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Actualizado el 16/06/2017
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Karen Hinrechsen: “No conocí a mi padre”

Autor: Tania Opazo

#CosasDeLaVida: “A veces me pregunto si en el caso de que tuviera hijos se parecerían a él. O si tendré algún tipo de predisposición genética a alguna enfermedad”.

Karen Hinrechsen: “No conocí a mi padre”

Mi papá se llamaba Luis. Debe haber tenido cerca de 55 años cuando nací y murió de cáncer de pulmón cuando yo tenía nueve. Lo vi unas tres o cuatro veces, pero no lo recuerdo. Tampoco tengo fotos de él. Si estuviera vivo y se sentara a mi lado no lo reconocería.

Mi mamá me contó en términos muy genéricos que mi papá no me quería, que tenía otra vida, y que ella era mi única familia. Yo crecí con esa idea. Ella fue papá y mamá proveedora y jamás en la vida me faltó algo. Tener una mamá tan empoderada, que contra viento y marea me sacó adelante, me provoca profunda admiración y siempre ha sido un ejemplo.

A los 22 años, cuando estaba en la universidad, me dio una fuerte depresión y ahí empecé a indagar sobre él. Estaba estudiando historia y me pareció chistoso lo poco curiosa que había sido yo con mi propia historia. Me cuestioné si me había querido o no y busqué antecedentes.

Como mi mamá nunca quiso darme muchas respuestas, le pregunté a mi tía Mónica. Ahí ella me dijo que cuando nací él trató de acercarse y fue mi mamá la que no quiso que tuviera nada que ver conmigo. La verdad es que creo que ella quiso tener un hijo y el con quién no fue importante. Era una mujer autosuficiente, solvente económicamente y en los 80 con 35 años ya eras vieja, entonces no se quiso quedar sola. Fue cruel en la toma de decisiones, muy fría. Por ejemplo, me mantuvo el apellido de mi papá pero no dejó que me reconociera, porque si a ella le pasaba algo me iba a tener que quedar con él.

Mi tía me contó que cuando mi papá se enfermó lo fue a ver al hospital. Él preguntó por mí y dijo que me quería ver, pero al parecer mi mamá se negó. Mi tía me confesó que se arrepentía mucho de no haberme llevado, que no quiso cuestionar a su hermana, pero que debió pensar en mí.

Mi mamá me dio tres referentes paternales: el marido de mi tía que ayudó en mi crianza; el marido de mi madrina, que es mi segunda madre; y mi vecino, el papá de mi mejor amigo de la infancia. A los tres les digo papá y ellos recibían mis regalos del Día del Padre.

Me acuerdo que para uno de mis cumpleaños, cuando tenía cuatro o cinco años, mi papá biólogico llegó con un regalo y me escondí debajo de la cama. Ya era complejo tener “papás”, en plural y a eso súmale un caballero al que no veía nunca y al que supuestamente también le tenía que decir así. Me colapsó.

Un día estaba jugando con mis amigos y mi mamá me dijo: “Tu papá se murió”. Sabía que estaba enfermo, pero como él no era un referente para mí, no fue tema. Me preguntó si quería ir a su velorio y dije no, preferí quedarme jugando.

No sé mucho de él, pero creo que tengo las respuestas justas y necesarias. Era de Tomé, hijo único, alto y rubio, típicos rasgos muy alemanes. Su apellido era Hinrichsen (con i) y yo soy Hinrechsen (con e) porque se equivocaron en el Registro Civil. Era vendedor viajero y conoció a mi mamá en la empresa textil donde ella trabajaba. Tuvo dos matrimonios, de los que nacieron cuatro hijos, a los que no conozco. Sé que el mayor de ellos falleció, lo descubrí googleando, y tengo tres medias hermanas.

En algún momento pensé en conocer su historia a través de ellas, pero no tengo idea si ellas saben si existo y decidí no buscarlas. Es un tema de respeto. A lo mejor él fue un papá fantástico y les voy a derrumbar una imagen, o a lo mejor fue un ‘conchesumadre’ y mi existencia les reafirmaría esa sensación. Para qué.

Parece que lo único que heredé de él fue lo piti. Físicamente me parezco a mi mamá, pero sicológicamente no soy muy similar a su familia. Mi mamá es muy depre y pesimista, yo en cambio nunca he perdido la esperanza de que el mundo sea mejor y tengo mis luchas y causas. No sé si eso lo saqué a mi papá. En todo lo malo de mi carácter, ella siempre dice que soy igual a él.

A veces me pregunto si en el caso de que tuviera hijos se parecerían a él. O si tendré algún tipo de predisposición genética a alguna enfermedad. Creo que si estuviera vivo lo hubiera buscado. Al menos una vez, por último para sacarse la copucha.

Creo que esta situación me ha afectado respecto a las relaciones amorosas. Tengo la figura de un padre idílico, que es la suma de lo mejor de estas tres personas que tienen ese rol en mi vida, yo de eso construyo un “padre”. Pero no existe, es una ficción, no tengo una imagen real, ni buena, ni mala ni más o menos, porque se murió. Creo que eso me ha llevado a tener altos estándares. A eso súmale un carácter fuerte, una crianza muy independiente. Todo ha repercutido en que esté sola. Ahora, no me molesta mi soledad, porque también es una opción, aprendí desde chica que no vine a cumplir los estándares que la sociedad impone ni menos los de mi mamá.

Eso sí, no me imagino teniendo un hijo sin un papá presente. No por plata, sino por un tema de afecto. Quizás no es determinante, pero sí es importante saber de dónde vienes y conocer esa parte de tu historia. Nunca voy a saber qué significa un buen o mal padre hasta que, eventualmente, tenga hijos.

*Karen Hinrechsen (36) es licenciada en Historia y está terminando un magíster en Trabajo Social en la UC, donde creó la Beca Cardenal Raúl Silva Henríquez. Trabaja en la Fac. de Ingeniería de la U. de Santiago.

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