Fundadora de BishopAccountability.org: “El Papa buscará crear la impresión de que está arrepentido y cambió”

Anne Barrett Doyle. Foto: Aton

Anne Barrett Doyle, directora de esta entidad “observatorio” de abusos, se confiesa “escéptica” respecto del compromiso de Francisco para enfrentar el tema de los abusos de modo sistémico y desde dentro de la “cultura vaticana”. Dice que “tomó este paso después de que la primera estrategia, atacar la credibilidad de las víctimas, fracasó”.


Desde su fundación en 2003, en Boston, tras los escándalos que llevaron a la salida del entonces arzobispo de esa ciudad, Bernard Law, y marcaron un hito en la historia de los casos de abusos en la Iglesia Católica, la organización BishopAccountability.org mantiene un detallado registro de la situación del tema en la Iglesia Católica en todo el mundo. En relación a Chile, el grupo apunta a cerca de 80 casos, en su mayoría conocidos desde el año 2000 a la fecha.

Anne Barrett Doyle, una de sus fundadoras y actual miembro del directorio -donde también participan víctimas de abusos que fueron clave para destapar la situación en Boston, como Phil Saviano-, conversó con La Tercera sobre sus expectativas en torno a la reunión del Papa con los obispos chilenos.

Para ella, la clave no está solo en cambios de personas, sino en un cambio cultural en el Vaticano.

¿Cree que el encuentro del Papa con los obispos chilenos tendrá un efecto global para la Iglesia Católica y fijará nuevos patrones para enfrentar los casos de abusos?

El encuentro será relevante para toda la Iglesia Católica, pero en una magnitud limitada. Espero que el Papa finalmente remueva a varios obispos culpables. Y espero también que emita una dura reprimenda a todo el Episcopado chileno. Aunque muy atrasadas, esas sanciones del Papa pueden tener un efecto disuasivo, al menos en el corto plazo. Los obispos en el mundo entero pueden tomar medidas para remover y denunciar abusadores, en lugar de protegerlos. Pero en el largo plazo, pienso que la relevancia del encuentro se va a limitar mayormente a Chile, más que establecer un nuevo patrón para la Iglesia global sobre estos casos.

¿Qué espera que haga el Papa en el encuentro?

El objetivo del Papa es acallar el clamor público generado por sus errores de relaciones públicas en Chile. Se va a esforzar por impresionarnos. Creo que hará mucho para crear la impresión de que está arrepentido y cambió. Pero la solución será específicamente para la Iglesia chilena. No va a solucionar el problema sistémico que está en la base, en la ley canónica y en la cultura vaticana, que causó en primer lugar el problema chileno.

¿Es comparable esta situación con lo que pasó en Irlanda?

En 2009 y 2010, con Irlanda reclamando después de una serie de grandes investigaciones que produjeron revelaciones de horribles abusos y encubrimientos, el Papa Benedicto XVI tomó pasos muy similares. Aceptó la renuncia de cuatro obispos irlandeses, convocó a toda la Conferencia Episcopal irlandesa a Roma, reprendió a los obispos en una carta pública y envió equipos de visitadores apostólicos, incluyendo prominentes cardenales, para asistir personalmente a las arquidiócesis, seminarios y órdenes religiosas de Irlanda. Si bien la Iglesia de Irlanda es notablemente más segura y rinde mejor cuenta hoy, su aproximación estricta al tema no ha sido adoptada en España o Francia o Italia, menos en iglesias de otros continentes. Al final, la respuesta agresiva de Benedicto puede ser vista como una estrategia para sofocar las críticas públicas en ese momento y dejar “en cuarentena” las reformas. El caso de Irlanda no detuvo los estallidos de resistencia y pedidos de rendición de cuentas en otras partes, como Australia y Chile. La respuesta de Francisco en Chile no funcionará, salvo que corrija la cultura tóxica del sistema en la Iglesia universal.

¿Qué medidas espera que tome?

Espero que Francisco intente demostrar que finalmente está sacando la mancha de Karadima de la Iglesia chilena. Como mínimo, espero que remueva al obispo Barros y otros protegidos de Karadima -Arteaga, Koljatic y Valenzuela-. Tomará medidas contra los protectores de Karadima también. Aceptará finalmente el retiro de Ricardo Ezzati. Este será un paso simple: con 76 años, Ezzati ya superó la edad para renunciar. También parece probable que Francisco remueva a su amigo, el cardenal Errázuriz, del Consejo de Cardenales. El papel de Errázuriz no está en discusión y se ha insistido en que fue una de las principales fuentes de la falta de “información veraz y oportuna” que argumentó el Papa en su desastroso manejo de la situación de Barros. El nuncio papal, Ivo Scapolo, también podría ser despedido. También se dice que entregó al Papa mala información y participó en una campaña de descrédito de Juan Carlos Cruz y otros sobrevivientes de Karadima. Habrá que ver si Francisco acompaña estos despidos con una denuncia explícita de la complicidad de los obispos y el abuso de sus puestos. Francisco y sus dos predecesores removieron a obispos cómplices antes, pero siempre sin ningún comentario papal. Ninguna de estas renuncias fue acompañada de una reprimenda pública o una explicación.

¿Cuáles son esos cambios más profundos?

Los cambios de personas no serán suficientes. El fiasco de Barros expuso una profunda disfuncionalidad en la cultura de la Iglesia y el sistema canónico. El Vaticano no tiene una aproximación metódica para investigar a funcionarios que posibilitan los abusos. Es tremendo que en 2018 el Papa diga que fue mal informado del que es posiblemente el más documentado caso de abusos en la Iglesia Católica. Eso apunta a dos condiciones inquietantes: que los canales de información al interior del Vaticano están quebrados o que los abusos tiene aún una prioridad muy baja.

¿Cree que el Papa está comprometido con la necesidad de enfrentar el problema de los abusos en la Iglesia?

Me gustaría creer que sí, pero soy escéptica. Hay que tener en cuenta que el Papa tomó este paso después de que la primera estrategia -atacar la credibilidad de las víctimas- fracasó. El tiempo dirá si estos encuentros con las víctimas y los obispos fueron más un control de daños o la búsqueda desesperada del necesario cambio.

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