La artesanía chilena muestra sus mejores cartas en París

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En la ciudad donde hace 53 años se acogió la obra de Violeta Parra, se exhiben ahora las innovadoras piezas en cobre, madera, plata, mimbre y fibras vegetales de 27 creadores locales, seleccionados por el Consejo de la Cultura para la bienal Révélations.




"Estoy bajando de una tremenda nube, esto ha sido muy emocionante. Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando llegué aquí y vi todo esto". Juan Betancourt se pasea con chupalla bajo la cúpula del imponente Grand Palais parisino mirando incrédulo la vitrina donde se lucen las peinetas en cacho de buey que produce en su taller en Algarrobo. "Acá no sólo hay un trabajo mío de 20 años, sino de mi papá y de mis hijos. Aquí ha participado toda mi familia", dice.

El edificio construido para la exposición universal de París de 1900, que suele acoger eventos artísticos tan importantes como la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC), es hasta el lunes sede de Révelations, la bienal internacional del artesanía contemporánea más importante de Europa, donde nuestro país es el invitado de honor después de Corea y Noruega.

Chile, el único país latinoamericano que ha participado en esta bienal, estuvo el año pasado con una pequeña muestra y ahora regresa con 27 artistas seleccionados, entre ellos Juan Betancourt, que exponen sus trabajos en un amplio stand en el centro de la nave, inaugurado el miércoles por el ministro de Cultura Ernesto Ottone.

La "revelación" de Juan es haber creado peinetas con los mismos cachos que su padre hacía vasos para la chicha. Eso fue hace 20 años cuando, sin trabajo, su papá le ofreció lo único que tenía: su modesto taller. "Me rebelé porque este tipo de peinetas ya se habían dejado de hacer, es algo muy antiguo. Mi papá conocía a gente que alguna vez las produjo pero que lo dejaron, porque es un trabajo largo que requiere paciencia. Son más de 14 pasos entre sacar el hueso y la última terminación", explica. Y está en París porque transmitió el oficio a sus hijos. Su hija hace joyas, como prendedores de plata que incorporan las puntas de los cachos de buey y que son expuestos también en París. También están los broches mapuches o "tupus" que produce su hijo.

Juan y los otros 26 creadores fueron seleccionados a través de un complejo sistema de convocatoria organizado por el Consejo de la Cultura y comisariado por la artista Nury González, quien escogió piezas en cobre, madera, plata, mimbre, fibras vegetales y hasta cochayuyo. "En Chile hablas de artesanos y hay una mirada en menos, peyorativa", reconoce González. "Nosotros elegimos hablar de creadores y la convocatoria fue abierta, por eso hay artistas visuales junto a los artesanos, porque nos centramos en el acto creativo donde se cruza el conocimiento rotundo y potente que tienen del material noble con su imaginario para crear piezas que no son en serie, que tienen cada una su particularidad".

En ese sentido, menos originales podrían parecer unas camelias de crin originarias del pueblo de Rari, que fueron ubicadas en una jardinera no lejos de las peinetas, en un guiño a Violeta Parra. Las hace Eliana Carter con "28 círculos, cada uno de diferentes tamaños y un globo al medio", según cuenta. "Muchas artesanas copian el sombrero, la mariposa, pero yo quise trabajar algo nuevo, me gustan los retos y por eso mis cosas están aquí", dice orgullosa. Pero la verdadera revelación de Eliana, quien heredó la técnica de su madre y se la traspasó a sus hijas también tejedoras, se dio de la mano del diseñador chileno radicado en Francia Mauricio Clavero, quien hace un tiempo eligió a cinco artesanas de Rari para hacer un taller y motivarlas a explorar. De las manos de Eliana salió una escultura en crin negro, una especie de llama, colocada sobre una plataforma de bronce dorado de 18 quilates: "En esa escultura se respeta la técnica que tiene 300 años, está hecha entera de crin unido", cuenta Carter.

Objetos únicos

No viene de una familia de artesanos Tere Marín, pero sus cerámicas indirectamente se inspiraron en su abuelo médico, apasionado de la escultura, o en su madre, que trabaja la cerámica de modo más abstracto: "Uso gres y porcelana. Primero empecé una serie que se llamaba litósfera. Y luego hice estos platos de fondo", dice indicando unas piezas ubicadas sobre pilares celestes. "Detrás de ellos hay siempre una doble lectura: no es uno el que come el erizo, es el erizo que lo come a uno. En el otro están estos corales que parecen unos sesos flotando. O allá tenemos los bichos que en vez de comérselos uno, ellos se están comiendo el plato". Marín prefiere catalogarse como "ceramista", ni artista ni artesana, porque "artesana quizás está asociado al tema más productivo. Yo soy muy lenta, en cada pieza me demoro meses y son muy frágiles y muy difíciles de llevar a una feria comercial".

Nury González, la curadora, aclara que "uno podría decir que el artesano en Chile hace sus piezas para un cotidiano, una utilidad. Pero hay artesanos que han dado pasos y hacen objetos más únicos y abren el imaginario". Y señala el ejemplo de Egon Muñoz, de Pucón, que de las tradicionales fuentes en madera que se venden en Villarrica ha derivado a unos recipientes multiformes y de colores improbables que bien pueden ser usados "para poner manzanas o como esculturas".

"Este trabajo nació por la forma de los troncos", dice Egon Muñoz. "Yo uso maderas muertas, no son árboles que uno bote, sino que caen o los tira el viento y el paso del tiempo les da el tono. Eso me llamó la atención, probar con maderas que los artesanos no trabajan por su dureza, ellos prefieren las maderas tradicionales como el laurel y el raulí. Además, éstas tienen un comportamiento distinto en el secado, pues se abren mucho y a veces se tuercen. Y además en la terminación no hay nada de químico, cera de abeja y aceite de oliva nada más".

La invitación se cruzó además este 2017 con el centenario de Violeta Parra. Hace 53 años la folclorista exponía sus tapices en el Museo de Artes Decorativas del Louvre. Hoy estos 27 artistas siguen, cada uno a su manera, su huella.

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