Opinión

El Brexit entrampa a Theresa May


El rechazo del Parlamento británico al acuerdo alcanzado por la primera ministra Theresa May y la Unión Europea para concretar el Brexit volvió a dejar a Reino Unido en un escenario incierto a solo 10 semanas del plazo fatal del 29 de marzo. La magnitud del rechazo, que lo convirtió en la mayor derrota que sufre un gobierno en el Parlamento en la historia británica, da cuenta de la gravedad de la crisis y el escaso margen de maniobra que tiene la actual jefa del gobierno británico. Sin bien ayer logró superar la moción de censura presentada por la oposición laborista, el ajustado triunfo -por solo 19 votos- también evidencia la debilidad política de May, cuyo principal desafío ahora es intentar evitar que Reino Unido deje a fines de marzo próximo la Unión Europea (UE) sin un acuerdo. La gravedad de las consecuencias económicas que ello traería, tanto para el propio Reino Unido como para la UE, exige a ambas partes redoblar sus esfuerzos para que ello no ocurra.

El resultado del referéndum de 2016 puso a Londres ante una encrucijada imprevista y al margen de las responsabilidades de quienes favorecieron que ello ocurriera, ya sea por errores de cálculo político o promoviendo discursos populista; lo cierto es que existe un mandato del pueblo británico, que la actual primera ministra ha demostrado estar decidida a llevar adelante. May tiene ahora hasta el lunes para presentar un plan alternativo, y no son muchas las opciones. Al margen del “no acuerdo”, éstas pueden llegar hasta las elecciones anticipadas o incluso la suspensión del proceso, algo que la primera ministra rechaza, por considerar que traiciona la voluntad de los británicos. Por ello, la principal apuesta de May parece ser acercar posiciones con los diputados norirlandeses por las salvaguardas exigidas por la UE, para evitar una frontera física entre las dos Irlanda, porque existe consenso, que solucionado ese punto, el acuerdo podría ser aprobado en una segunda votación.

Sin embargo, para lograr eso es fundamental el concurso de Bruselas, que hasta ahora se ha mostrado intransigente ante la posibilidad de renegociar el acuerdo, y solo ha abierto la puerta a extender el plazo para que se concrete la salida de Reino Unido; en ese sentido, son positivas las señales dadas ayer por la canciller alemana, Angela Merkel, quien insistió en trabajar por una salida ordenada.

Más allá de las consideraciones políticas del bloque, que busca evitar que la entrega de demasiadas concesiones a Reino Unido termine favoreciendo el retiro de otros países de la UE, hay consenso de que un Brexit sin acuerdo no solo afectará a los británicos. Bruselas tampoco puede obviar que, al margen de que la decisión de Reino Unido de dejar la UE fue unilateral, responde en parte a problemas generados por la propia estructura del bloque. Por ello, ante la gravedad del actual escenario, no puede cerrar la puerta a la renegociación. May apuesta sin duda a eso, a cambio de asegurar la aprobación del acuerdo. De no lograrlo, la opción de un nuevo referéndum podría seguir tomando fuerza.

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