Mujeres al mando: las directoras que toman las riendas del teatro chileno

Este año, un diverso y consagrado grupo de actrices encabeza lo mejor de la temporada local.




Solía hablarse de los grandes directores del teatro chileno. De Víctor Jara, Sergio Vodanovic, Gustavo Meza, Fernando González, y entre los contemporáneos, de Ramón Griffero, Andrés Pérez, Alfredo Castro, Rodrigo Pérez y tantos otros. Y es que por décadas, la conducción del teatro estuvo a cargo de ásperas voces que se imponían para conducir montajes desde sus inicios, hasta correr el telón y salir a escena. Este año, contra toda referencia histórica, la oferta ha puesto en relieve un fenómeno invisible: los grandes y más esperados montajes de la temporada han recaído en mujeres.

Sin ir más lejos: Claudia di Girolamo trajo de vuelta el legado de Harold Pinter con El Montacargas, en el GAM; Paula González revivió el testimonio de las mujeres pobladoras de la dictadura chilena en La Victoria; María Paz Grandjean llevó a escena un cuento de Pablo Torche en La voz sola; Alexandra von Hummel condujo uno de los dos frutos del taller del Royal Court que llegaron al Teatro UC, con Palo rosa, de Juan Andrés Rivera; y Elsa Poblete encabezó los 40 años del Teatro Imagen con la reposición de Osorno 1897: Murmuraciones acerca de la muerte de un juez, de Gustavo Meza. La lista no acaba.

Todas actrices de formación, dirán que en algún momento de sus carreras sintieron la necesidad de alzar la voz y dirigir a sus pares, atendiendo sus inquietudes, escarbando en sus biografías, y apropiándose de un rol que parecía serles ajeno. Hasta ahora.

Retratar el Chile actual

Al margen de su trabajo en televisión, Claudia Pérez (40) quería abordar la violencia infantil -sexual y laboral- sin caer en el morbo. Junto a la antropóloga Iria Retuerto, quien fuera coordinadora de Raíces Poniente, ONG especializada en infancia vulnerable, se embarcó en una investigación de varios meses, visitó a niños y jóvenes recluidos en centros del Sename, y reescribió sus testimonios. De allí surgió Punto ciego, una infancia invisible, la obra que la trajo de vuelta a Matucana 100 como actriz y directora.

"No es una pieza documental, sino un relato ficcionado a partir de todas las voces que nos relataron sus vidas", aclara. Protagonizada por la actriz y bailarina Carla Romero, se centra en Esmeralda, una joven de 13 años que no va al colegio y quien convive con su madre alcohólica y un hermano adolescente. Cada semana, ofrece su cuerpo a un hombre al que se refiere inocentemente como su "padrino". A cambio, él le obsequia cajones de verduras.

"Fue delicado, pues el tema es duro y es fácil caer en las miradas lastimeras. Sin restarle crudeza, armé una puesta en escena intentando no pasar a llevar la dignidad de los involucrados, pues es parte de mi trabajo. Esa fractura social del país es la que suelo abordar en mis obras", cuenta. En cuanto a la gran presencia femenina en la dirección teatral, Pérez afirma que "era tiempo de que se visibilizara a las mujeres en el teatro, más allá de lo actoral. Siempre hubo directoras -como Bélgica Castro, Rosa Ramírez, Manuela Infante, y otras- pero el relevo es más que claro".

Aliocha de la Sotta (42) concuerda. Con la educación como eje central de la compañía Teatro La Mala Clase (Leftraru), acaba de terminar la temporada de La historia de los anfibios, dirigida por ella, y que puso en escena a un grupo de apoderados de primero básico, quienes se reúnen luego de que un compañero de sus hijos sufriera un fatídico accidente. En el intento por esclarecerlo todo, una noticia da un vuelco en la manera en que conciben el sistema escolar y sus propias familias.

"Hoy me siento más directora que actriz", dice, "pues desde este lugar puedo ser clara en lo que quiero decir. Independiente de si es un hombre o una mujer quien encabece una obra, si el teatro no cuestiona la realidad, simplemente no es teatro".

En tanto, la alemana radicada en Chile, premio Altazor 2009 por Filócteles, Heidrun María Breier, recuerda que en Europa la figura del director estaba aún más arraigada a los hombres. "Era impensable que una mujer dirigiera", dice.

En el año más agitado de su carrera, la también actriz estuvo en Matucana 100 con Tranquila eres mía, y luego encabezó Diálogo imaginario, la obra escrita por Roberto Brodsky, Felipe Tupper e Ignacio Echevarría, el homenaje por el centenario de Nicanor Parra que estuvo en el GAM y luego en la Filsa.

Mañana volverá como directora al Teatro del Puente con un texto sobre el tormento de las relaciones modernas que la ronda hace años y que ya presentó en el Goethe, en 2013: será Delirio, del aclamado dramaturgo alemán Falk Richter, protagonizada por Néstor Cantillana, Macarena Teke y Gonzalo Muñoz.

Breier señala: "Lo que me interesa como directora es mostrar textos contemporáneos más allá de las fronteras geográficas, como una radiografía de quiénes somos". Sin embargo, no habla de relevos ni fenómenos: "puede ser una coincidencia, pero es innegable que hoy dirigimos más de lo que lo hacíamos antes".

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