Columna de Pablo Halpern: “Greenwashing vs. Greenhushing”

"La consultora South Pole, líder en soluciones ambientales, estima que una de cada cuatro de mil doscientas empresas con metas eco-amigables optará por no comunicar sus logros. El greenhushing debilita la causa medioambiental al desincentivar a los accionistas de las compañías a respaldar políticas que promuevan la protección del medio ambiente".


El sesenta por ciento de los logros medioambientales declarados por marcas europeas carecen de veracidad, según un estudio realizado por la Changing Market Foundation, organización sin fines de lucro que promueve la sustentabilidad. Esta práctica se denomina greenwashing. Los gobiernos han reaccionado promoviendo nuevas normativas que penalizan a las compañías que informan sobre logros ecológicos sin respaldo científico. Pero estas normas están inhibiendo a las empresas de comunicar sus metas y resultados, incluso cuando son genuinos, con el fin de evitar acusaciones de greenwashing. Esta práctica se denomina greenhushing.

Un reportaje del Washington Post da cuenta de un cuadro complejo para la causa ambientalista. En él relata que BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo eliminó de su página web una invitación para que sus clientes se suscribieran a un boletín informativo que ofrecía consejos para abordar el cambio climático. Larry Fink, CEO de BlackRock, argumentó que ya no utiliza el término ESG (Environmental, Social, and Governance), pues éste se ha politizado. En este contexto, ESG se refiere a las exigencias que hacen algunos fondos de inversión para que las empresas consideren variables medioambientales, sociales y de gobierno corporativo en el desenvolvimiento de sus negocios.

La politización del ESG se ha vuelto extrema. Hay bancos que, en estados conservadores en los Estados Unidos, están en listas negras por considerar factores de riesgo climático y cuestiones sociales en sus inversiones. Por otro lado, la izquierda demanda a las empresas por no abordar adecuadamente el cambio climático. Es decir, el sector empresarial está tironeado por los extremos del espectro político.

En este escenario, muchas empresas han optado por el silencio. La consultora South Pole, líder en soluciones ambientales, estima que una de cada cuatro de mil doscientas empresas con metas eco-amigables optará por no comunicar sus logros. El greenhushing debilita la causa medioambiental al desincentivar a los accionistas de las compañías a respaldar políticas que promuevan la protección del medio ambiente.

En el Congreso chileno se está debatiendo un proyecto de ley que sancionaría el greenwashing. Si bien este proyecto tiene aspectos positivos, como la exigencia a las empresas de proporcionar información completa, veraz, verificable, comprensible y precisa, también penaliza a aquellas que no cumplan estas normas con multas y hasta cinco años de silencio en asuntos medioambientales. Es razonable que exista una normativa que sancione económicamente las malas prácticas. Pero promover el greenhushing, que es lo que esta regulación haría, colisiona con el imperativo de proteger el planeta.

Lo que se necesita es una ley que desincentive tanto el greenwashing como el greenhushing. Este es un desafío complejo que requiere de un trabajo que está pendiente.

*El autor es académico de ESE Business School de la Universidad de Los Andres.

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