Metas más ambiciosas en libertad económica

El FMI dice que persiste el riesgo de descontento social en Chile por las demandas insatisfechas y el deterioro de la seguridad

Si bien Chile mejoró levemente en el ranking de libertad económica global, ubicándose en el lugar 21, es tiempo de fijarse metas mucho más exigentes y volver a estar dentro de las diez economías más libres del mundo, como ocurrió entre 2012 y 2016.



Hace justo una década, Chile figuraba como la séptima economía más libre del mundo, de acuerdo con el ranking de libertad económica elaborado por The Heritage Foundation. Nuestro país se mantuvo en esa posición entre 2012 y 2016, pero a partir de ahí comenzó un progresivo declive -con repuntes en 2019 y 2020-, hasta llegar al lugar 22 en el informe 2023. En la medición 2024 -cuyos resultados son recabados por distintos centros de estudios en el mundo, entre ellos LyD- quebró la tendencia que se arrastraba desde hace tres años, para avanzar un lugar y quedar en el puesto 21.

Desde luego que la posición que ostenta la economía chilena es saludable si se atiende al contexto regional y también global. En la región solo tres economías están en la categoría de “mayormente libres”, siendo Chile el país que se ubica en el segundo lugar -por detrás de Canadá, pero superando a Estados Unidos-, mientras que a nivel global solo 81 países cuentan con un medioambiente institucional donde los individuos y las empresas privadas se benefician de algún grado de libertad económica; 95, en tanto, tienen poca o nula libertad económica.

El informe indica que a nivel global el puntaje promedio -considerando las 12 variables que se miden en el estudio- registra el nivel más bajo desde 2001, lo cual es indicativo de que la libertad económica no es algo que esté asegurado, sino que por distintas acciones de los gobiernos o de la clase política fácilmente los niveles de libertad se pueden ir ahogando. Cuando esto ocurre las consecuencias son muy perjudiciales, pues hay una estrecha correlación entre la generación de riqueza y una disminución de la pobreza en aquellos países que disfrutan de mayores niveles de libertad económica.

Al analizar más pormenorizadamente los resultados para Chile, se advierte que el mejor desempeño se encuentra en la variable efectividad judicial, mientras que la libertad para emprender negocios también está en una posición sólida. Otro aspecto fundamental para un ecosistema que promueva la libertad son los derechos de propiedad, donde el país también muestra un buen nivel de solvencia. El punto más bajo es la libertad en el mercado laboral, lo que previsiblemente se explica por una serie de inflexibilidades y aumentos de costos laborales que han encarecido la contratación.

En los últimos años la economía chilena claramente ha ido perdiendo dinamismo, con un muy bajo nivel de crecimiento potencial, caída en los niveles de inversión y pérdida de capacidad para crear empleos formales, a lo que se suma un aumento en los niveles de inseguridad -fruto de la delincuencia y el crimen organizado- y un preocupante incremento en los casos de corrupción, así como crecientes niveles de populismo político. Estas señales desde luego que preocupan, y por ello el país debe empeñarse en revertirlas. Una ambiciosa forma de hacerlo sería aspirar a volver a estar dentro de las diez economías más libres del mundo, una meta exigente pero que marcaría una diferencia fundamental en el contexto internacional.

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