La reconstrucción de un olímpico

Henrik von Appen espera ser oficializado como abanderado chileno en los inminentes Juegos de Invierno. Una especie de milagro, porque el mejor esquiador chileno lleva tres semanas de tratamiento de una lesión en la muñeca que requiere de 14 para curarse. Pero le da lo mismo. No se pierde Pyeonchang por nada del mundo.


El martes 26 de diciembre de 2017, pasado el mediodía, Henrik von Appen (23) cayó mientras hacía el descenso de reconocimiento en las pistas de Bormio, Italia, previo a la carrera válida para la Copa del Mundo. El accidente significó en la muñeca izquierda el corte de tendones, nervios y la arteria radial. De eso han pasado sólo cuatro semanas, y el esquiador chileno ya está listo para partir el próximo miércoles rumbo a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeonchang 2018, que comienzan el 9 de febrero. Von Appen será uno de los siete representantes del país. Además, a la cabeza de la delegación, como abanderado (aún no se lo han confirmado de forma oficial).

Henrik nació en una familia de deportistas. Su padre, Dag von Appen, clasificó a los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983 por windsurf, y acaba de participar en la regata de Chiloé como capitán del Itaú, de la clase Soto40. Su mamá, Isabel Piedrabuena, fue tenista de joven y ha corrido trece maratones. Su prima Nadja Horwitz es velerista olímpica, y es hermana de Kai, que participó junto a Henrik en los Mundiales de esquí alpino 2017, en St. Moritz, Suiza.

Henrik, junto a sus hermanos Katya (27) y Sven (21), son la primera generación de esquiadores de la familia, y hoy, el hermano del medio, saca la cara por el país. Tras el accidente, el tetracampeón sudamericano de Súper Gigante, puso en duda su participación en Pyeonchang, y tuvo que enfrentar las semanas más intensas de su vida. Luego de la caída, fue operado en Italia y al llegar a Chile, tuvo que someterse a una nueva cirugía, ya que la primera intervención lo dejó con problemas en los tendones. Son las 19.30 y Henrik está entrenando junto a su kinesiólogo en el gimnasio de la clínica, a días de comenzar los Juegos.

Antes que nada, el esquiador avisa que no está dispuesto a hablar sobre el pasado de su apellido, las conexiones que tuvo con el nazismo uno de sus bisabuelos. Ya lo hizo para La Tercera en un reportaje de hace un año y le generó bastante incomodidad. “Es que además, hay cosas de eso que leí y ni siquiera sabía. Así que de ese tema no quiero hablar“.

Sí habla de su lesión, que implica de 10 a 14 semanas de tratamiento, y Von Appen recién lleva tres. No salen las cuentas, pero al mejor esquiador chileno nada lo para. Hoy dice estar tranquilo y seguro, con el foco puesto en los Juegos, para luego regresar a Chile a concentrarse de nuevo en la recuperación. “Cada día era una decisión distinta. En el esquí uno depende de condiciones externas. Me mentalicé en que iría, a menos que me lo prohibieran, y apenas vi que podía agarrar el bastón y podía moverme, dije: ¡vamos!”.

Von Appen competirá con una órtesis, que posibilitará que pueda correr. “Me va a sacar de riesgo, porque me bloquea ciertos movimientos para no cortarme los tendones y los nervios. Obviamente voy a estar en desventaja, lo admito, pero uno esquía con la cabeza más que con el cuerpo”, afirma seguro.

“Me siento bastante cómodo, no al cien, pero bien. Tengo claro que en la partida voy a perder dos o tres décimas de segundo, porque sólo puedo empujar con la derecha. He visto el video de la pista al menos cien veces. Estoy enfocado en una pista, una bajada, un día. Me la aprendí de memoria, sé lo que tengo que hacer y sé a lo que voy. Quizá esa puede ser mi pequeña ventaja”, comenta relajado.

Henrik recuerda la caída de hace algunas semanas y hace un mea culpa: “Cometí un error, evalué mal la velocidad a la que iba. Había errado al comienzo y como quería probar la pista, abrí el gas y fue desastroso. Sentí al instante un dolor en mi mano, pensé que me la había quebrado, había mucha sangre. Me sacaron en helicóptero. En el hospital me dijeron que no era fractura y que era mucho más superficial. Entonces, pensé que iba a poder seguir esta temporada. Luego de la operación me dijeron que me había cortado todo”. Y agrega: “En ese momento pasan muchas cosas por la cabeza, pero lo tomé con mucha calma. Pensé en los Juegos Olímpicos. No me caigo nunca y me vengo a caer ahora”, dice serio.

Hoy, no puede mover la muñeca. El dedo índice, a duras penas. Y el medio, un poco. El meñique y el anular resultaron menos dañados. Sabe que el proceso será lento y lo tiene asumido. “Al final una cosa lleva a la otra y lo mejor es ponerse metas diarias. Mi objetivo del día es mover un milímetro el dedo índice. Por muy ínfimo, me da una enorme satisfacción”, expresa con una sonrisa, mientras sus dedos le responden levemente.

“El año pasado venía ganando en mi primera Copa del Mundo, hasta el segundo 50 iba líder, y después cometí un error y terminé 47. Pero ahí está el nivel, ahí está la velocidad. Además de hacer una sección rápido, el salto es llevarla hasta la meta. No es ganarle un set a Federer, es ganarle el partido”, comenta.

Hasta antes de la caída, Von Appen se había propuesto como objetivo llegar al top 20. Pero hoy, mira las cosas con más calma. “Es una bajada cada cuatro años, todo puede pasar. No estoy con la misma expectativa. Este año quiero revalidar mi título de campeón sudamericano. Pero más que nada me interesa poder entrenar y desarrollar todas las habilidades técnicas que me faltan para ser el mejor del mundo, identificarlas, mejorar mi juego interno, mi estado mental”.

Henrik, Héroe del Deporte 2017 de La Tercera y ganador del Cóndor de Oro del Círculo de Periodistas 2017, se alza como el candidato para llevar la bandera chilena en Pyeonchang 2018, y ante ello sonríe y responde: “No tengo información oficial, pero sería una felicidad. Sería complicado por la mano”, dice riendo. “Me gustaría mostrar que no todo resulta siempre como uno quiere. Uno está muy bien, se lesiona y luego, todo mal. Pero puedo ir a los Juegos igual”, agrega.

Miedo, ansiedad, adrenalina, son sólo algunas de las tantas sensaciones que recorren la espalda de Von Appen cuando está en el punto de partida. En un giro la aceleración puede ir de 0 a 100 kilómetros por hora en menos de tres segundos. Y una caída a esa velocidad puede ser fatal. “Hay que ser capaz de utilizar todo eso a tu favor, para que no te paralice y te motive. Que te dé una risa nerviosa, y que digas: ooh, esta hueá es pelúa”, comenta Henrik. “No hay cómo hacer lo que a uno le gusta. Una vez escuché a un argentino decir: ‘el sueño del pibe es que te paguen por hacer lo que uno haría gratis’. Y eso es exactamente lo que hago. Vivo de mi sueño. Siempre he dicho que me voy a retirar cuando ya no pueda dar más”, afirma el esquiador de 23 años.

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