Enilson Simões de Moura, Sindicalista brasileño: “El discurso de Lula es puro mesianismo, de típico caudillo latinoamericano”

En 1980, Moura, más conocido como Alemão, compartió celda por un mes con Lula tras encabezar una huelga en Sao Paulo. Hoy es crítico del líder petista. "No dejó que surgieran otros líderes", dice a La Tercera.


“Brasil le debe mucho a Sérgio Moro”, comenta Enilson Simões de Moura tras la decisión del juez de primera instancia de Curitiba de ordenar el encarcelamiento del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, evento que siguió por televisión y sin sobresaltos, asegura. Y es que Alemão, como es conocido este sindicalista nacido en Divinópolis (Minas Gerais), conoce de cerca el tema. En 1980, en plena dictadura, Moura, hoy de 67 años, era militante de izquierda y formaba parte del Movimiento Revolucionario 8 de octubre cuando fue detenido junto a Lula por liderar una huelga en el cordón industrial de Sao Paulo. Aunque compartieron celda por casi un mes, 38 años después los caminos de ambos líderes sindicales aparecen distanciados. De hecho, Moura manifiesta una postura crítica en relación al expresidente, según admite en esta entrevista con La Tercera.

En abril de 1980, Lula -quien dos meses antes había fundado el Partido de los Trabajadores (PT)- lideraba una masiva huelga de metalúrgicos en la región del ABC Paulista, la cual había logrado sumar a 140.000 obreros. Pero tras 17 días de resistencia de los trabajadores, el régimen militar resolvió endurecer su postura: mandó arrestar a toda la dirección del sindicato. Lula fue detenido el 19 de abril a las 06.30 en su domicilio de São Bernardo do Campo, en las afueras de Sao Paulo, y conducido -junto a otra decena de obreros- a la sede del Departamento de Orden Política y Social (Dops), el mismo recinto donde fueron torturadas centenas de personas durante la peor fase de la dictadura.

Alemão fue uno de los últimos de la directiva en ser capturado por el Dops, según consigna el diario O Estado de Sao Paulo. Fue detenido después de refugiarse en el gabinete del alcalde de São Bernardo do Campo, Tito Costa, tras una negociación entre el senador Teotônio Vilela y el ministro de Justicia, Ibrahim Abi-Ackel. “Me dejaron en la (celda) solitaria durante una semana, pues (el director del Dops, Romeu) Tuma trataba de forma diferente a los sindicalistas sin militancia de los que pertenecían a alguna organización, como yo”, dijo Moura. Después, trasladado a la celda con los demás presos -entre ellos Lula-, Alemão también comenzó a recibir visitas en el cuarto piso.

Lula y Alemão, que en ese entonces era representante de los empleados de Volkswagen, fueron juzgados por la Ley de Seguridad Nacional, una norma creada en 1935, en el gobierno de Getúlio Vargas, y que castigaba con rigor a aquellos que atentaban contra “el orden político y social”. Después de 31 días de arresto, los sindicalistas fueron liberados.

Ambos dirigentes acabaron siendo condenados por la 2ª Auditoría Militar a tres años y medio de cárcel y estarían una vez más presos en el régimen militar en razón de esa condena, recuerda O Estado de Sao Paulo. Sin embargo, la prisión, esa vez, duró un día y ni siquiera fueron llevados a la cárcel. Liberados, el proceso fue transferido de la Justicia Militar a la Federal y prescribió antes de ser juzgado.

Despedido de Volkswagen, Moura pasó a trabajar en un taller mecánico montado por el cantante Chico Buarque y otros artistas. Más tarde, participó en la fundación del Sindicato de Empleados en Centrales de Abastecimiento de Alimentos del Estado de Sao Paulo (Sindbast) en 1986, entidad de la cual hoy es presidente. En la actualidad también es vicepresidente de la Unión General de los Trabajadores (UGT).

Usted compartió celda con Lula en 1980. ¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia? ¿Cómo era él? ¿Consiguieron ser amigos?

Teníamos relaciones cordiales. Lula era sólo un sindicalista con un gran ego. Tenía pretensiones políticas, pero aún no era político. Combatía a la izquierda y cuando se le preguntó sobre su ideología, decía ser “mecánico tornero”, afirmaba incluso que no era de izquierda y que el sueño del trabajador no era la revolución y sí tener una casa propia y un auto en el garaje. Después se apoyó en la izquierda y de ella obtuvo su respaldo.

¿Cuál fue su reacción cuando supo que el juez Sérgio Moro había ordenado la detención de Lula?

Encontré normal la actitud de Sérgio Moro de mandar a capturar a Lula. Brasil le debe mucho a Sérgio Moro, y a todo el equipo de la Operación Lava Jato en su lucha contra la corrupción. Nuestros partidos políticos, sobre todo los mayores, albergan grandes pandillas.

Como sindicalista, ¿qué le pareció la reacción de la gente en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos del ABC, en São Bernardo do Campo, cuando Lula se entregó a la Policía Federal? ¿Fue una muestra del apoyo homogéneo de la clase trabajadora?

El discurso de Lula hoy es puro mesianismo. Se cree como si tuviera un papel parecido a Jesucristo, un típico caudillo latinoamericano. No dejó que surgieran otros líderes. ¿Quién puede liderar hoy al Partido de los Trabajadores? Esto es peligroso, ya que puede ser o convertirse en un camino para el fascismo. Vea cómo trata a los periodistas. Esto ya es fascismo en mi opinión.

En declaraciones al diario O Globo, usted expresó una visión crítica a las “tendencias políticas” de Lula. ¿Cuáles son sus principales críticas al petista? ¿Lo decepcionó? ¿Por qué?

El populismo es un retraso. Sus relaciones con (Hugo) Chávez, con las dictaduras africanas mediadas por Odebrecht fueron una tragedia que se extendió. Su política era la del conocido patrimonialismo. Fue elegido para hacer algo diferente y sólo se especializó en lo mismo. Hemos tenido mucho más de lo mismo.

¿Está de acuerdo con la condena judicial contra Lula o cree que es víctima de persecución política? ¿Por qué la figura del exmandatario polariza tanto a Brasil?

No hay persecución política. Los bandidos de otros partidos, los empresarios corruptos, también están presos. Existe una acción del Ministerio Público y en el Poder Judicial fundamentada en las leyes brasileñas. Sin embargo, tenemos mucho que avanzar. Acabar con el fuero y mantener de una vez la prisión en segunda instancia, por ejemplo.

¿Cree que la imagen de Lula fue irreversiblemente perjudicada por esa sentencia judicial? A su juicio, ¿el mito del “hijo de Brasil” se acabó?

Aquellos que son guiados por el fanatismo continuarán siguiéndolo; pero pienso que en el Brasil de hoy aumenta el rechazo por la corrupción. Los hijos verdaderos de Brasil están todos trabajando de hecho.

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