Susana Sierra

Susana Sierra

Directora ejecutiva de BH Compliance.

Opinión

No a la corrupción: responsabilidad compartida

Foto: AgenciaUno

Cuando entra un nuevo gobierno es como si pasáramos a un nuevo año, a un nuevo ciclo: pensamos de manera positiva, creemos que lo que viene será mejor y nos llenamos de expectativas. Terminamos 2017, y nos quedamos con un sabor más amargo que dulce: luego de los últimos casos que han salido a la luz pública, nos dimos cuenta que en Chile sí había corrupción y que todavía nos queda por mejorar en materia de probidad y transparencia

Quién mayor relevancia tiene en lo anterior es el “funcionario público”. Aquel que trabaja para el Estado y se preocupa porque su trabajo beneficie a la mayor cantidad de personas posible. Es un servidor que se pone a disposición de todos los chilenos y no de un grupo determinado. Es un humano como cualquiera de nosotros pero debe tener un espíritu de “superhéroe” ya que solo debe buscar el bien común.

Sin embargo, el funcionario público puede ver vulnerada su laborsi es que está recibiendo peticiones de parte de un grupo cercano como amigos o familia que pueden llamarlo o enviar un mensaje de auxilio para atender fines personales. Esto es lo que podría denominarse como un primer atisbo de corrupción. La clave está en rechazar ese tipo de peticiones a tiempo, con mayor razón si es que hay un ofrecimiento de por medio. Y por nada del mundo olvidar que ese servidor público está ahí para una misión mayor.

Eso sí, la tarea no es solo del funcionario público. Hablamos de responsabilidad compartida. Lo correcto como ciudadanía es respetar ese rol. Es cierto, una petición probablemente no tiene la intención de ser corrupta, pero sin quererlo podemos comenzar un acto de corrupción y eso es un delito, por eso debemos tener sumo cuidado con las inquietudes individuales. Entendamos de una buena vez que por una mala decisión un funcionario público podría terminar afectando a un país entero, traicionando la confianza de quien se la dio. No se trata solamente de tener las mejores aptitudes, se trata de que un funcionario público sea ejemplar.

Si bien en Chile podría ser visto con “normalidad” hacer un llamado y obtener un beneficio personal, debemos entender que el mundo cambió. Debemos adoptar una actitud ética, dejar de pensar que “el fin justifica los medios” porque precisamente ahí no se están midiendo las consecuencias. La misión es mutua y muy simple: la ciudadanía debe contener sus intereses personales y el funcionario público debe rechazar aquellas peticiones que empañen su labor. Se puede decir que no.

 

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