Acuerdo nacional



Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

Las palabras evocan momentos importantes para Chile, y nos remontan a acuerdos en torno a la transición a la democracia en 1985. Por eso mismo, debemos ser cuidadosos al usar este nombre; realistas al definir los contornos de un pacto; generosos a la hora de plasmar acuerdos; y claros en reconocer a la autoridad constituida, el Presidente de la República, como conductor del proceso. Fallar en cualquiera de estos atributos puede llevar al fracaso.

Siguiendo esta pauta, me permito sugerir bases para lograr estos atributos. Hago un esfuerzo por recurrir al sentido común y por renunciar a ventajas políticas o ideológicas a partir del acuerdo, y pido lo mismo a quienes piensan distinto.

Definir bien los contornos del pacto es fundamental para evitar frustraciones y también para desincentivar comportamientos oportunistas que pretendan sacar ventajas. Los acuerdos deben estar centrados en la pandemia del coronavirus y sus efectos en los chilenos. El Presidente Piñera habló ayer de Protección Social y Reactivación, lo que en principio es correcto, porque la prioridad hoy es remediar las desmedradas condiciones de vida de un número muy importante de chilenos a raíz del coronavirus de las medidas de restricción económica que han debido tomarse para enfrentar la peste o de su vulnerabilidad previa. El gobierno es generoso al incluir a la oposición en un acuerdo que se traducirá en beneficios sociales para los más desposeídos por el coronavirus y otras carencias. La oposición debe tener mirada de largo plazo para incluir medidas que contribuyan a la reactivación, porque esos serán empleos que aliviarán angustias de muchas familias y al mismo tiempo echarán las bases para recuperar la actividad productiva y el equilibrio fiscal.

Una segunda cuestión fundamental es el espíritu con que se conversa sobre el tema y se negocia, incluso, pues negociación habrá. Es necesario recomponer confianzas, porque hemos tenido en el pasado reciente acuerdos que no se cumplen, ya sea en la letra o en el espíritu. Pongo un ejemplo, aunque puede haber más. Que recién concluido el acuerdo por la paz social y una nueva Constitución, diputados de todos los partidos de oposición representados en el Congreso aprobaran una acusación constitucional para destituir al Presidente de la República, incumple el espíritu de ese acuerdo. Iniciar ahora una negociación con exigencias de pisos mínimos, no me parece revelador del espíritu que necesitamos para un acuerdo exitoso.

Por último, el Presidente es quien debe liderar el acuerdo, con generosidad para premiar a la oposición con una población agradecida de sus políticos por ayudarlos en este trance. Si no lo hace no hay forma de concretar los acuerdos, ya que requieren paz social y además perdería apoyo entre sus partidarios volviendo al fantasma de aprobaciones de un dígito.

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