La deportada de Trump

Jimar Gerald, 15 años, llevaba dos años jugando y entrenando en EE UU hasta que el decreto del nuevo presidente le canceló la visa. Hoy entrena bajo la tutela de Guillermo Pérez-Roldán en Santiago y sueña en grande: “Me gustaría ser número uno del mundo”.


Chiqui, como es apodada Jimar Gerald, se mueve de un lado a otro de la cancha para golpear la pelota de tenis. Lleva una gorra negra y vestido del mismo color. Se frustra cuando se le queda en la red. Agacha la cabeza y sigue con alta intensidad. Son las tres y media de la tarde y el Club Israelita la acoge desde hace ya dos meses. Antes, Jimar, de 15 años, entrenó dos bajo la tutela del reconocido entrenador Nathan Rosenfeld en la Academia Domínguez Pro Tennis en Miami. Todo iba de ensueño hasta que llegó Donald Trump a la presidencia: “Con el cambio de gobierno, Trump no quería extranjeros y nos sacaron del país. Estuve viendo la posibilidad de tener la visa de deportista, pero debía tener ranking profesional para ser considerada”, explica resignada la tenista sentada en el casino del club.

A su lado, Margarita González, su madre, la acompaña. Con la obtención de su primer triunfo como tenista rentada, podría postular al beneficio, pero no. Lleva dos meses bajo las órdenes del entrenador argentino Guillermo Pérez-Roldán y está entusiasmada: “Encontramos esta academia y me ha gustado la manera en que me están ayudando a mejorar”.

Criada en Iquique, la deportista comenzó a jugar en el Club de Tenis Chile de la zona. Guiada por su padre y dos hermanos que frecuentaban el recinto, Chiqui tomó una raqueta a los cuatro años y no la soltó más. “Un entrenador me dijo que tomara una raqueta porque tenía más condiciones que mis hermanos”, narra entre risas mientras se sirve una ensalada de frutas.

Margarita y Jimar viajaron a Miami, a miles de kilómetros de su hogar, con la intención de dedicarle tiempo completo al tenis. Ni Trump, ni nadie, parece poder con las ganas y motivación de la pequeña: “Queremos volver, porque allá todos los tenistas tienen sus metas claras y quieren ser todos profesionales. Aquí en Chile sólo quieren serlo dentro de la cancha, pero fuera de ella hacen una vida normal. Y no puede ser así. Allá se come y vive tenis”, asegura.

Gerald se muestra confiada y con la mente muy clara en cuanto a objetivos. Tiene como ídola a Serena Williams y no se achica en compararse con ella: “Me gusta porque tiene un juego agresivo como yo. Siempre ataca la pelota y busca tiros ganadores. Eso lo aprendí en Miami porque entrenaba en canchas de cemento, donde tienes que ser más agresiva. Aquí en Chile me ha costado adaptarme a la arcilla”.

Su primera incursión en el profesionalismo fue con éxito. En su debut en un cuadro principal, logró el triunfo. Fue el 19 de septiembre pasado, en Túnez, donde inauguró su palmarés a nivel adulto. Su madre, a la distancia, narra entre risas la manera en que vivió el partido a través del marcador virtual junto a su esposo: “En el primer match point que tuvo, mi marido me iba preguntando si ganó o no, y yo le respondía: no, iguales. Y me decía: ‘cabra lesa’. Así fue hasta que ganó el partido. Me emocioné, la verdad. Pero me cuesta estar lejos de ella porque siempre estoy viendo todos sus partidos en las tribunas. Pero el ayudante de su entrenador, Agustín Jiménez, me dijo que era parte del proceso dejarla viajar sola para que lograra cierta independencia. En cuanto a lavarse la ropa ella, por ejemplo”.

En aquel debut triunfal, Jimar sufrió la inexperiencia y los nervios la atraparon en una red que sólo con gran madurez mental pudo desenredar. “Me tocaba jugar contra la quinta sembrada del cuadro. No soy de las tenistas que le importan las siembras, pero sí era un desafío jugar contra ella. Estaba realmente feliz porque es ese nivel contra el que tengo que competir. Gané el primer set e iba cuatro a uno en el segundo. Pero me bloqueé. Me puse muy nerviosa y nos fuimos al tercero. Y ahí pensé que, si repetía el mismo esquema del primero, le podía ganar. Y así fue”, dice con sonrisa mientras cuenta el desenlace del partido.

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