Justicia en las gradas

Después de 27 años, la tragedia de Hillsborough, la mayor catástrofe deportiva en Inglaterra y la de más repercusión global, tiene culpables. No fueron los hinchas, como se intentó hacer creer por décadas, sino la policía, que —apoyada por el gobierno— hizo de todo para encubrir su negligencia.




Los rostros de cientos de hinchas del Liverpool apretados hasta la asfixia contra las rejas de la galería del estadio de Hillsborough, en Sheffield, y sus cuerpos entrelazados, confundidos entre sí e inertes son imágenes que, a 27 años de la tragedia que mató a 96 fanáticos y dejó heridos a más de 700, se resisten a dejar la conciencia colectiva inglesa. La demora en encontrar justicia, que recién acaba de llegar, tuvo mucho que ver en eso. También la confabulación que, por décadas, intentó culpar a los propios hinchas de lo sucedido ese 15 de abril de 1989 durante la semifinal de la FA Cup entre los "Diablos Rojos" y Nottingham Forest.

Aún estaba vívida la catástrofe de Heysel, con 39 muertos tras el enfrentamiento entre seguidores del Juventus y el Liverpool, la estigmatización recaía sin cuestionamientos sobre los hooligans. Y la policía de Yorkshire, a cargo de Hillsborough, aprovechó eso para ocultar su negligencia.

Acusó a los forofos de forzar la apertura de las puertas y aglomerar la zona detrás del arco —que entonces no tenía asientos—, de no portar entradas y estar ebrios, pese a que fueron las mismas autoridades las que decidieron abrir los ingresos y no supieron evitar la aglomeración que se armó en el sector posterior a la portería, que sería el gatillo del colapso.

El error de juicio se encubrió desde el principio. El comunicado inicial —emitido minutos después— responsabilizó a la turba; luego se optó por criminalizar a las víctimas, publicando sus niveles de alcohol en la prensa y recopilando sus antecedentes judiciales; y que continuó alterando masivamente los reportes de los oficiales que estuvieron en la cancha.

El gobierno de Margaret Thatcher aprovechó el desastre para introducir la Ley del Hincha, que cambió para siempre el fútbol en el Reino Unido y, a la larga, en buena parte del mundo. Se obligó a los estadios a modernizarse, a poner asientos en todo el recinto y a quitar las vallas, y se impusieron severas medidas de control sobre los espectadores, entre ellas penas de cárcel por actos de violencia.

El efecto de esa acta permitió la llegada de nuevos inversionistas, la creación de la Premier League en 1992 y, con ella, un negocio que sitúa hoy al campeonato inglés como el más atractivo a nivel comercial y deportivo en el mundo.

El Informe Taylor estableció desde un inicio que el desastre fue causado por los errores de la policía, que no contaba con un plan de contingencia ni un supervisor capacitado para la función. Sin embargo, en 1990 los magistrados confiaron en un informe forense que exculpaba a la policía y caratularon cada una de las 96 muertes como accidental.

Después de varios reveses judiciales, no fue sino hasta finales de la década pasada que el gobierno se comprometió a reabrir el caso y encargó la investigación de los archivos desclasificados a un panel independiente, que en 2012 expuso nuevamente la culpa sobre las autoridades y permitió la reapertura del caso.

El 26 de abril pasado, un jurado estableció que los hinchas eran inocentes, que se trató de un homicidio involuntario atribuible a la policía, y abrió así la opción de un juicio contra el ex superintendente David Duckenfield, el hombre a cargo del operativo hace 27 años y quien ya en marzo de 2015 reconoció su responsabilidad. El "You'll Never Walk Alone" ("Nunca caminarás solo"), el himno del Liverpool que resonó junto a los gritos de "justicia" a la salida del tribunal, pocas veces tuvo más sentido.

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