Columna de Diana Aurenque: La casa de humo

29/07/2022 EX CONSTITUYENTES SE REUNEN EN METRO MONEDA PARA ENTREGAR INFORMACION SOBRE NUEVA CONSTITUCION Mario Téllez / La Tercera



El debate constitucional discurre decisivamente entre metáforas arquitectónicas. Así, pese a la hostilidad y la polarización, pareciera existir acuerdo en que, una Constitución debe ser la “casa de todos”. Y quizás por lo mismo, cada comando se denomina en jerga doméstica: a un lado, la “Casa del Apruebo”; al otro, la “Casa Ciudadana del Rechazo”.

Contradictorio debería resultarnos entonces aquella fracción del Rechazo que, declarativamente, defiende la Constitución como una “casa de todos” -un hogar inclusivo-, pero que debería o bien, ser rediseñada por unos pocos -¿expertos?, ¿congresistas?-, o bien, nos obliga a permanecer en una casa en ruinas, en la Constitución vigente, para restaurarla como proponen otros pocos -los republicanos. Pero más inconsistente aún resulta, a la sazón, que se rechace una propuesta que, por primera vez en Chile, incluye expresamente derechos de personas y grupos históricamente invisibilidados y vulnerados: pueblos originarios, mujeres, niños, personas en situación de discapacidad, neurodivergencias, diversidades y disidencias de sexo y género, etc.

¿No sorprende, además, que la “casa de todos” especulada por algunos del Rechazo como “buena”, “una que nos una”, más que defender un hogar que nos acoja en nuestras diferencias, confunde casa con parentesco, familiaridad y endogamia? ¿casa con casta? ¿casta casa de iguales? Poco habría ahí de “libertad”, de una pluralidad real, y que Hannah Arendt denominó el “sentido de la política”.

Hasta ahora, poco sabemos de esa “casa de todos” ofertada por el Rechazo; ¿seguirá vendiéndose humo? ¿continuará “casa de humo”? ¿o se volverá concreta, de hormigón o piedra? Poco lo augura. Porque los arquitectos del Rechazo en vez de edificar un techo común, se han dedicado a otra cosa: a levantar una “muralla de noticias falsas” -como señaló Claudio Fuentes. La metafórica arquitectónica del Rechazo derriba, en varios de sus sectores, justo lo que se supone que quiere cimentar: unidad. Porque construye amurallando, anulando la posibilidad simbólica y performativa que realmente sostiene una “casa de todos”: la posibilidad de que un pueblo apruebe una Carta Magna que, jamás es representación pictórica de la situación de facto de un país, sino más bien el acuerdo amplio de lo que quiere ser.

El Rechazo acierta cuando sostiene que Chile no es un Estado social, plurinacional, regional, ecológico, solidario, con democracia paritaria e inclusiva, como propone el artículo 1° de la propuesta Constitucional. Pero, si es cierto que, “(l)as sociedades son sociedades mientras imaginen con éxito que son sociedades”, como sentencia Peter Sloterdijk, entonces la gran pregunta del próximo 4 de septiembre es una y no otra: ¿nos imaginamos ser esa sociedad?

Si aprobamos, el texto inicia una acción; y construye con cada palabra, de a poco, una nueva realidad social. Si rechazamos, seguimos habitando en la prisión de la Constitución actual o, a lo sumo, vagaremos en una casa siniestra, llena de embrujos y mucho humo.

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