Alfonso Swett, retrato de un presidente

Swett ha corrido maratones en Estados Unidos y Europa. En su juventud practicó karate.

El 3 de abril, Alfonso Swett Opazo se convertirá en el nuevo presidente de la CPC. Independiente de derecha, con fuertes lazos en la CUT y en la oposición, amigo de Beto Cuevas, de Felipe Larraín y de Bárbara Figueroa, maratonista, karateca de juventud y amante de la filosofía, en tercero medio el futuro timonel del empresariado incluso pensó ser sacerdote. Su primer trabajo fue como asesor del entonces senador Sebastián Piñera y con él vivió el episodio de la radio Kioto en primera persona.


Cuentan que cuando Alfonso Andrés Swett Opazo (50 años, casado, cuatro hijos) tenía ocho años, su padre, Alfonso Swett Saavedra, fanático de la Universidad Católica e histórico dirigente de ese club, lo llevó al Estadio Nacional a ver un partido de fútbol entre su equipo favorito y la Unión Española. El club hispano derrotó inapelablemente 4 a 0 a los cruzados. El pequeño Alfonso quedó tan alucinado con el triunfo de la Unión, que pidió de regalo de cumpleaños una camiseta del club. Tanta fue su insistencia, que pese a la férrea oposición de su padre cruzado, su madre le regaló la polera y Alfonso hijo se hizo hincha del club hispano. Ese acto de “rebeldía” le significó quedarse sin ir al estadio durante tres años.

Aquel episodio, mencionan quienes lo conocen, refleja una de las características de la personalidad de quien será el próximo presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC): su firmeza y perseverancia para defender sus ideas y aquello en lo que cree, más allá de las consecuencias que pueda ocasionarle o de los “enemigos” que en el camino pueda dejar. Otros que también han compartido de cerca con el director ejecutivo de Forus, consejero de la Sofofa y presidente del Consejo Asesor Nacional de Clapes UC, lo describen como un “entusiasta por llevar la contra, inquieto y un eterno porfiado”.

El candidato de consenso para liderar a las seis ramas del empresariado -que será “ungido” el próximo 3 de abril- mostró esa faceta desde el colegio. Egresó del Verbo Divino en 1985, al que se integró en segundo básico, proveniente del Redland School.

El 82, cuando cursaba primero medio, fue clave en su vida. Coincidió con la profunda crisis económica que enfrentaba el país. Ese año viajó con su padre e Ignacio Prieto, entrenador de la UC, al Mundial de Fútbol de España. A su regreso, su profesor de Historia y Geografía, Pedro Soto, les dijo a él y a sus compañeros que vivían en una burbuja, ignorando la realidad del Chile profundo. Acto seguido, el joven Alfonso le replicó. “Entonces, sáquenos de la burbuja”, recuerda un compañero de la época.

El fin de semana siguiente, todo el curso partió al Campamento Arturo Prat, ubicado en el paradero 14 de Vicuña Mackenna. Ahí habitaba una comunidad religiosa y cuentan que a Swett lo marcó lo felices que eran, pese a la escasez material.

Desde esa vez, subrayan en su entorno, se despertó en él una reconocida vocación social. Del 82 al 85, cuando egresó, su rutina de casi todos los fines de semana consistía en ir a trabajar al campamento. Al comienzo, con una tarea específica: alimentar a 250 niños. Para ello, organizaba colectas y campañas para recaudar dinero. El anuario del colegio recoge su frase típica que lo retrata en ese período. “¡Traigan $ 100 mañana!”. También formó parte del grupo que impulsó la construcción de una iglesia en el mismo campamento.

Quienes han trabajado con él mencionan que a partir de entonces el futuro timonel de la CPC ha cultivado una capacidad para dialogar y empatizar con el mundo social, con las pequeñas y medianas empresas y también con el mundo sindical.

De la Confederación Nacional de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Conapyme) fue su asesor durante cuatro años. Juan Araya, presidente del gremio, recuerda esa época. “Nos enseñó a organizarnos, a planificar el trabajo para enfrentar a nuestras contrapartes mejor preparados, también a creernos el cuento. Él, a su vez, aprendió de nosotros el tema gremial”.

Bárbara Figueroa, presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), complementa esa visión. “Nos conocemos de antes que llegara a Sofofa, hemos compartido muchas veces en veredas opuestas y uno percibe la buena fe para generar espacios de diálogo, lo que no quita que tengamos diferencias profundas. Pero no se trata de ser condescendientes, sino respetuoso de las distintas posturas”.

Redes transversales que desarrolló en su época universitaria cuando fue presidente del Centro de Alumnos de Economía de la UC, derrotando a la lista gremialista como independiente, apoyado por una atípica alianza Concertación-RN. Como estrategas de su campaña se mencionan al actual ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quien era su profesor, y al hoy gerente general de la Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV), Óscar Hasbún, quien fue su generalísimo. Lo acompañaban también Marcelo Tokman, Claudio Agostini, Alberto Undurraga y Andrea Repetto. “A Alfonso le cargaba la polarización, no le acomodaban los extremos, y votó por el No en el plebiscito”, asevera un compañero de la época.

“Tuvimos mucha afinidad y coincidencias con Alfonso, porque representaba a una derecha moderada. Al final, teníamos el mismo adversario”, recuerda el ex senador PS Fulvio Rossi, que entonces presidía el Centro de Alumnos de Medicina.

También en esa época estrechó vínculos con otros representantes de la Concertación, entre ellos, el ex intendente Claudio Orrego (DC) y con el ex subsecretario de Obras Públicas, ex presidente del Metro y ex DC Clemente Pérez. “Nos conocimos cuando yo estaba como presidente de la Feuc. Alfonso fue el primer presidente de Economía que no era gremialista. Si bien era de derecha, era bueno para dialogar y escuchar. Es una súper buena noticia que sea el próximo presidente de la CPC”, comenta Orrego. A su turno, Pérez, sucesor de Orrego en la Feuc, agrega. “Tuvimos una muy buena relación con la directiva que lideraba Alfonso, lo que no era menor, dado que eran los últimos años de la dictadura. Teníamos discusiones bastante políticas en el centro de alumnos, como, por ejemplo, si organizábamos un paro”. Menciona que en 1991 Swett colaboró con la UC en la conmemoración de los 100 años de la Encíclica Social de la Iglesia “Rerum Novarum”.

De su paso por Ingeniería Comercial, Swett -MBA en la Universidad de Duke- conserva, además, tres grandes amistades: Michel Calderón, integrante de la familia controladora de Ripley; Cristián Jijena, gerente general de VivoCorp, y Sebastián Claro, ex consejero del Banco Central.

En su período universitario profundizó el gusto por la filosofía, que adquirió de su profesora Carolina Dell’ Oro. Declarado seguidor de la corriente aristotélica, Swett desde pequeño tuvo una inclinación filosófica, señalan en su entorno. Cuentan que al salir del colegio le planteó a su papá que esa era la carrera que quería estudiar. “Yo no financio hobbies, financio carreras”, le retrucó de inmediato Alfonso padre.

Antes de eso, en tercero medio Swett también exploró la idea de ser sacerdote e incluso tuvo acercamientos con el seminario, dicen, pero finalmente descartó esa posibilidad, porque “era muy inquieto, lo que no calzaba con el silencio propio del sacerdocio”, rememoran en su entorno.

De misa semanal, en 1986 Swett se acercó a los Legionarios de Cristo, invitado por Juan Carlos Eichholz, profesor de la UAI y ex compañero de colegio del hermano menor de Swett. Ahí conoció al sacerdote John O’Reilly, que en noviembre de 2014 fue sentenciado a cuatro años y un día de libertad vigilada, tras ser declarado culpable de abusos sexuales contra una menor ex alumna del Colegio Cumbres. Swett nunca dudó de su inocencia, reconocen cercanos.

El episodio de la Kioto

El primer jefe de Swett fue el Presidente Sebastián Piñera. El futuro timonel de la multigremial fue asesor económico del entonces senador RN. Llegó por recomendación de Felipe Larraín. Cuentan que apenas cinco minutos duró la entrevista de trabajo en las oficinas de Piñera, ubicadas en Huérfanos con Morandé. En ella, el Mandatario le manifestó tres cosas: que viniera recomendado no le aseguraba el puesto, que media hora trabajando para él equivalían a 48 horas de trabajo normal y que le pagaría bajo el promedio de los recién egresados, porque iba a aprender mucho de él.

Swett, finalmente, trabajó tres años como asesor de Piñera y vivió el recordado episodio de la radio Kioto, en agosto de 1992, cuando Piñera y Evelyn Matthei se disputaban la nominación presidencial de la derecha. En una entrevista televisiva, el empresario Ricardo Claro -dueño de Megavisión- sacó una radio Kioto para reproducir una grabación telefónica, donde se escucha a Piñera hablar con su amigo Pedro Pablo Díaz para que atacaran a Matthei en una entrevista.

Conocedores del episodio revelan que terminado el programa ese día, pasada la medianoche, Piñera y Swett se fueron a la casa de este último, desde donde se comunicaron vía telefónica con Andrés Allamand y Pedro Pablo Díaz, que estaban en Atlanta, Estados Unidos. Se quedaron hasta pasadas las 6 de la madrugada. Swett, entonces, vivía en la casa paterna, y Alfonso padre, al enterarse del encuentro, se indignó con su hijo, pues en aquella época la familia Swett era socia de Ricardo Claro.

Cuentan que días después, en un directorio de Megavisión, Claro increpó a Swett Saavedra, diciéndole que en su casa se estaba planificando perjudicarlo y le exigió que su hijo renunciara a trabajar con Piñera. Fuentes conocedores de esa conversación relatan la respuesta que le dio Swett padre a Claro: “Mi hijo tiene 23 años, es rebelde y porfiado, lo único que puedo hacer es darle tu recado, pero la decisión será de él”.

Tiempo después, Swett se hizo cargo de la administración del patrimonio personal de Piñera, tras la venta de Bancard y de Fincard, inversiones que estaban radicadas en las sociedades Inmobiliaria Huechuraba e Inversiones Santa Magdalena. Luego, Swett participó en la creación de la Fundación Futuro.

A fines de 1993, Swett recaló en la empresa familiar Forus, que opera marcas como Rockford, Cat, Columbia, Merrel, Nine West, Hush Puppies, Brooks, Patagonia, Calpany, Jansport y Azaleia, entre otras. Su padre quería que partiera de abajo para conocer bien el funcionamiento del negocio, por eso arribó al área de ventas y de desarrollo de productos. Bien al inicio, fue asistente de venta de una tienda de Parque Arauco.

Tropezón en la Sofofa

En su formación gremial no se encuentran dos opiniones: su mentor fue Andrés Concha, ex presidente de la Sofofa fallecido en 2014. Trabajó con él cinco años a cargo de la agenda laboral. Estuvo en las comisiones de salario mínimo y de tipo de cambio. En 2011 se convirtió en consejero de la Sofofa nombrado por el propio Concha.

No todo ha sido de dulce en el recorrido de Swett. Recordado es el episodio que protagonizó en 2014, cuando renunció a la vicepresidencia del gremio fabril durante el primer mandato de Hermann von Mühlenbrock por tener diferencias con dicha dirigencia.

Quienes presenciaron ese hecho evocan un episodio previo. Relatan que con Claudio Muñoz, presidente de Telefónica y quien era el otro vicepresidente del gremio fabril, se juntaron en la casa de Cristóbal Philippi, secretario general de la Sofofa. Ahí, Swett les habría adelantado que renunciaría. Muñoz, por su parte, le contó que haría lo propio. Cercanos a Swett admiten que ha sido uno de los episodios duros que ha enfrentado.

Quienes participaron en esa época recuerdan que Swett protagonizó acaloradas discusiones en las reuniones del consejo de los industriales. “Es muy frontal y directo, a veces algo confrontacional y peleador, un poco achorado”, indica una fuente del empresariado.

Al año siguiente, Swett nuevamente estuvo en la trinchera del frente para levantar la candidatura de Andrés Navarro y competirle a Von Mühlenbrock por la Sofofa en 2015. Pero sufrieron una aplastante derrota.

Con Claudio Muñoz, además de Ricardo Escobar, ex director del SII, y el sociólogo José Rivera, en 2016 Swett escribió el libro Y si nos ponemos de acuerdo.

“Alfonso no improvisa. En la Regata de Chiloé me dijo que le parecía una falta de respeto para su interlocutor el no llegar preparado para tratar el tema que fuera. Y así es. Cuando trabajábamos en el libro que hicimos juntos, para los nueve o 10 temas que tratamos siempre llegaba con gráficos y un cerro de datos. Se ganó el derecho de tratar primero todo, era el que más sabía”, afirma Escobar. Destaca que otra característica es su empatía. “Siempre se pone en los zapatos de la otra persona, tratando de entender su perspectiva”.

Maratonista y amigo de Beto

El próximo presidente de la CPC tiene una faceta deportista: karateca de juventud, hoy practica el esquí y también ha corrido maratones en Estados Unidos y Europa. Este año participó en la Regata de Chiloé, donde conoció al cantante Beto Cuevas. Conversando, se dieron cuenta de una coincidencia: nacieron el mismo día, el mismo año, en la misma ciudad, en la misma clínica, con tres horas de diferencia. Desde entonces, se han juntado en tocatas y decidieron que juntos celebrarán los 51 en Los Ángeles, Estados Unidos, y los 52, en Santiago.

Swett completa 25 años como profesor de la misma cátedra en la UC: Creación de Nuevas Empresas, curso que congelará cuando asuma en la CPC. El ex ministro de Economía de Bachelet Luis Felipe Céspedes fue alumno suyo.

Mayor de cuatro hermanos, Swett está reorganizando sus actividades para compatibilizar su nuevo rol en la CPC. Dedicará el 50% de su tiempo a la dirigencia gremial y el resto a otras actividades. Seguirá en Clapes UC y mantendrá la dirección ejecutiva de Forus y la gerencia general de Costanera, el holding familiar. Ya renunció al comité ejecutivo y a la presidencia de Políticas Públicas de la Sofofa; también al directorio de Inacap.

El grupo Costanera -que agrupa a las inversiones de la familia- también tendrá cambios. En abril, su hermana Macarena asumirá la subgerencia general; hasta ahora se desempeña como head of investor relations de Forus. Su otro hermano, Sebastián, se mantendrá a cargo de la gerencia comercial de Forus.

Y cuentan que cuando reunió el completo apoyo de las ramas de la CPC llamó de inmediato a su amigo Felipe Larraín para anunciarle “total independencia” para relacionarse con el gobierno en su nuevo rol.

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