Columna de Álvaro Pezoa: Contumacia

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO



Por Álvaro Pezoa, Ingeniero comercial y doctor en Filosofía

“Nueva” Constitución, “bordes” para la misma, otra convención. Esos son los intereses de los políticos chilenos, después que un 62% de la población, en la votación más masiva que recuerda la historia del país, dijo “rechazo”. Un rechazo que fue un no rotundo al origen, al proceso y a la “payasada” convencional, a las reivindicaciones identitarias de minorías y élites, a la recurrencia indiscriminada a la violencia matonesca en la “calle”, al lenguaje desmesurado y soberbio de los ganadores de ocasión. A quienes quieren desmembrar a Chile, abominan de su historia y tradiciones, y desean borrar cualquier vestigio de realidad que parezca natural: patria, familia, sexo, iniciativa personal, libertad educacional, propiedad, religiosidad.

No hay caso: ¡contumaces! ¿Qué tiene que ocurrir todavía para que la clase política se decida a preocuparse de los problemas reales de la ciudadanía, de sus urgencias sociales, de las necesidades no cubiertas que “claman al cielo”? Ahí están, ¡seguirán esperando!, pues a la mayoría de las dirigencias electas (o no) le preocupan más sus pequeñas cuotas en la “repartija” del poder, navegar en las componendas de café, mantenerse en la “corrección política” para que los periodistas no los hundan, seguir sobreviviendo a las circunstancias hasta la próxima elección. Existen excepciones, pocas.

Es que hay que contar con una inédita Carta Fundamental que sea la “casa de todos”, plena en legitimidad popular, esgrimen. En caso contrario, no se “cerrará nunca el proceso histórico”. ¿Cuál? ¿El de la mediocridad habitual que la nación vivió gran parte del siglo XX?, ¿el de la “revolución en libertad”?, ¿o aquél otro “con empanadas y vino tinto”? ¿El iniciado por el Gobierno Militar, ante el descalabro a que condujeron los “señores políticos”? ¿O el de los “treinta años”, Constitución de Lagos incluida? ¿Quizás el de la “revolución pingüina”, seguida de la exigencia juvenil por “gratuidad” en la educación, que parece sellarse temporalmente con un 18 de octubre siniestro?

Entretanto, se acumulan los crímenes en las calles y autopistas. La Araucanía arde y en sus tierras balean a voluntad. Se suman los carabineros asesinados o malheridos. Las tomas ilegales de terrenos se multiplican. La inflación galopa por irresponsabilidad de gran parte de los congresistas, flagelando especialmente a los más pobres. Miles de adolescentes no pueden estudiar porque sus establecimientos son utilizados por pseudo colegiales como centros de operaciones delictuales. Las listas de espera en los hospitales se perpetúan. En fin, ya se sabe.

¿Cambios a la Constitución? Sí, aquellos que sean realmente imprescindibles. Efectuados por el Congreso Nacional, que es el órgano que la institucionalidad dota y la ciudadanía elige para estos efectos. Ayudados por expertos calificados, ¡bienvenido! Pero, no más shows, ni dilapidaciones de tiempo y recursos, ni arreglines de pasillos a espaldas (y a costas) de Chile. ¡Por favor!

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