Robert McNamara, el controvertido arquitecto de la guerra de Vietnam

Como secretario de Defensa de EE.UU. Robert McNamara tuvo un papel clave en el conflicto del sudeste asiático, pero años después se arrepintió de su papel. No sólo llegó a decir que esa guerra fue una "terrible equivocación", sino que se opuso prácticamente a todas las acciones bélicas en las que su país se involucró posteriormente.




"Señor Presidente. Es absurdo. Yo no estoy calificado para el cargo", le dijo Robert McNamara a John F. Kennedy cuando éste lo designó como secretario de Defensa en 1961. "Mira Bob, tampoco creo que exista ningún colegio para presidentes", respondió el mandatario demócrata, para quien McNamara -que tenía 44 años y desde hacía sólo 10 semanas presidía la Ford Motor Company- era el hombre más inteligente que había conocido. Poco después estalló la guerra de Vietnam y el jefe del Pentágono se convirtió en el principal arquitecto de ese conflicto. No por nada en esos años se hablaba de la "guerra de McNamara", algo que a él le daba gran satisfacción, pero que terminó por convertirse en una pesadilla personal. En 1995, ya transformado en una suerte de pacifista, dijo que la guerra había sido una "terrible equivocación".

McNamara murió ayer a los 93 años y The New York Times no dudó en referirse a él como "probablemente el secretario de Defensa (1961-1968) más influyente del siglo XX". Ningún otro jefe del Pentágono permaneció tantos años en su cargo como McNamara. "Su edad lo alcanzó. No estaba enfermo. Murió pacíficamente mientras dormía", afirmó su esposa Diana, citada por la agencia Reuters. "El es demasiado perfecto", dijo en una ocasión Lyndon Johnson, para quien McNamara también fue clave. Tan influyente fue el fallecido funcionario, que el presupuesto del Pentágono se incrementó de US$ 48 mil millones en 1962 a US$ 75 mil millones en 1968, lo que equivale a US$ 457 mil millones de hoy.

Una de las primeras misiones que debió enfrentar McNamara fue el fracaso que significó para Washington la invasión de Bahía de Cochinos. El propio McNamara dudaba que los hombres entrenados por la CIA pudiesen derrocar a Fidel Castro. Según The New York Times, la primera orden que recibió por parte de Kennedy fue desarrollar un plan para derrocar al líder cubano. Diez días más tarde, McNamara apareció con una estrategia que incluía 60 mil soldados para invadir Cuba. Pero ese plan era imposible de ejecutar.

Un año después, McNamara debió enfrentar la Crisis de los Misiles, el conflicto entre EE.UU., la URSS y Cuba que estuvo a punto de hacer estallar la Tercera Guerra Mundial.

"ERROR MORAL"
Pero donde el secretario de Defensa dio rienda suelta a sus ideas fue en Vietnam, aunque EE.UU. terminó siendo humillado en ese país. Bajo su supervisión, 500 mil estadounidenses lucharon en el territorio vietnamita y más de 16 mil soldados murieron mientras él fue jefe del Pentágono (otros 42 mil fallecieron en los años siguientes). En 1965 puso todas sus energías en ejecutar las políticas de Johnson, quien apostaba por una operación a gran escala. No obstante, McNamara fue sobrepasado por la resistencia vietnamita. Dos años después, cambió radicalmente de posición y ordenó el cese de los bombardeos. Entonces, Johnson lo apartó de su cargo y le ofreció la presidencia del Banco Mundial, donde permaneció hasta 1981.

Su vínculo con Vietnam fue tan personal que incluso su hijo, un estudiante de Stanford, protestó contra la guerra mientras su padre era su principal arquitecto. Pero su confesión pública contra la guerra llegó recién a mediados de los 90, a través de un libro de memorias (The Tragedy and Lessons of Vietnam) en el que se refirió a los errores cometidos en Asia. De esta manera, pasó el resto de su vida intentando explicar el rol de su país en el sudeste asiático y pidiendo perdón por sus desaciertos. "Estábamos equivocados (sobre Vietnam). Le debemos explicar el porqué a las generaciones futuras", explicó en el prólogo del texto. También, en el premiado documental The Fog of War (2003) McNamara reconoció que el gran error en Vietnam fue ver al enemigo bajo el prisma de la Guerra Fría, como un dominó que haría caer al resto de los países de la región.

El ahora fallecido ex secretario de Defensa también se opuso a la Guerra del Golfo de 1991 y a la invasión contra Irak en 2003. "Es un error moral", dijo sobre el último conflicto bélico de su país.

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