Desmarcados

Con su desplome en la última encuesta CEP debido al caso SQM, Marco Enríquez-Ominami se aleja cada vez más del sillón de La Moneda. En la Nueva Mayoría ya asumieron el nuevo escenario político, y los nombres de Ricardo Lagos e Isabel Allende se levantan como las alternativas más viables para ser los candidatos del sector. Ambos ya tienen en marcha sus estrategias para conquistar a los partidos del bloque oficialista.




Marco Enríquez-Ominami llegó con una hora de antelación a declarar a la Fiscalía Nacional y tuvo que esperar en una sala contigua. Estaba fastidiado e incómodo, relatan sus cercanos, pero se impacientó aún más cuando al fin comenzó el duro interrogatorio de los fiscales del caso SQM, Carmen Segura y Emiliano Arias. En el Ministerio Público no es un secreto que había molestia por las maniobras dilatorias del líder del PRO que consiguieron retrasar varias semanas la diligencia, y el encuentro fue especialmente tenso. Los fiscales iniciaron el procedimiento con reiteradas preguntas de formalismos: nombre, apellido, profesión… y luego una serie de cuestionamientos sobre la situación financiera del ex candidato presidencial: cómo se gana la vida, quién paga el arriendo de su casa, quién financia sus viajes y gastos corrientes, si tiene sociedades, si recibe depósitos o pagos en efectivo, si lo mantiene su mujer.

Por recomendación de su abogado, Ciro Colombara, se acogió a su derecho de guardar silencio, pero exhibió su programa de gobierno del 2013, que incluía una propuesta para chilenizar el litio. ¿Y entonces por qué le pidió dinero a SQM?, contrapreguntaron los fiscales.

Enríquez-Ominami estaba irritado y estuvo a punto de pararse e irse, cuando los persecutores le mostraron una carpeta de 200 páginas con nombres y casos de otros políticos y comenzaron a insistir con preguntas sobre los vínculos de su padre, Carlos Ominami —candidato a senador el 2009 por la V Región Cordillera—, con dineros de SQM. El interrogatorio estaba tomando un curso complejo e inesperado.

Era el lunes a las 10 a.m. y se iniciaba así la peor semana en su historia política. El miércoles a mediodía la encuesta CEP confirmaba los pronósticos más pesimistas de sus asesores, Enríquez-Ominami se desplomaba del primer puesto en el índice de aprobación que tenía en agosto, con un 42% de apoyo, al octavo lugar con un 33%, registrando la mayor caída entre todas las figuras evaluadas. Y el asunto puede empeorar, el sondeo sólo alcanzó a medir la opinión de la ciudadanía durante las largas semanas que estuvo de viaje, pero no el impacto de su primera declaración como imputado ante Fiscalía.

En las reuniones de control de daños y en el grupo de WhatsApp de su petit comité —que integran Patricia Morales, Camilo Lagos, Cristián Galaz y Patricio Navia— repetían que enfrentan una Fiscalía y una prensa adversas, que los problemas de financiamiento de la política son transversales, pero que aún faltan dos años para la elección y en política todo es remontable. El factor tiempo se volvía el único punto a favor. Pero el análisis más crudo en su entorno cercano decía otra cosa y comenzaba a diseñar un plan B: si ME-O definitivamente no se recupera de aquí a mediados de 2016, es mejor que se baje de la carrera a La Moneda para apostar por un cupo senatorial.

El entorno cercano a Marco Enríquez-Ominami comenzó a diseñar un plan B: si el candidato definitivamente no se recupera de aquí a mediados de 2016, es mejor que se baje de la carrera a La Moneda para apostar por un cupo senatorial.

El mazazo de la encuesta CEP fue asimilado rápidamente por la Nueva Mayoría, donde terminaron de descartar la posibilidad de que el líder del PRO pueda ser candidato de la coalición. Los contados personeros que lo apoyaban en el bloque oficialista ya comenzaron a cambiar de caballo. Si en el sector tercerista del PS Ricardo Solari mostraba simpatía por recibir a ME-O, hoy se inclina hacia la opción de Isabel Allende. Lo mismo Osvaldo Andrade, de la Nueva Izquierda, que recientemente empezó a tender puentes con la presidenta del partido. En el PPD, el influyente senador Guido Girardi, hasta la fecha uno de los más claros promotores de levantar la figura de Enríquez-Ominami para 2017, ya envió el mensaje interno en la tienda que prefiere a Isabel Allende antes que a Ricardo Lagos como abanderada de la Nueva Mayoría. Por su parte, el ex ministro PPD Francisco Vidal, que antes defendía la opción del líder del PRO, hoy declara que "la caída de 9 puntos de Marco es muy considerable, SQM lo impactó mucho y aún falta por ver todo lo que viene en el proceso. Según la encuesta, Ricardo Lagos se va tornando una alternativa real, lo cual lo obliga a tomar una decisión".

Para el mundo político quedó claro que el dos veces candidato, que en su momento remeció la carrera presidencial al irrumpir en las elecciones de 2009, perdió su buena estrella y hoy está herido de gravedad. Le juega en contra su falta de aliados y de equipo y el contar sólo con un partido pequeño. Ni siquiera tiene oficina. Y si antes se mostraba interesado en participar en una primaria de la Nueva Mayoría, con las nuevas cifras de apoyo, en su entorno saben que ese mecanismo sólo terminaría por sepultar su candidatura. Para las colectividades de centro izquierda cambió el escenario y hoy las alternativas viables se reducen a Lagos y Allende.

Lagos mira a su izquierda

Si a comienzos de año lo disimulaba, hoy el ex presidente Ricardo Lagos está trabajando firme por volver a La Moneda. En noviembre salió él mismo a aclarar a la prensa que las interpretaciones de una entrevista que dio al diario El País de España negando que sería candidato, eran erradas, que nunca quiso decir eso. A sus incontables actividades públicas en Chile —asiste a cuanto foro, seminario, conversatorio y homenaje lo invitan y responde todas las preguntas de la prensa participando en los debates sobre contingencia— se suman gestiones más privadas para armar una plataforma, como conversaciones con académicos y chilenos con altos cargos en el extranjero. Siendo el canciller Heraldo Muñoz uno de sus mayores aliados dentro del gabinete. Los cercanos al ex mandatario dicen que va paso a paso y que aunque "quiere ser presidente, no quiere ser candidato". Aun así, a sus 77 años se muestra en condiciones y con el ánimo de enfrentar la exigencia y virulencia de una campaña electoral.

En la CEP cae 5 puntos respecto a la medición de agosto, obteniendo un 36% como figura mejor evaluada y empata con la otra carta socialista, Isabel Allende, que obtiene un 37% (4 puntos menos que agosto). En su entorno dicen que él ha ido despejando los cuestionamientos sobre su gobierno y que tiene elaboradas propuestas de futuro junto a su Fundación Democracia y Desarrollo. Sus partidarios señalan que puede dar gobernabilidad y buen manejo económico, con un estilo que genera confianza en sectores de centro e incluso más allá: en buena parte del empresariado.

Pero sabe que su flanco débil son los sectores de izquierda de la Nueva Mayoría y a ellos ha apuntado en las últimas semanas. A través de emisarios ha mandado varios mensajes al Partido Comunista para materializar un encuentro entre él y el presidente de esa colectividad, Guillermo Teillier. Del mismo modo, ha invitado a los profesionales del PC a participar en proyectos conjuntos con su fundación. En privado, Lagos ha dicho que no está dispuesto a que su candidatura rompa la Nueva Mayoría y que quiere ser el representante de todo el bloque. Sin embargo, su nombre genera rechazo de amplios sectores de la tienda, como la diputada Karol Cariola, que lo califica de "neoliberal". Haciéndose cargo de esta incipiente discusión, Teillier envió un mensaje a la militancia en la última edición del diario El Siglo: "Da la impresión que la candidatura de Ricardo Lagos se está instalando mediáticamente con mucha fuerza, y me parece pertinente reiterar que no es el momento de debilitar el papel de la presidenta Michelle Bachelet", declaró.

Lagos sabe que su flanco débil son los sectores a la izquierda de la Nueva Mayoría. Ha mandado varios mensajes al PC para materializar un encuentro con el presidente del partido, Guillermo Teillier. Del mismo modo, los ha invitado a participar en proyectos conjuntos con su fundación.

Hace alguno días, Lagos tuvo un encuentro reservado con el ex presidente del PS Gonzalo Martner, quien tiene la doble característica de ser un laguista —fue subsecretario de su gobierno— pero a la vez ser del ala izquierda del PS, permitiéndole acercarse a ese lote. En el partido ya cuenta con el respaldo del ex senador Camilo Escalona, con quien conversa frecuentemente, superando las diferencias que tuvieron en el pasado. Escalona incluso le aseguró que conseguiría el apoyo de todo el sector de la nueva izquierda del PS a su candidatura.

También se han inclinado por su opción buena parte del PPD, como quedó demostrado en la visita que hizo en el aniversario del partido el pasado lunes, instancia a la que sin embargo faltó Girardi. En la tienda se ha rearticulado con fuerza el sector laguista, volviendo a coordinarse los senadores Ricardo Lagos Weber y Felipe Harboe y la alcaldesa Carolina Tohá, quien ya ha dado un paso al costado respecto a sus propias aspiraciones presidenciales.

Para muchos es también inminente un futuro apoyo de la DC, partido que no ha logrado levantar con fuerza una carta presidencial propia, ya que el senador Ignacio Walker apenas marca 22 puntos en la CEP. Soledad Alvear, Gutenberg Martínez y la corriente interna de los "guatones" de la DC comienzan a ver como principal alternativa esa opción y diputados como Roberto León ya se preparan para proclamarlo. Pero también en el sector de los "chascones" son elogiosos con la figura del ex presidente.

El peso del apellido Allende

En cuanto conoció los buenos resultados de la CEP, la senadora Allende abrió una ventana a ser candidata el 2017: "Yo he dicho que ni he aceptado ni he descartado. Hoy la tarea es apoyar al gobierno. Ya veremos", indicó. En la misma conferencia de prensa aprovechó de disparar contra ME-O por su caída en el CEP, señalando que "es el pronunciamiento de la ciudadanía, tengo poco que decir, hay que dejar que la justicia haga lo suyo. Si yo en una encuesta bajara 9 o 10 puntos, eso afecta los liderazgos". También puso en entredicho que se concrete algún futuro acuerdo municipal entre la Nueva Mayoría y el PRO.

Cercanos a la senadora dicen que cada vez irá dando mayores señales en el sentido de asumir una candidatura, para hacer valer su capital político. Pero ella ha señalado que no quiere que esto se adelante ni ser proclamada en el Congreso de enero del PS, sino que prefiere que el tema se postergue para después de las elecciones municipales de octubre de 2016.

Está dudando. No está decidida en un cien por ciento. En privado habría señalado que el peso del apellido Allende puede jugarle en contra y que Lagos puede ser mejor opción para enfrentar al ex presidente Sebastián Piñera en las urnas. Esto pese a que los análisis y sondeos en la directiva del PS reflejan precisamente lo contrario: ella genera mayor adhesión en la izquierda y es mejor carta contra el ex mandatario. Lo cierto es que Allende nunca ha tenido una ambición personal de seguir la carrera de su padre y su nombre recién comenzó a sonar como alternativa el año pasado cuando asumió la presidencia del Senado. Apoyada por el lobbista Enrique Correa y por amplios sectores del PS y el PPD, se vio beneficiada con el tropiezo de ME-O, pero aún falta su definición más personal. Y en el oficialismo tampoco quieren una candidata que no esté realmente decidida.

Allende ha postergado una conversación con Lagos sobre este tema, pero hay respeto mutuo y un acuerdo tácito de que no competirán, y tarde o temprano uno se bajará a favor del otro.

Con los bajos niveles de adhesión de la presidenta Bachelet, que se ratificaron en la CEP donde sólo un 24% aprueba cómo conduce su gobierno frente a un 58% que desaprueba, queda en entredicho el rol y la influencia que pueda tener la jefa de Estado para ungir a quien será su sucesor. Si la mandataria tuviera niveles altos de popularidad eso sería favorable para la opción de Isabel Allende, con quien tiene cierta cercanía y representa la continuidad del sello reformista del bacheletismo. En cambio, el bajo respaldo a la gestión de Bachelet favorece a Lagos, quien ha marcado distancia y mantenido una visión más bien crítica sobre el manejo en algunas materias del gobierno.

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