Dura derrota del kirchnerismo

Las primarias del domingo pasado en Argentina evidenciaron el creciente descontento de la ciudadanía con el rumbo que ha seguido el país.



Las del domingo pasado en Argentina eran solo unas primarias, no la elección definitiva. Pero las propias características de las PASO, que como su nombre lo indica son Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, las convierte en un verdadero ensayo general de lo que sucederá en los comicios legislativos del 14 de noviembre próximo. Las partes tienen dos meses para hacer ajustes, pero pocos creen que los resultados cambien significativamente, lo que abre un complicado escenario para el oficialismo argentino en la segunda mitad de su gobierno.

Lo que sucedió el domingo fue un verdadero “tsunami electoral” para el kirchnerismo, como lo describieron varios analistas transandinos, y uno cuya magnitud ninguna encuesta había previsto. A nivel nacional, el sector perdió por 9 puntos frente a la centroderecha de Juntos por el Cambio. Eso no solo confirma el creciente descontento de la ciudadanía con el rumbo que ha seguido el país, sino además adelanta un aumento de la tensión interna en el oficialismo entre los sectores afines al Presidente Alberto Fernández y los cercanos a la vicepresidenta Cristina Fernández.

La apuesta del oficialismo era ampliar su mayoría en noviembre tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, y no tener contrapesos para llevar adelante su agenda legislativa. El sector cuenta con 119 diputados y aspira a llegar a 127 de los 257 escaños totales. Y en la Cámara Alta su objetivo era ampliar la mayoría que tiene hoy. Sin embargo, los resultados del domingo parecen alejar esa posibilidad. El kirchnerismo perdió en 17 de las 23 provincias argentinas y en seis de las ocho que renuevan senadores. Y fue derrotado en Buenos Aires, que concentra el 40% del electorado.

“Algo habremos hecho mal”, dijo el Presidente trasandino tras conocer los resultados. Su desafío ahora es enmendar rumbo para intentar revertir el mal resultado del domingo el 14 de noviembre próximo. Pero los factores que explican el pobre desempeño del oficialismo son difíciles de corregir en tan poco tiempo. El país enfrenta una crisis económica que ha disparado la inflación anualizada a más del 50%, las cifras de pobreza han venido creciendo sostenidamente y el manejo de la pandemia ha estado en el centro de las críticas.

La popularidad de Alberto Fernández, que en los primeros meses de la emergencia sanitaria superó el 70%, hoy se ha desplomado al 35% ante una serie de escándalos y malos manejos en la gestión de la emergencia sanitaria. La tardanza en el arribo de vacunas ha sido uno de los puntos más criticados, pero además la difusión de imágenes de una fiesta en la residencia de Olivos en pleno periodo de cuarentena el año pasado tuvo un efecto devastador en la imagen del Mandatario. Todo ello explica el desplome del kirchnerismo y el descontento de la ciudadanía.

Pero al margen de lo anterior, las primarias del domingo dejaron claro que el mapa político argentino cambió profundamente en los últimos años y se ha consolidado un bloque opositor de centroderecha que la ciudadanía ve como una alternativa efectiva de gobierno y que tiene presencia en todo el país. El desafío de ese sector es ser capaz de administrar adecuadamente ese respaldo, sin caer en fraccionamientos internos, para ofrecer una alternativa efectiva de gobernabilidad ya no el 14 de noviembre próximo, sino en los comicios presidenciales de 2023.

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