

Otros derrotados en esta temporada bélica son los hombres del crucero USS Indianápolis, quienes el 30 de julio de 1945 quedaron ad portas del naufragio absoluto en un mar infestado de tiburones tras sufrir el torpedeo masivo de un submarino japonés. Esta es la tragedia que recrea USS Indianapolis: Men of Courage, película de Mario Van Peebles protagonizada por Nicolas Cage y Tom Sizemore que este viernes tuvo su estreno en Estados Unidos. La historia del USS Indianapolis posee una sintomática anécdota colateral: antes de su hundimiento, el barco había dejado en la base americana de Tinian los componentes esenciales de la bomba atómica que caería en Hiroshima.

Dentro de este panorama de batallas y espías, hay una quinta película que se ubica lejos de los clásicos escenarios de Europa Occidental y el Pacífico. Se trata de Operación Anthropoid (2016), cuya intriga transcurre íntegramente en Praga durante seis meses del año 1942: los miembros de la resistencia checa Jozef Gabcik (Cillian Murphy) y Jan Kubis (Jamie Dornan) planean, desarrollan y ejecutan el atentado contra Reinhard Heydrich, uno de los arquitectos del Holocausto y uno de los oficiales de más alto rango en la línea de mando nazi tras Adolf Hitler y Heinrich Himmler. Dirigida por el británico Sean Elllis, ya tuvo su estreno en el festival checo de Karlovy Vary, en general con muy buenas críticas. La cinta, cuya historia original inspiró Los verdugos también mueren (Fritz Lang, 1943) y la premiada novela HHhH, de Laurent Binet, debería llegar a las salas chilenas en el primer semestre del próximo año.

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