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Actualizado el 23/09/2017
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Historia oculta del primer debate presidencial

Autor: Ignacio Bazán

Este jueves, la ANP abrirá la temporada de debates presidenciales. El primero en Chile -y en Latinoamérica- fue el 9 de octubre de 1989 entre Patricio Aylwin y Hernán Büchi, por Canal 13, y con Pinochet aún en el poder. Esta es la historia de un debate tenso, que juntó en el público a gente tan diversa como Ricardo Lagos y Álvaro Corbalán.

Historia oculta del primer debate presidencial

Era el 9 de octubre de 1989 y Augusto Pinochet ya había perdido el plebiscito hacía poco más de un año, pero todavía era el presidente y eso se notaba. Ese día de octubre, en el estudio principal de Canal 13 se hizo el primer debate presidencial televisado en Chile, que enfrentó a Patricio Aylwin, de la Concertación, contra Hernán Büchi, el candidato de la derecha, en ese entonces del pacto Democracia y Progreso. La experiencia, según anunciaba en la transmisión Hernán Precht, el moderador del evento, era también la primera en Latinoamérica.

Han pasado casi 28 años desde ese primer debate presidencial. Mirarlo abre una ventana hacia un estilo de hacer política -y de hacer periodismo- prácticamente en extinción. El contexto, dice Bernardo de la Maza, uno de los periodistas que participaron del debate, es fundamental para entender lo que pasó esa noche en el estudio de Canal 13. “Todo fue muy tenso”, recuerda De la Maza. “Pinochet había perdido un plebiscito, pero todos sabíamos que su intención había sido sacar los tanques a la calle y no reconocer la derrota. Este no solo era el primer debate presidencial, sino que también el primero y único hecho en tiempos de dictadura. Eso cambiaba todas las reglas del juego”.

Quizás por eso, en el estudio había un silencio absoluto durante la transmisión. Ningún comentario, ningún grito y ningún aplauso se escuchó tras las intervenciones de alguno de los candidatos. Hernán Precht dice que el público se comportó así de manera natural. “A nadie se le ocurrió aplaudir o dar a entender aprobación o desaprobación de lo que decían Aylwin o Büchi durante el debate”, recuerda Precht, quien, además, trabajó en el equipo que se encargó de armar el programa junto al fallecido director Gonzalo Bertrán y Juan Agustín Vargas, hombre de vasta carrera televisiva. El equipo de producción organizó por cerca de cinco meses el debate, que fue el punto cúlmine de un programa de entrevistas políticas llamado Decisión 89. Bertrán había llegado con la idea de replicar los debates presidenciales estadounidenses y buena parte del formato usado se tomó prestado de esas experiencias televisivas. Esa es una de las razones por las que el tercer candidato de esa elección estuviera ausente. Hernán Precht lo explica: “Había cuatro candidatos considerados, pero se bajó de la elección el doctor Fernando Monckeberg. Por el formato, podíamos hacer un debate con cuatro candidatos, pero con tres era más complicado. Y decidimos bajar al candidato con menos posibilidades a cambio de darle dos apariciones individuales en Decisión 89, a diferencia de Aylwin y Büchi, que tuvieron una”.

La elección de los periodistas fue otro tema. Claudio Sánchez, uno de los cuatro periodistas del canal que participaron del panel, recuerda que la idea original era que ambos comandos eligieran un par de periodistas para hacer las preguntas. “Pero no hubo acuerdo y el canal optó por elegir a periodistas propios”.

Hernán Precht lo recuerda de manera diferente: “Quizás Claudio escuchó eso en algún lado, pero para el equipo organizador en el que yo estaba esa nunca fue una posibilidad”.

Las preguntas de los cuatro periodistas convocados por el canal: la fallecida Raquel Correa, Rosario Guzmán, Sánchez y De la Maza, eran cortas y directas. Sin recovecos ni preámbulos. Y en el público, según se puede ver en la transmisión que está disponible en YouTube, pasaban cosas que hoy pueden parecer imposibles, como ver sentado al agente de la CNI Álvaro Corbalán, en ese entonces presidente de Avanzada Nacional, justo en el asiento de adelante del de Ricardo Lagos.

Rosario Guzmán, periodista del canal esos años, dice que no recuerda mucho del debate. “No es algo que me haya marcado, porque la política no era realmente lo mío”, explica. “Yo hacía perfiles humanos, historias, pero en el canal me pidieron que me sumara al panel, porque se había hecho un estudio de credibilidad y yo había salido arriba, junto a Mario Kreutzberger. Era de locos estar ahí, porque el tema político me era más ajeno que cercano, pero no pude decir que no”.

A pesar de que había paridad de género en el panel de entrevistadores -dos por lado-, en el público del estudio eso estaba lejos de ocurrir. A simple vista, durante los varios paneos que hacen las cámaras de Canal 13 en la introducción, se ve que la inmensa mayoría de los 450 espectadores que tuvo el debate en el estudio eran hombres y mayores de 45 años. Entre ellos se puede distinguir al recientemente fallecido Jaime Celedón, a Sergio Melnick, Belisario Velasco, Enrique Silva Cimma, Luis Maira, Gutenberg Martínez, además de otras figuras del canal, como Karen Ebensperger y Javier Miranda. “También se invitó a miembros de las Fuerzas Armadas, embajadores en Chile y autoridades de la universidad y del canal”, complementa Precht.

La introducción del debate fue un tema aparte. Con un ritmo más bien parsimonioso, Hernán Precht presentó a los periodistas recitando buena parte del currículum de cada uno. Se fueron casi cinco minutos solo en esas presentaciones. Luego, otros cinco en presentar a las diferentes autoridades, además de leer una lista de países que se habían acoplado a la transmisión. “Me pasaron un papel con los países justo antes de subirme al escenario”, cuenta Precht. “Nos tomamos el tiempo para agradecer a los países que estaban interesados en lo que ocurría acá”.

Habían pasado casi 10 minutos de transmisión y los candidatos todavía no entraban a escena.

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Rosario Guzmán, Claudio Sánchez y Bernardo de la Maza coinciden en que antes del debate, todos se juntaron un par de veces para definir los temas que desarrollaría cada uno. “Recuerdo que a mí me tocó política internacional y economía, y a Raquel Correa, temas de derechos humanos”, dice De la Maza. Ninguno de los periodistas vio las preguntas que iba a hacer el otro. Hernán Precht agrega que del canal nadie pidió ver los cuestionarios con anticipación, algo en que coinciden los periodistas que participaron del debate.

Claudio Sánchez estaba consciente de lo que se jugaba. “Yo tenía 20 años de experiencia y todos habíamos estado en Almorzando en el 13, pero esto era diferente”, subraya. “Cualquier paso en falso podía ser crítico para la carrera de cualquiera de nosotros. Veníamos de una cuasi guerra en el país y la manera en que fraseábamos tenía que ser directa, pero sin ser ofensiva ni irónica”.

Sánchez también recuerda que los candidatos se inspiraron en la imagen televisiva de los candidatos presidenciales en Estados Unidos: ambos salieron con hombreras en sus ternos para lograr una presencia más imponente.

De lo que se puede ver en los dos videos del debate que el propio Hernán Precht subió a su canal de YouTube, las estrategias de cada lado eran claras. Mientras Patricio Aylwin intentaba asegurar que le podía dar gobernabilidad al país y ponía en duda las credenciales de Büchi, el candidato de derecha intentaba relacionar a su contrincante con la Unidad Popular. “La estrategia de Büchi fue muy parecida a la campaña del terror que hizo el comando del Sí para el plebiscito”, asegura De la Maza. “Eso fue un error, porque ese tipo de estrategia ya había fracasado un año antes”.

Uno de los momentos más tensos del debate fue cuando Büchi acusó a Aylwin de saludar públicamente a Volodia Teitelboim, ex líder comunista en momentos en que el PC todavía se relacionaba a la lucha clandestina. “Mi tarea es unir a los chilenos”, respondió Aylwin. “Por eso, no tengo problemas en saludar al señor Teitelboim, como no tengo inconvenientes en saludar a cualquier chileno sin importar su pensamiento”.

El tono del debate fue un permanente tira y afloja entre economía versus política, logros macroeconómicos versus credenciales democráticas. Büchi buscando despegarse de la imagen del político de la vieja escuela y Aylwin buscando mostrar que podía asegurar crecimiento con justicia social y gobernabilidad.

De todas formas, Aylwin no se mostró tan impresionado con el crecimiento de dos dígitos de los últimos cinco años, precisamente años en que Büchi fue ministro de Hacienda de Pinochet.

“Fue una recuperación del hoyo en que caímos los años 82-83. El crecimiento ha sido bastante poco”, dijo, para luego agregar que sin justicia social, “este país está expuesto a un gran conflicto social”.

De la Maza apretó y le preguntó a Aylwin si admitía alguna política económica acertada impulsada por la administración de Pinochet.

Aylwin fue más bien generoso y admitió una apertura del país al comercio exterior, la diversificación de las importaciones y sus incrementos, equilibrios macroeconómicos, además de la contención de la inflación a tasas razonables. Pero remató diciendo que de todas formas se necesitaba mejorar en temas como la distribución injusta del ingreso, “la vasta pobreza que sufre el país”.

Büchi acusa a Aylwin de tener un programa económico similar al de Alan García en Perú y Raúl Alfonsín en Argentina. Aylwin responde que la acusación es antojadiza. Todo muy guante blanco, hasta que se entra en el terreno de los derechos humanos.

Raquel Correa pregunta a Büchi: “¿Admite usted que durante estos años los organismos del Estado han ejercido violencia en el país?”.

Büchi responde que ha habido violencia en el país y dice que hace pocos días asistió al funeral de un cabo de apellido Pincheira. Luego habló de una reunión con compañeros de colegio en 1975, en que ellos admitían sentir temor por ser opositores al gobierno de Pinochet, pero evita hablar de violencia de Estado.

Raquel Correa contrapregunta: ¿Usted cree que se pueden curar las heridas echándoles tierra?

Büchi dice: “Hay que aprender de los errores y olvidar de los rencores”.

La pelota pasa a Aylwin. Se le pregunta por las organizaciones clandestinas, como el FPMR y algunos atentados recientes ocurridos en el país.

Aylwin responde: “Condenamos toda la violencia. Tanto la revolucionaria como la violencia represiva, innecesaria e injustificada y que ha sido causa de graves heridas que no han cicatrizado en la conciencia nacional”.

Büchi anuncia que “el marxismo murió”, amparado en los procesos históricos de Europa del Este, además de la Perestroika en la ex Unión Soviética. Y luego asegura que de los 17 partidos que apoyan a Aylwin, 10 conformaron la UP y ocho aún se consideran marxistas.
“Yo peleé contra ellos porque los consideraba totalitarios”, responde Aylwin. “Y hoy día me he convencido de que realmente ellos creen en el valor de la democracia”.

Raquel Correa pregunta a Aylwin si consideraría un triunfo o una derrota entregar la banda presidencial a Ricardo Lagos al final de un eventual mandato. Recordemos que Lagos era parte del público.

Aylwin fue transparente y directo: “Naturalmente, no es mi deseo que eso ocurra”, dijo. “Yo aspiro a que me suceda un democratacristiano. Quienes andan inventando por ahí que nosotros hemos cambiado la presidencia de estos cuatro años por un próximo periodo para los socialistas no hacen sino que suponer que nosotros somos imbéciles. Tan tontos para eso no somos. Creo que hemos demostrado que lo que queremos es otra cosa. Yo quiero que en Chile haya un socialismo que continúe en una línea renovada y democrática, como un socialismo de Europa occidental, que pueda colaborar con la DC dando una alternativa estable de gobierno para el futuro. A lo mejor, no va a ocurrir y vamos a disputar el poder”.

Ricardo Lagos tendría que esperar su turno. Aylwin le entregó la banda a Eduardo Frei, quien finalmente, el año 2000, traspasó el poder a Lagos.

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Al final del debate, Claudio Sánchez recuerda que apareció Patricio Aylwin con el jefe de su comando, Jaime Ravinet, en el camarín de los periodistas. “Nos vino a felicitar”, dice. Lo propio ocurrió después con Hernán Büchi y su comando. El jefe de campaña era Sebastián Piñera. Como una suerte de augurio de lo que ocurriría en la campaña de Piñera en 2010, Büchi también había ofrecido la creación de un millón de nuevos empleos durante su mandato.

Tanto Rosario Guzmán como Bernardo de la Maza quedaron con la sensación de que fue Aylwin el triunfador de ese debate. Claudio Sánchez dice que no lo vio en esos términos, que ambos eran pesos pesados. Hernán Precht opta por no dar una opinión. Hasta el día de hoy, prefiere mantener la misma independencia que lo llevó a ser el moderador de ese primer debate presidencial. Todos coinciden en que un debate así en estos tiempos sería fuertemente criticado. “Pero esto se realizó cuando todavía había una dictadura en el poder”, matiza De la Maza. “Por suerte, no existían las redes sociales”, complementa Precht. “Con los estándares de agresividad que hay en las preguntas, hoy nos habrían tratado de ingenuos, por decir algo suave”.

Eran otros tiempos. Después del debate hubo un cóctel para 500 personas en el patio central del canal. Y ahí estuvieron, compartiendo el mismo espacio, los que antes estuvieron dentro del estudio: desde Álvaro Corbalán hasta Ricardo Lagos.

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