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Actualizado el 11/11/2017

Blog de Rodrigo Guendelman. Es comunicador

Rodrigo Guendelman

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La Línea 6 no es de Michelle ni de Sebastián, es de Parrochia

La Línea 6 no es de Michelle ni de Sebastián, es de Parrochia

“Sistema de Metro de Santiago de Chile. 15 líneas. 1969-2040. Promotor y autor del proyecto: Arquitecto Juan Parrochia”. Esto se puede leer clarito en un informe del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (así se llamaba en esa época) de la década de los sesenta. No sólo es absurda la lucha de egos entre gobierno y oposición por adjudicarse el logro de la Línea 6 del Metro, sino que es injusta, incorrecta y egoísta respecto de este héroe santiaguino que debiera ser mucho más conocido.

Juan Parrochia Beguin murió el 2016 a los 86 años y ese día perdimos a uno de los grandes urbanistas de la historia moderna de Chile. Fue el arquitecto jefe del Plan Intercomunal de Santiago (1960-1964), el primer director de Vialidad Urbana Nacional (1971-1973), el primer director general de Metro, Vialidad Urbana y Estudio de Transporte Urbano Nacional (1973-1974) y el primer director general de Metro de Santiago (1974-1975). Fue parte de la construcción del aeropuerto Pudahuel, la Norte-Sur, la rotonda Pérez Zujovic, la extensión de la avenida Kennedy, la circunvalación Américo Vespucio y, especialmente, fue y sigue siendo el autor intelectual del Metro de Santiago. De todas las líneas que se han inaugurado y de las que se van a inaugurar (ojalá) por mucho tiempo.

Era tan preparado, tan serio, tan mateo este Juan Parrochia que, en 1953, después de titularse de arquitecto, partió en tren a Antofagasta y desde ahí tomó un barco hacia Marsella. “Visitó a sus parientes Parrochia, afincados en Lyon, y a los Beguin en Suiza. Les llevó fotos de sus padres en Traiguén. Pero su objetivo final era otro: aprender urbanismo de primera mano, dando la vuelta al mundo en motoneta. Hasta 1957 viajó por cincuenta países y un centenar de ciudades y conoció los veinte trenes metropolitanos que en esos años funcionaban en las principales ciudades del mundo. En cada país se entrevistó con arquitectos, urbanistas y constructores. Y en Viena se entrevistó en dos ocasiones con Karl Brunner, el fundador del urbanismo moderno en Chile, que planificó la comuna de Santiago en los años 30. Por cierto, Brunner fue el autor de uno de los varios proyectos de Metro en Santiago, cuando todavía la ciudad no estaba madura para ellos. En agosto de 1953 Parrochia le llevó a Brunner el bosquejo de un Metro urbano hecho por el ingeniero de ferrocarriles del MOP Leopoldo Guillén, quien lo había presentado al gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y que estuvo próximo a ser construido. Era uno de los 35 bosquejos y croquis para un Metro de Santiago que se habían acumulado desde 1922. El de Guillén fue el último en quedar sólo como bosquejo: luego vendría la construcción definitiva a partir del proyecto de Parrochia”. Eso lo escribió el periodista Roberto Farías en El gran libro del Metro de Santiago. Se necesitaba alguien con tamaño nivel de enfoque, conocimiento y tozudez para embarcarse en el proyecto más ambicioso y más caro en la historia de las obras públicas de Chile.

Algunos datos para argumentar lo recién expresado: se necesitaron 50 mil planos antes de partir con la Línea 1, más fierro que todo el que nuestro país podía producir en diez años y más arquitectos e ingenieros que cualquier construcción anterior en Santiago o el resto del país. Era caro hacer el Metro y por eso había que tener coraje. Y a Juan Parrochia le sobraba. “Una historia que refrenda esta opinión. Terminaba 1970 cuando Parrochia se enteró por rumores de que el presupuesto para el año siguiente venía con un recorte del abultado monto asignado a Metro (350 millones de dólares de la época), fue a hablar con el ministro de Hacienda de entonces, Andrés Zaldívar. No estaba y lo recibió el director de Presupuesto, Edgardo Boeninger. Pero Parrochia insistió en hablar con el ministro: “Yo no hablo con el contador -le advirtió-. ¡Yo hablo con el dueño!”, cuenta Farías en el mismo libro.

Cuando el gigantesco proyecto de Metro sorteó la adversidad presupuestaria y se aprobó, el urbanista volvió a mostrar su sello. En dos meses tenía la Alameda llena de perforaciones. Rápido y lo más “dañino” posible. Así ni los alcaldes ni los ministros ni los directores de las empresas de servicios públicos pudieron atreverse a boicotear el proyecto. Un gigante, Juan Parrochia. El único que se puede y que debe llevarse los créditos de crear la nueva línea 6 del Metro. Que se haga justicia.T

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