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Actualizado el 23/12/2016
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Voluspa Jarpa, artista chilena: “Para que una sociedad sane, siempre es mejor saber la verdad”

Autor: Denisse Espinoza

Lleva 17 años trabajando con los archivos desclasificados de la CIA y hace algunos meses presentó con éxito su obra en el Malba de Buenos Aires.

Voluspa Jarpa, artista chilena: “Para que una sociedad sane, siempre es mejor saber la verdad”
La artista Voluspa Jarpa lleva 17 años trabajando con los archivos desclasificados de la CIA.

Las expectativas de Voluspa Jarpa (1971) eran altas cuando en 1998 el Presidente de los EEUU, Bill Clinton, anunció la desclasificación de más de 1.500 documentos sobre la participación de la Central de Inteligencia (CIA) en el golpe de Estado chileno. La artista pensó que esto marcaría un antes y después para el país; que los investigadores se agolparían en el sitio web para descargar el material y así reescribir la historia oficial; que la sociedad en general sabría al fin la verdad. Nada de eso sucedió. Tampoco se escribieron muchos libros nuevos sobre el tema. Tampoco toda la información fue develada: la mayoría de los archivos seguían censurados con gruesas tachas negras que se transformaron en la frustración de Jarpa, pero también en una oportunidad.

“¿Qué puedo hacer con esto?” ha sido la pregunta que ha rondado a la artista durante los últimos 17 años, en que se ha dedicado a convertir estos archivos en obras de arte. También es la pregunta que por estos días le devuelve al público en la muestra En nuestra pequeña región de por acá. Utopías/ distopías, en la galería Gabriela Mistral. Se trata de un síntesis de la gran exposición individual que la llevó este año al Museo de Arte Latinoamericano (Malba) de Buenos Aires y donde abordó la injerencia que tuvo la CIA en los gobiernos y dictaduras de 14 países latinoamericanos y en las muertes de 47 figuras políticas.

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Vitrina de la galería Gabriela Mistral con obras de Jarpa

En la galería Gabriela Mistral se exhiben los archivos de 11 de ellos, como Salvador Allende, Pablo Neruda y Eduardo Frei Montalva de Chile; Joao Goulart de Brasil; Omar Torrijos de Panamá y Juan Jacob Arvenz de Guatemala. También hay audios de discursos de los líderes políticos y un gran mural pintado con escenas de diferentes entierros. Como obra especial para la galería, Jarpa produjo un libro con material de la muestra que el público puede llevarse contestando a la pregunta:

¿Qué va a hacer usted con esto? En noviembre de 2017, la exposición original del Malba, curada por Agustín Pérez-Rubio, llegará al MAC de Parque Forestal. Será la primera vez que su obra se expondrá en extenso en Chile.

Lleva 17 años trabajando con los archivos de la CIA, ¿cerrará el ciclo?

Pensé que la muestra del Malba sería una especie de final, pero no. Ahora me topé con los archivos de la OTAN sobre hechos ocurridos después de la Segunda Guerra Mundial, que resultan ser muy reveladores sobre el accionar de la CIA durante la Guerra Fría. Ese trabajo lo exhibiré el próximo año en París y Basel con mi galería francesa Mor-Charpentier. Es difícil cerrar el tema porque siento una responsabilidad a partir de toda la investigación e información que he logrado reunir en estos años. No me siento una heroína, pero sí siento el deber de seguir visibilizando el tema como una forma de reparación simbólica desde el arte, que no tiene nada que ver con la justicia, que es algo que yo no puedo hacer.

¿Cómo ha sido enfrentarse a los archivos desde el arte?

No soy investigadora ni historiadora, y mi relación con los archivos es bajo la mirada artística. Hay una dimensión emocional que me ha llevado a una cierta narrativa de cómo ir desplegando estos archivos al público desde una forma plástica. Por ejemplo, mi primera reacción ante las cientos de páginas censuradas era verlas como imágenes, obras visuales. Luego vino la necesidad de hacer desaparecer las tachaduras, por eso concebí estos cortes láser en material transparente, en un intento de quitarlas. Hoy siento que esas tachaduras son el símbolo de lo que vivimos, porque esa información que podemos leer es la que se refiere al pasado, mientras que la tachadura es el presente, es eso que aún no se puede conocer.

En estos años, además de investigar los archivos de la CIA -junto a su hermana periodista, Paula Jarpa, y los arquitectos María Teresa de la Fuente y Edmundo Browne- la artista ha podido acceder a las causas judiciales y a información que familiares de las víctimas le han entregado, como el último mensaje que escribió Frei Montalva mientras estaba internado en la Clínica Santa María, y que le entregó a una de sus hijas. Un papel que decía: “Sáquenme de aquí, inmediatamente”. A inicios de este año, el caso de la muerte del ex presidente fue reabierto para esclarecer si fue o no envenenado.

¿Por qué cree que no se han hecho investigaciones exhaustivas con este material?

Es duro enfrentarse a estos documentos, en realidad nadie quiere leerlos y de hecho mucha gente se violentaba con mi obra, porque eso significa replantearse por completo la historia que hemos escuchado desde niños, el contexto histórico que nos formó como personas. Pero siempre he pensado que para una sociedad sane, es necesario saber la verdad. Tener conocimiento de los hechos concretos y no sólo lo que cada uno vivió de forma emocional. Por eso es tan importante que en Chile también se desclasifiquen archivos; aún no tenemos acceso a los documentos de las Fuerzas Armadas ni de la Dirección de Inteligencia de la época, y eso no puede ser, es una deuda del Estado. En Latinoamérica se nos ha permitido vivir el duelo, llorar a las víctimas, pero no conocer la verdad, esa es la tensión que existe entre memoria y archivo y es una de las razones por las que esta sociedad sigue enferma.

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