Columna de Paula Escobar: Segundo Catril

Fuerzas armadas en el marco del despliegue de militares a la región de la Araucanía tras entrar en vigencia estado de excepción, comuna de Talcahuano, Región del Biobío.
FOTO: OSCAR GUERRA / AGENCIAUNO



Una mañana de martes, un grupo de trabajadores mapuches va camino a su trabajo: recuperar la ribera de un lago plantando árboles nativos. Luego: las balas, el horror, la muerte. Segundo Catril Neculqueo (66) es la séptima persona que muere este año en la Macrozona Sur. El mismo martes, un grupo de 70 encapuchados atacó con armas de fuego una base de Carabineros que resguardaba un fundo en Quidico. El estado de excepción “intermedio” o “acotado”, recién decretado por este gobierno, evidenció así su insuficiencia a poco de ser implementado.

Esta es una encrucijada para el Presidente Boric en muchos planos, y tiene razón el senador Huenchumilla en que esto ya escaló hasta la oficina presidencial. Primero, por el aumento de la intensidad de la violencia. Son ataques y muertes que producen estupor y cada vez mayor frustración por lo cruentas y por la repetición. Se suceden gobiernos y autoridades que prometen y ensayan distintos caminos, pero que producen el mismo y nulo resultado.

En ese sentido, lo ocurrido el martes (también la visita de la ministra Siches a Temucuicui, las declaraciones de Héctor Llaitul) muestra la insuficiencia de la estrategia preeminente del diálogo de este gobierno, como también la del camino de aplicación de medidas “acotadas”. El subsecretario Manuel Monsalve, quien hasta ahora está exhibiendo un liderazgo sólido en la materia, desde Temuco afirmó que “aunque los estados de excepción no pueden evitar asesinatos, hasta ahora han demostrado que disminuyen los hechos de violencia”.

Es una encrucijada para el Presidente, porque este es uno de aquellos conflictos que funciona como espejo de las diferencias -y limitaciones- del sistema de “un gobierno, dos coaliciones” y que le impone decisión, y no solo las soluciones intermedias entre ambos conglomerados. Mientras desde el Socialismo Democrático no solo se respalda, sino que en algunos casos se pide directamente un estado de excepción propiamente tal, en las filas del PC y FA se oponen. Por eso se llegó a esta versión intermedia (estado de excepción “acotado”) y hoy, ante la eventualidad de prorrogarlo con ampliación de facultades para las FF.AA., no estarían disponibles.

Es el momento de actuar. Como dice el senador Lagos Weber: “El gobierno no puede limitarse a tuitear las crisis y hacer declaraciones sin derecho a preguntar”. Debe hacer respetar el Estado de Derecho, porque tiene las herramientas y tiene el deber de proteger y cuidar la vida de las personas. El punto es que eso implica superar un nudo político-identitario. Como dijo la vocera Camila Vallejo en enero de este año, “históricamente a la izquierda nos ha costado relevar la importancia de la agenda de seguridad”.

El problema es que hoy la violencia y la inseguridad en la calle es el problema uno de la agenda política, según revelan las encuestas, y especialmente lo sufren -de más está decirlo- los más vulnerables. Es el miedo a que una bala, un cuchillo, un portonazo, partan la vida de una persona y su familia en dos.

Ser Presidente es ejercer un liderazgo muchas veces solitario, que debe dejar fuera complejos o dudas para ponerse en los zapatos de las personas que se debe servir. El Presidente Boric ya ha mostrado ser capaz de hacerlo, pese al costo dentro de sus propias filas. Frente a esta encrucijada, debe decidir por el bien mayor, que va en el sentido de lo que dijo el diputado Vlado Mirosevic: “Llamaría al progresismo a no tener complejos en materia de seguridad”.

Y esto no implica dejar de lado la estrategia del diálogo. Problemas de esta envergadura no deberían plantearse binariamente, como dice Adam Kahane, experto en mediaciones de paz en Colombia y Sudáfrica, entre otros países. Debe perseguirse con fuerza el diálogo para enfrentar las deudas históricas del Estado de Chile con el pueblo mapuche. Pero, a la vez, con igual intensidad, ejercer el deber de proteger la vida de las personas, y ello implica el control del orden público y el imperio de la ley.

Porque la justicia de una causa nunca debe legitimar la perpetuación de la violencia, como explica la destacada intelectual feminista Judith Butler en su libro La fuerza de la no violencia. “No queremos imitar a quienes nos violentan. Si lo hacemos, entonces produciremos un mundo más violento… La violencia tiene una forma de fomentar más violencia, excediendo la intención de quien la crea. Así es que no debemos imaginar que es posible la “violencia controlada”, eso es una contradicción, un oxímoron”, aseguró a La Tercera en marzo de este año.

El cuidado es un valor que este gobierno ha puesto en el centro de su quehacer. Cuidar y proteger a la población en la Macrozona Sur, para que pueda vivir y no morir como Segundo Catril en este “martes negro”, evidentemente pasa porque el Presidente emplee todas las herramientas que le otorga la ley, sin complejos.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.