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Actualizado el 18/12/2017
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Guillier reconoce “derrota dura” y “macizo triunfo” de su contendor

Autor: Isabel Caro y Nicolás Guzmán

El senador obtuvo 3,1 millones de votos, el peor resultado de un candidato de centroizquierda en el balotaje.

Guillier reconoce “derrota dura” y “macizo triunfo” de su contendor

Faltaban pocos minutos para las 20 horas de anoche cuando un sereno Alejandro Guillier subió al escenario montado en el Hotel San Francisco para reconocer la “derrota dura” que sufrió ante Sebastián Piñera.

“Guillier, amigo, el pueblo está contigo”, gritaban los adherentes, mientras él, acompañado de su mujer y dos de sus hijos, se aprestaba a reconocer el resultado en un sentido discurso, el cual había comenzado a delinear alrededor de las 18.30 horas.

En su alocución, que casi no leyó, felicitó a Piñera por su “impecable y macizo triunfo” y señaló que la suya fue “una derrota electoral, pero no va a ser una derrota política si somos capaces de levantar una oposición republicana”. El senador obtuvo 3,1 millones de votos, el peor resultado de un candidato de centroizquierda en el balotaje.

Flanqueado también por miembros de su comando y algunas figuras de la Nueva Mayoría, como la electa senadora DC Yasna Provoste, Guillier advirtió que la de ayer fue una “jornada dolorosa”, pero invitó a “aprender de la elección, a estudiar los resultados del voto ciudadano y a reconstruir una opción democrática, una opción solidaria, una opción para Chile basada en los principios de la solidaridad, de los principios de libertad y de igualdad de oportunidades (…). Pero también hay que ser autocríticos: hemos sufrido una derrota dura y de las derrotas es de donde más se aprende. Tenemos que levantar nuestro ánimo y salir a defender las reformas en las que creemos”.

Al término de su discurso, Guillier y su mujer se dirigieron al Hotel Crowne Plaza para felicitar al nuevo presidente electo, a quien había llamado media hora antes de reconocer su derrota en público. Allí, estuvieron reunidos alrededor de 20 minutos antes de salir a enfrentar a la prensa, en una conferencia que tuvo la bandera de Chile cómo telón de fondo. Guillier fue el primero en tomar la palabra.

“Hemos venido a saludar en el espíritu republicano que representa una elección tan impecable como la que hemos tenido hoy en Chile, con incluso una mejora en la participación y con un ganador neto, claro, categórico”, dijo el senador, y añadió que “en esa condición vengo a decirle que estaré en la oposición como corresponde a nuestro rol, pero será una oposición constructiva. Creo que Chile tiene una agenda de transformaciones y reformas pendientes donde tenemos muchos acuerdos a nivel nacional y, por lo tanto, va a haber una colaboración eficaz para que tengamos un muy buen gobierno”.

“Cuando al presidente de Chile le va bien, a todos los chilenos les va bien”, remató el parlamentario por Antofagasta.

Luego, cuando Piñera le agradeció su presencia e incluso se abrió a recoger sus propuestas durante su mandato, al senador se le vio con una sonrisa forzada y asintiendo a ratos las palabras de su otrora contendor.

La previa

Hasta la tarde de ayer nada en el comando de Guillier hacía prever el desenlace de la jornada. Por el contrario, el ambiente era de optimismo y el mismo candidato así lo dijo en la mañana: “Yo creo que vamos a ganar por una diferencia clara. No tan así milimétrica. Estrecha pero clara”. Y hasta alcanzó a bromear con su eventual triunfo cuando señaló que a Piñera “lo recibiremos, en todo caso con un traguito para ayudar”.

Más tarde, eso de las 17 horas, Guillier llegó al Hotel San Francisco. Descansó en una habitación, para luego reunirse con sus más cercanos a esperar los resultados. Mientras, el comando proyectaba distintos escenarios de participación y, muy lejos de lo que finalmente ocurrió, decían que si pasaban los 6,1 millones de votantes tenían altas probabilidades de ganar.

En la última proyección previo al cierre de las mesas, auguraban que a las 17.30 horas había votado el 95% de quienes lo hicieron en la primera vuelta, con 145 votos promedio por mesa.

Poco raro después -a medida que se conocían las cifras oficiales- los ánimos decayeron. Los del comando se recluyeron en otros salones del hotel.

La historia cambió de final.

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