El agitado y sombrío último año de Cortázar

El autor de Rayuela murió el 12 de febrero de 1984, hace 30 años, aún triste por la muerte de su última esposa. Este año, además, se conmemoran los 100 años del natalicio con homenajes en París y Argentina.




Terminaba 1983, la democracia estaba de vuelta en Argentina y también Julio Cortázar. El autor de Rayuela, una celebridad literaria y política de peso en toda Hispanoamérica, paseaba de nuevo por las calles de Buenos Aires. No había homenajes oficiales, pero en la calle lo paraban para darle las gracias, pedirle un autógrafo o un abrazo. En una entrevista decía que quería volver al año siguiente, que quería recorrer la Patagonia, que en su próximo libro estaría "presente la historia latinoamericana". Decía también que estaba enfermo. No decía que llevaba un año viviendo entre la pena, ensombrecido por la muerte de su última mujer, Carol Dunlop. Un mes después de dejar su país, Cortázar fallecía en París.

"Estaba hecho polvo", dice Carles Alvarez, investigador español que desde 2009 trabaja con textos inéditos de Cortázar. "La muerte de su último gran amor se suma al hecho de que ya está muy enfermo. En sus últimos meses es un tipo que estaba derrotado", agrega al teléfono desde Madrid, justo en el momento en que se desatan las conmemoraciones por el centenario del natalicio del argentino: a lo largo del año será objeto de homenajes en Francia, México y Argentina (ver recuadro). Alvarez hace su aporte con el libro Cortázar de la A a la Z, una biografía visual del escritor con más de mil fotografías, muchas desconocidas. Es la crónica de una historia agitada que terminó exactamente hace 30 años: murió el 12 de febrero de 1984.

El más lírico de los autores de la generación del boom, Cortázar encarnó el ideal del escritor latinoamericano que se toma París: se instaló en Francia a los 37 años, en 1951, y fue allá donde desarrolló toda su obra. A contrapelo de la escritura de algunos de los títulos más famosos de Latinoamérica en los 60, de Bestiario a Historias de cronopios y de famas, pasando por Rayuela, Cortázar fue un comprometido hombre de izquierda que apoyó la Revolución Cubana, la Unidad Popular chilena y el sandinisno en Nicaragua. Pocas veces pisó el freno.

Tampoco bajó el ritmo en sus últimos años, pese a estar herido. Su idolatrado París perdió todo encanto tras la muerte de Dunlop. "Ahora es el hueco, es un París zombie, no puedo escribir ni vivir mientras veo cómo nacen estas palabras y corre la tarde", escribió, a dos semanas de la muerte de la fotógrafa estadounidense, con quien se casó en 1970.

Juntos vivieron una década intensa, que incluyó viajes y proyectos literarios: para escribir Los autonautas de la cosmopista, hicieron un viaje en auto de París a Marbella de 33 días, con paradas periódicas de expediciones científicas. Dunlop no alcanzó a verlo; antes murió en 1982. "El duelo de Julio duró hasta su muerte", contaría su amigo y editor Mario Muchnik.

Sin embargo, Cortázar no se quedó quieto. El inicio de 1983 lo pilló en Nicaragua, haciendo una vigilia en la selva de Bismuna. En agosto pasó el verano en Barcelona, con Muchnik: cordero y vino al almuerzo, whisky al anochecer. Sabían que estaba enfermo, pero no cuánto. Antes de que termine el año viaja a Buenos Aires y en enero de 1984 regresa a Nicaragua: el poeta y ministro de Cultura, Ernesto Cardenal, lo condecora con la Orden Rubén Darío.

"Estoy muy harto de mi cuerpo. La verdad es que estoy bastante desesperado", le escribe Cortázar en esos días a Muchnik. De vuelta en París, la leucemia que padece se agrava. Veinte años después, la poeta uruguaya y amiga del escritor Cristina Peri Rossi diría lo inesperado: según sus datos, el escritor padecía de VIH, el que se había contagiado en una transfusión, en 1980. Aunque la versión nunca se ha probado, por esas fechas se registraron contagios masivos de sida en Francia por transfusión de sangre.

Con leucemia o VIH, Cortázar ingresa de urgencia el 2 de febrero al hospital de Saint Lazare, en París. Lo acompaña su primera esposa y fiel amiga, Aurora Bernárdez. Lo cuida hasta su muerte: Cortázar fallece el 12 de febrero. Tiene 69 años. A los dos días, lo entierran junto a Dunlop en el cementerio de Montparnasse. Había empezado hacía poco un proyecto llamado Las mujeres, que apenas tenía tres líneas. Había escrito una de las obras más vivas del español en el siglo XX.

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