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Actualizado el 25/07/2015
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La guerra por la BBC

Autor: Isabel Plant

El próximo año se debe revisar el decreto real que dicta la composición y misión del emblemático gigante de las comunicaciones británicas. El gobierno de Cameron está aprovechando para arremeter, y cuestionar y reformular la institución por completo.

La guerra por la BBC

“Una BBC reducida, simplemente significaría una Gran Bretaña reducida”. Así lo resumieron un grupo de celebridades británicas, entre actores, escritores y animadores, en una carta abierta que defendía a una de sus joyas de la corona: su servicio público televisivo, radial y de internet, creado en 1922 para “informar, educar, entretener”, la BBC. Judi Dench, Rachel Weisz, el 007 Daniel Craig, la creadora de Harry Potter J. K. Rowling, el presentador Graham Norton, entre otros, firmaron la misiva que exponía: “La BBC es amada en las casas de las audiencias británicas y es la envidia del mundo entero”.  

Este año, después de décadas de tenerlo en la mira, los conservadores británicos están arremetiendo contra el estandarte británico. Críticas de su sesgo hacia la izquierda en la cobertura de noticias, escándalos de sus directores, pagos de indemnización escandalosos y la crítica de  que se ha vuelto un gigante burocrático, han dado paso a una posible reforma completa de la institución, y su consiguiente reducción de escala. Este 2015 David Cameron nombró a John Whittingdale como ministro de cultura, y es él quien ha liderado la última ola de debates, tomando en cuenta que, pasado el plazo establecido de 10 años, el 2016 se debe revisar el decreto real, el royal charter, que define a la BBC. Y lo que está en juego es hasta la misión de este referente mundial de TV pública, incluso para países tan lejanos como Chile. 

Whittingdale expuso sus postulados frente al Parlamento este mes, explicando que el gobierno debe “considerar todos los propósitos de la BBC, qué servicios provee, cómo debe ser financiada y cómo debe ser regulada”. Además, el ministro de cultura anunció que aunque se ha discutido la posibilidad de dejar el “license fee”, o el impuesto anual que pagan los dueños de televisores para financiar a la BBC -unos 150 mil pesos chilenos-, para dar paso a un sistema de suscripción, esta opición no es viable en el corto plazo por la tecnología necesaria, pero que un sistema híbrido de financiamiento podría ser posible. 

Además de estar revisando las multas a los usuarios que no pagan el impuesto -lo que es uno de los mayores ingresos para la BBC y que Cameron ya ha dicho está en los planes de suprimir en el corto plazo- , y solucionar el vacío legal que existe para quienes están viendo los contenidos por internet sin pagar, Whittingdale apuntó al fondo: si la BBC debería seguir aspirando a “hacer de todo”, producir para todos los públicos en sus múltiples canales, o concentrarse en una misión más “precisa”. Aunque para los extranjeros la BBC puede ser sinónimo de producciones de época, detectives y documentales de excelencia (el hogar de series imprescindibles como Sherlock, Luther, Call the midwife, Wolf Hall y The Fall), en Gran Bretaña se le critica que se ha vuelto un actor que pelea de igual a igual en la industria, preocupándose de ratings y no de la vocación pública -en una discusión similar a la de nuestro país sobre si TVN debe tener programación competitiva a lo que sea esté de moda en la industria-; el ejemplo más citado es el programa Stricktly come dancing, un estelar de competencia de bailes de salón de BBCOne, muy popular. 

La arremetida conservadora ya ha hecho cambios: el 29 de junio pasado el gobierno le traspasó sin discusión a la BBC el costo de pagar el license fee a los británicos sobre 75 años, antes costeado por el departamento de pensiones; el costo anual es de $630 millones de libras. A cambio, el director general de la BBC, Tony Hall, logró que el impuesto sea ajustado en el futuro por la inflación. 

Así, el gigante británico que nació con sólo cuatro empleados, debe replantearse para sobrevivir. Ya hay cambios, desde el bullado despido de mil empleados hace semanas, o que el canal BBC3 pasará a ser sólo online. La BBC tiene un año para convencer a los conservadores de su alcance y tamaño, y recordarle a los británicos que su importancia para la nación es tan vital como la del té de las cinco.

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