Gustavo Lagos

Gustavo Lagos

Profesor UC

Opinión

Bonos mineros


Hay tres periodos bien distintos en las negociaciones colectivas de las grandes empresas mineras en los últimos 20 años. Primero, el tapabocas existente hasta 2005 que consistía en un modesto premio al terminar las negociaciones. Segundo, el Bono de Término de Negociación (BTN) creado al comenzar el superciclo en 2006 con la primera huelga de Escondida. Las empresas estuvieron dispuestas a entregar bonos gigantes que reemplazaban el aumento mensual de remuneraciones, con tal que no se interrumpiera la producción. Para entender mejor los grandes números, un bono de 15 millones por 36 meses representa un aumento de remuneración de 417 mil pesos mensuales.

El tercer periodo partió en 2015 con la caída de la bolsa de Shanghai y el desplome del precio de los commodities. Siguieron entregándose cuantiosos bonos, pero menores que los anteriores en muchas empresas, casi sin reajustes reales, y con indicadores de productividad.

En Codelco los bonos bajaron a menos de 8 millones de pesos en algunas divisiones, cerca del 50% del valor entregado hace cuatro años. En algunas mineras privadas esta reducción fue del orden de 60%. Ello excluye, por ahora, a Escondida, en donde la petición de los trabajadores supera en 20% lo otorgado en 2013. Entonces, hay grandes diferencias en las mineras chilenas, ello se expresa en los bonos y también en los salarios, los que van desde los 2,5 hasta los 7 millones de pesos brutos mensuales. Ello confirma que los trabajadores mineros están en el percentil 90 o superior de ingreso de los chilenos, y que la gestión laboral de las empresas es determinante en las relaciones con los trabajadores, en el nivel salarial, y en las huelgas generadas.

Con el actual nivel de precio del cobre, el 38% y 100% de aumentos salariales en las mineras privadas y en Codelco, se pagan con la reducción de impuestos, respectivamente.

Por último, el informe de la Comisión Nacional de Productividad indica que los sueldos mineros son altos en Chile medidos por tonelada de cobre producido. Ello es uno de los aspectos que pesa en la baja competitividad de las mineras, desfavoreciendo la inversión futura. Obviamente, este indicador depende también de la inversión de sustentación, la que es muy dispar. En definitiva, si bien el fin del superciclo permite el retorno de algo más de racionalidad a las negociaciones colectivas, empresas y trabajadores tienen mucho que avanzar para lograr mayor competitividad y asegurar el crecimiento de esta industria.

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